VIAJAR CON GAIZKA ERZILURRUTI · Hong Kong, termiteros humanos en la ciudad foodie

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Gaizka Erzilurruti

La primera referencia que tenía de Hong Kong y seguramente la tiene la mayoría de la gente de mi generacion, es que toda cosa fabricada en el extranjero tenía la leyenda Made in Hong Kong. Desde los cochecitos de juguete hasta los cachivaches electrónicos. Es más, si no tenía la citada leyenda era una full.

Contando esto, me viene al recuerdo la advertencia que nos lanzó el padre de uno de la cuadrilla, que por ciertas razones que no voy a contar aquí, nos amenazó con “¡A Hong Kong os mandaba yo a montar transistores!” Y es que mucho han cambiado las cosas desde entonces en la antigua colonia británica. De ser centro mundial de la manufactura a uno de los focos financieros del mundo y el segundo en volumen de operaciones bursátiles a nivel asiático… Esto es la China “comunista”, amigos.

Nada más salir del aeropuerto de Hong Kong -el nuevo, claro; el viejo estaba rodeado de edificios y los aterrizajes eran autenticas maniobras suicidas-, te encuentras con un paisaje de montes verdes y mar. Eso sí, estos montes están rodeados de rascacielos y el mar lleno de dragas. Los primeros auténticos termiteros humanos, y los segundos máquinas que comen terreno al mar.

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En Hong Kong el sitio no sobra, todo a lo alto. Intenté realizar un calculo aproximado de la gente que viviría en cada uno de estos bloques… Buff, dejé la operación de lado al recordar que había quedado para comer con Yang, arquitecto taiwanés afincado en Hong Kong y su mujer Diana. ¡Ya me sacarían ellos de dudas!

Yang vive ahora en un village con Diana y sus dos hijas, pero hasta hace poco lo hacían en una de estas moles, en el piso 38 de 40. Hicimos un calculo aproximado: cuatro portales por bloque por cuatro manos por portal, por 40 pisos,  por 4 personas por piso (por poner la media familiar hongkonesa), daba un total de 2.560 personas, palmo arriba, palmo abajo (palmo = 500 personas).

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Imagínate estas dos situaciones: una la reunión de vecinos. ¿Qué hacen? ¿Alquilan el polideportivo? Y dos, vives en un 37, sales de casa a trabajar y al entrar en el metro te das cuenta de que te has dejado el móvil en casa, por no subir… te compras uno nuevo.

· Meca foodie · Hong Kong… nueva meca foodie, el reino del dim sum, masa fina de arroz rellena de cualquier cosa, pero sobre todo de cerdo, gambas y verduras cocidas al vapor en vaporeras de bambú que se pasean con un carrito por el restaurante y uno se va sirviendo según preferencia culinaria.

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Y un sinfín de platos, cantoneses, sobre todo, sopa wonton, pato laqueado, noodles,… y snake soup. Sí, snake soup, sopa de serpiente, existe y se puede comer. Es parecida a una sopa de pollo, con su carnecita, su saborcito, con una textura espesita, casi gelatinosa… Me la sirvieron con una cerveza Blue Girl (remembering Los Suaves): muy sabrosa, ganó enteros cuando la propietaria del local me invitó a añadirle unos tropezones y unas hierbas que ella llamaba “litu-litu” (más tarde, adiviné que era el tallo verde de lemon-grass).

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Todo correcto, no dirías que estas tomándote una sopa de serpiente hasta que surge lo inevitable. En un momento dado tu lengua descubre algunos elementos no digeribles de manera voluntaria por tu traquea. Sí, es lo que estas pensando, 5 espinitas curvas que anteriormente formaban parte de la estructura osea del reptil. Las retiré de mi paladar, las dejé en el borde del tazón y me terminé mi deliciosa sopa invernal honkonesa.

Hong Kong bien merece una escala.

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Gaizka Erzilurruti con un cartel de Mugalarik ez dauka mugarik en Hong Kong.

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