“Había peleas entre ellos y, lo peor, veíamos malos tratos a mujeres”

Mugalari

“Lo estoy viendo y no me lo creo”, pensaba en alto un vecino de Aramotz mientras las excavadoras demolían una zona de chabolas que diferentes familias habían erigido ocultas entre árboles. En tres horas, quedaba a la vista de la ciudadanía a la altura del puente de la circunvalación de Durango, una montaña de maderas, hierros, colchones… que serán llevados a Abadiño donde se procederá a la gestión de los diferentes tipos de residuos.

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Tres desalojados a la izquierda de la imagen siguen las obras de derribo. PHOTOS · Mugalari

El desalojo ha dado comienzo a las 07.30 horas con presencia de Ertzaintza, Policía Municipal “y un juez”, agregan vecinos. El grupo de personas desalojadas ha permanecido en los primeros momentos viendo cómo actuaban las autoridades y, a continuación, unos se han montado en un vehículos con bombonas de butano y han marchado del lugar, y otros se han situado junto a sus pertenencias en un lugar de las cercanías. A las 11.00 horas, los hombres han acudido a ver cómo había quedado la zona que ocupaban.

Fuentes municipales han explicado que en diferentes ocasiones los servicios sociales de Durango se han acercado a estas personas a aportarles información y “no quieren saber nada. Ellos querían seguir como estaban”, valoran.

El vecindario seguía hoy el desalojo. Un hombre, en un balcón, mantenía su vista puesta en el derribo a través de los prismáticos. Residentes como el iban haciendo memoria a los medios de comunicación personados en el lugar. Uno aseguraba que en 2012 ya fue a denunciar la acampada de estas personas en el barrio. “Se pusieron allí donde cuando éramos chavales montamos dos chozas para jugar. Poco a poco fueron llegando más y más. Sin agua potable, sin higiene… Y lo han ido haciendo estos últimos días a pesar de que los municipales ya han pasado hace unos días a notificar a los ocupantes el derribo”, valoran.

En Aramotz lamentan las escenas que según explican se vivía en las chabolas. “Hemos llamado en diferentes ocasiones a la Policía Municipal por peleas entre ellos y, lo peor, malos tratos a mujeres. Ahí han crecido niños de mujeres embarazadas…”, detallaba un vecino que va más allá: “A diario traían electrodomésticos o lo que fuera y lo dejaban aquí fuera. Nuestro barrio se convertía en una pequeña escombrera”.

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Algunos de los desalojados en el parque de Errotaritxuena.

A juicio de los residentes, el Ayuntamiento miró a otro lado. “Somos el último barrio del pueblo para el Ayuntamiento. Somos los olvidados. Durango acaba para ellos en la rotonda de Herria”, valora una familia desde el interior de su coche mientras camiones echan gravilla para poder trasladar la montaña demolida.

Otros vecinos recuerdan las diferentes actividades de limpieza y rehabilitación de la importante zona verde del barrio que han hecho a través de llamadas de auzolan, de trabajo en grupo altruista y sin apoyo municipal, aunque sí fueron diferentes los concejales de partidos de la oposición que se sumaron en ocasiones a la ayuda. “Se han hecho cinco auzolan grandes. En uno hubo más de 50 personas y fue una pasada. Ahí conseguimos quitar los arbustos pegados a la variante a donde iban a hacer sus necesidades. ¡Una guarrada!”.

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Los desalojados aseguran que acamparán donde sea. “Nos han dicho que estos días han estado mirando la zona de Baqué… pero no sabemos fijo si irán hacia allí. Hoy, en un Zafira se han ido algunos”, explican los vecinos que no llegaban a concretar cuántas personas vivían en las chabolas. “No eran pocos si te fijas que ahí se han sacado 17 bombonas de butano y se han llevado en el coche otras tres”.

En palabras de los residentes, estas personas se dedican a pedir en Durango, junto a entidades bancarias y supermercados. “Salían de aquí a las ocho de la mañana, iban a sus puestos, volvían a comer sobre las dos y media y a las cuatro volvían a pedir, hasta las ocho que regresaban. Pedían dinero, pero tenían, al menos un coche, bicicletas eléctricas… Eso sí, hay que querer vivir así: con frío, lluvia, con niños… Una pena”.

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