EL CAPITÁN ELEFANTE · “Nos daba vértigo y pereza el mamoneo musical”

 

RaulMartinez

Raúl Martínez Calleja

La música de El Capitán Elefante transita por un periodo de maduración que repele cualquier tipo de modas y etiquetas. Promedian los cuarenta y pico y arrastran orgullosos el sambenito de músicos inadaptados: demasiados duros para el público indie; demasiado blandos para el rockero.

Es el peaje que siguen pagando los hermanos Marcos de Barakaldo tras disolver Arde Asia, banda que les entreabrió las puertas del bussines. La nueva marca musical, auspiciada por la factoría Gaua, les motiva lo suficiente como para emprender una gira nacional de conciertos presentando su nuevo EP “Agoraphobia” (2015). El sábado estarán actuando junto a los aragoneses Fominder en la sala Xurrut de Gorliz (21:30 horas). Su cantante y guitarra Javier Marcos capitanea la batería de preguntas.

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El Capitán Elefante actúa el sábado en el Xurrut de Gorliz. · PHOTO · Ander Canales

¿Hay demasiados capitanes y pocos soldados en la música actual?

En general sí, para qué nos vamos a engañar. Hay mucho síndrome de Eróstrato entre los músicos. Esto siempre ha sido así. Se habla de falta de ética en la política pero la de músico es la profesión en la que más hijos de perra hay por metro cuadrado.

En este caso es solo el nombre, puro marketing…

Nuestra historia es la de la mayoría, afortunadamente; currar, currar y arrastrarnos por el barro. Crecimos rodeados de instrumentos. Los inicios los pasamos en un local de ensayo infecto y grabamos maquetas en cassette que sonaban a rayos (risas). Nos llegó la oportunidad de entrar en un sello y grabar algunos discos a gastos pagados. Luego las giras, la promoción, kilómetros y kilómetros para tocar en pueblos a tomar por saco. También hemos vivido épocas peores en las que llegamos a pintarle la casa y el estudio de grabación al productor para pagarle el disco. Siempre con nada de dinero y muchas noches sin dormir teniendo que ir al currelo tras muchas horas de grabación. A veces echamos la vista atrás y alucinamos de lo zumbaos que estábamos.

La mitad de El Capitán Elefante se dedica profesionalmente al volante. ¿Se sienten igual de libres camino de un concierto que haciendo un reparto?

Hombre, es muy diferente. Cuando vas en ruta con cargado de instrumentos es una sensación plena porque realmente es a lo que nos gustaría dedicarnos. La libertad te la da el poder dedicarte a lo que te gusta. Pero por desgracia lo otro tenemos que seguir haciéndolo… La gasolina y los instrumentos están por las nubes (risas).

¿Qué les movió a los hermanos Marcos a cerrar la etapa de Arde Asia?

Bueno, la idea fue de los cuatro. Primero se propusimos a la antigua discográfica y no les pareció una buena idea empezar de cero echando por tierra todo el trabajo anterior. Al cambiar de discográfica y de oficina pensamos que era el momento de resetearnos y lo hicimos.

Hubo un momento en el que parecía que el proyecto iba a explotar.

Sí, en los dos mil compartimos escenario con grupos como Loquillo, Kiko Veneno, Los Delinqüentes, Los Enemigos, Burning, El Gran Wyoming y los cachés que se pagaron no eran malos. Hubo conversaciones con discográficas muy potentes y marcas de refresco (silencio)… pero estábamos a otra cosa. Solo queríamos tocar y pasárnoslo bien, no estábamos al negocio. Nos daba vértigo y pereza el mamoneo musical en el que los músicos somos el último mono. Tampoco supimos negociar nada, en el fondo siempre hemos sido un poco punks… y bastante imbéciles (risas).

Vamos, que no se fiaban demasiado…

Tampoco es eso. Era una cuestión de principios. Nos hemos topado con mucha gente que solo pretendía sacar y sacar dinero y gente que también se preocupa por las personas. Hay de todo. Aunque en general cada vez que te metes más en el negocio, te encuentras más solo.

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El Capitán Elefante. · PHOTO · Ander Canales

Hablemos del disco. En “Agoraphobia” abrazan el indie bailongo pero dejan una puerta abierta al lado más oscuro. ¿Cuál de ellos pesa más?

El lado oscuro siempre nos ha parecido el más interesante. Lo que intentamos siempre es transmitir una idea, una experiencia que por lo general no luminosa. Eso sí, les imprimimos ritmos energéticos e implacables y eso hace que los temas sean más bailongos y cañeros.

¿Buscaban más concreción estilística que les abriera los escenarios estatales?

Para nada, las canciones vienen como vienen. La nueva dirección del grupo no ha sido premeditada. El único requisito es que nos convenza a los cuatro. En este sentido decidimos ir al grano y quitamos la sección de vientos y teclados aunque seguimos tirando de algunas secuencias tanto en disco como el directo.

Desde la edición de “Nuevas Coordenadas” en 2012 sólo han publicado estas cuatro canciones nuevas ¿Tan poco apego le tienen al estudio de grabación?

Nuestro  hábitat es el escenario. Es donde más rápido llegas a la gente  y tienes una respuesta inmediata. La contundencia, la sensación de ver a tu público que se mueve y canta lo que estas tocando no tiene comparación. En el estudio tratamos que la descarga energética sea parecida pero inevitablemente es menos natural. Por otro lado creemos que la situación actual de la industria obliga a los artistas pequeños a dosificarse más. Este verano toca encerrarse en el estudio y en otoño verá la luz el segundo elepé con un buen puñado de canciones.

Han visitado recientemente Santander, Oviedo, Zaragoza, Burgos, Salamanca y pasarán por A Coruña, Vigo, Madrid o Bacerlona ¿Arriesgar implica salir de tu zona de confort?

Desde luego que sí. Nuestra aspiración es llevar nuestra música lo más lejos posible. La aceptación de  Agoraphobia está siendo bastante buena allá donde vamos e incluso nos han llegado noticias de que el videoclip lo están pasando por un canal musical mexicano y suena en alguna radio de allí. Pequeños grandes pasos que diría aquel.

 ¿Cómo se vence el miedo ante una posible sala vacía?

No pensando demasiado ello (risas). Hay que tocar igual para mil que para veinticinco. Hay que hacer una buena planificación y promoción pero aún así, a veces es cuestión de suerte. El fútbol, la hora, la oferta musical de ese día. La gente se traga lo que le dice la tele, buff… Puedes tocar un lunes y tener la sala llena y al fin de semana siguiente, tocar para quince personas. Eso nos ha pasado a todos los grupos. Lo tenemos asimilado.

¿Las redes sociales magnifican los triunfos y ocultan los fracasos?

No, eso lo hacen los community managers (risas). ¿Para qué vas a contar las cosa malas? Eso solo le puede interesar a los enfermos y a los que no te quieren bien. Quien conozca un poco este mundo sabe que a todo cristo le ha tocado comer mierda y ha visto cemento en las salas. Forma parte del proceso y hay que tenerlo siempre muy presente. No olvidar de dónde vienes te ayuda a mantenerte donde estás.

Las letras podrían pasar por microguiones del cine costumbrista europeo.

Sí. Tratamos de contar historias cotidianas desde un punto de vista bastante peculiar. Lo que te pasa un día cualquiera en casa, en tu barrio, pero pasándolo por un filtro poético. También son un poco ambiguas, se trata de que cada uno las interprete a su manera. Luego la gente nos cuenta lo que le parece y te sorprende por que rara vez dos personas las interpretan igual.

¿La propuesta cinematográfica de Luis Vil en “Agoraphobia”es mera casualidad?

Josean, nuestro batería, ha trabajado en algunos de sus proyectos musicales y en algunos de sus trabajos cinematográficos. Es casi de la familia. Cuando decidimos que queríamos amos hacer el videoclip de Agoraphobia, todos coincidimos en que él era la persona ideal para crear la atmósfera asfixiante y oscura que veis y buscábamos.

La de Virginia Berasategui es una interpretación muy valiente pero arriesgada para ambos…

Cuando se lo propusimos éramos conscientes de que la historia de su vida tenía varios rasgos en común con la letra de Agoraphobia. Al fin y al cabo todos tenemos miedos y demonios contra los que luchar y unas veces ganamos y otras no. Desde luego que se iba a ver expuesta, es una persona muy popular y seguro que en una historia como la que contamos la letra llamar la atención, pero también le ha venido bien como una especie de purga interior y para mostrar a la Virginia humana, más allá de la que estábamos acostumbrados a ver.

Les han colgado la etiqueta de indies pero vuestra música continúa endureciéndose.

Nuestras canciones fluctúan en función de nuestro estado de ánimo. Las canciones nuevas son un poco reflejo del momento en el que nos encontramos. Y las que vienen serán también cañeras, bailables… ¡y oscuras! (risas). Energía es el término que las caracteriza. ¡Solo queremos que no podáis dejar de bailarlas!

¿Sobran modas y falta autenticidad en la música?

No, no lo creemos. Las modas son inevitables y no necesariamente negativas. Lo que más trasciende en la radio y en los medios es la frivolidad y el postureo. La autenticidad hay que buscarla por otros canales, pero sin caer en el talibanismo respecto a lo que es auténtico y lo que no. El Capitán Elefante siempre ha sido un grupo ecléctico y eso ha hecho que  los rockeros nos viesen como poperos excesivamente melódicos y los poperos como demasiado cañeros. Al fin y al cabo, nosotros siempre hemos sido nosotros mismos.

¿Tendrían valor de representar a todo un país en Eurovisión?

Siempre hemos hecho lo que nos ha salido de… las narices (risas), sin pensar si la gente iba a pensar que no seguías las pautas que se esperaban del grupo o no eras lo bastante auténtico. Ahora bien, creemos que Eurovisión es últimamente sinónimo de caspa y de frikis. No es una cuestión de valentía, más bien de buen gusto.

 ¿Ha llegado el corporativismo a los festivales españoles?

Sí, desde hace tiempo. Como todo en la vida donde se mueve mucho dinero. Al final, otra vez, el músico es el último de la cadena.  Una pieza más, la más necesaria y utilizada.  O estas dentro o no estás. Lo alternativo está de moda, es decir, ha pasado a ser mainstream ¡una contradicción en sí mismo!

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