Reflexiones sobre el derribo de la antigua estación de tren de Durango (y otras cuestiones que no debemos olvidar)

Ritxi Blanco

Ritxi Blanco

· Ritxi Blanco (Durango, 1992) es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos; investigador y docente en el Área de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Cantabria

En el pleno del pasado martes 18 de julio se debatió y aprobó el derribo de la antigua Estación de Tren de Durango por valor de 1,19 millones de euros, una cantidad suficientemente elevada como para llamar la atención de los vecinos y vecinas de la villa. El derribo salió adelante con los votos a favor de PNV, PSOE y PP y votos en contra de EH Bildu y Herriaren Eskubidea, que defendían, sin embargo, la necesidad de calificarlo como edificio histórico para mantenerlo y darle un uso alternativo. En el lado contrario, según medios de comunicación locales, el derribo fomentará la construcción de nuevas viviendas, una iglesia y un vial entre las calles Herriko Gudarien y Sasikoa (“por compromiso con la Agenda-21 local”).

Es obvio que nos encontramos frente a una situación compleja que no cuenta con una única respuesta. Por ello, en este artículo, he intentado plantear un análisis objetivo del problema, fuera del marco partidista que ciega y confunde la opinión de la ciudadanía, aportando información técnica y rigurosa para la persona lectora, con referencias continuas a diferentes textos con el objeto de posibilitar la consulta a quien lo desee.

Estacion Durango TREN iban

· Marco general ·

Primeramente, toda problemática debe analizarse dentro del contexto histórico en el que se encuentra inmersa. Es un gran error rehuir del marco temporal de cada acción, ya que resulta obvio que tergiversaría el análisis veraz y conduciría a conclusiones erróneas. En este sentido, todo planteamiento urbanístico (o de cualquier otro ámbito) contemporáneo debe enmarcarse y entenderse dentro de la profunda crisis social y ecológica que sufre el planeta.

A pesar de la opinión negacionista, el cambio climático es un hecho, y además está causado por el ser humano. En esto último hay consenso científico global y así lo muestra cada año el grupo de expertos que forman el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) [1][2].

La sociedad industrial está colapsando debido a su actitud antropocéntrica, tecnocéntrista, consumista y extractiva de base: Esa creencia falsa de que todos los recursos que sustentan al ser humano (petróleo, comida, agua, etc.) son ilimitados y que es posible el crecimiento infinito de la economía reduciendo el consumo energético y sus impactos [3].

La única fuente de energía capaz de mantener el crecimiento capitalista, los combustibles fósiles, se está agotando, y en vez de poner en cuestión el modelo productivo, la (súper)industrialización conduce a explorar fondos marinos ultra-profundos, a derretir los hielos del ártico y a reventar el subsuelo mediante fracking.

Resulta, por tanto, lógico afirmar que la crisis ecológica deriva del modelo político y social imperante y sus consecuencias son sobradamente conocidas:

  • Por una parte, tres de los nueve límites ecológicos identificados por los expertos han sido sobrepasados: los niveles de saturación de CO2, la reducción de la biodiversidad y la interferencia humana en el ciclo del nitrógeno de los suelos. El resto (acidificación de los océanos, vertido anual de fósforo al mar, concentración de ozono estratosférico, disponibilidad de agua dulce, proporción de tierras de cultivo y contaminación química) se acercan rápidamente al umbral de sostenibilidad. Estos nueve límites son interdependientes, lo que supone que el agravamiento en uno de ellos afecta a la salud del resto [4].

 

  • Por otra parte, se está produciendo el desplazamiento forzado de poblaciones por la destrucción de sus hábitats, ya sea como consecuencia del cambio climático o producto del extractivismo, o una combinación de ambas dinámicas, que ya han obligado a dejar sus hogares a millones de personas. Ya hay más de 64 millones de personas desplazadas debido al cambio climático, la mayoría procedente de países empobrecidos cada vez más afectados por los desastres naturales. La cifra podría aumentar hasta los 1.000 millones, según Naciones Unidas, mientras más de 15 millones que se ven obligadas cada año a abandonar sus hogares para hacer sitio a las infraestructuras del “desarrollo económico” [4][5].

 

· Derribo de la antigua estación de tren de Durango · 

En este punto, cabe preguntarse qué relación guarda el derribo de la antigua estación de tren de Durango con todo lo anterior.

A este respecto, es ineludible mencionar que una de las batallas más importantes contra el cambio climático y la crisis ecológica mundial debe librarse en los centros urbanos. Muestra de ello son los siguientes datos:

  • Los sistemas urbanos constituyen los asentamientos centrales de la humanidad y concentran hoy el 50% de la población y el 80% del potencial económico medido en términos de PIB [6].

 

  • Operan como espacios de acumulación directa de capital, principalmente en torno al sector inmobiliario, pero también a otras infraestructuras/servicios urbanos, así como con relación a los procesos de producción y el consumo de masas [6].

 

  • Constituyen los principales centros del metabolismo humano global (energía, materiales, alimentos, agua, residuos, etc.) pues, aunque las ciudades solo ocupan el 1%-2% de la superficie terrestre, consumen el 70% de la energía, generan el 80% de los GEI, extienden sus huellas ecológicas por todo el planeta y actúan como uno de los principales generadores de impacto local/global [6].

 

  • Ofrecen una gran vulnerabilidad (poco resilientes) ante los cambios globales ya que fallos en alguno de sus factores metabólicos pueden producir crisis sistémicas en los sistemas urbanos [6].

Fernando Prats, urbanista y asesor del CCEIM de la Fundación General Universidad Complutense de Madrid para el programa Cambio Global España 2020/50 sostiene que “el nuevo <<paradigma urbano>> podría cifrarse como una visión integrada de la ciudad, de sus contenidos sociales, ambientales y económicos, donde la satisfacción de las necesidades urbanas se realice de forma compatible con la reducción del impacto energético y ambiental, mediante la contención del crecimiento indiscriminado, el reciclado y revalorización de la ciudad existente, el fuerte crecimiento de la ecoeficiencia urbana, la multiplicación de las lógicas y sistemas renovables y el aumento de las resiliencias locales” [6].

En este contexto de crisis civilizatoria global, debemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Es necesario gastarse 1,19 millones de euros en derribar un edificio ya construido? ¿Sería posible la reutilización del mismo atendiendo a criterios de reciclado y revalorización de la ciudad existente?

Frente a esto, sirve de gran ayuda fijarse en ejemplos de ciudades europeas que se hayan encontrado en situaciones similares. Así, casos de barrios en Burdeos, Berlín, Hannover, Estocolmo o Nueva York cuentan con muestras de revalorización y reconversión del patrimonio industrial en sistemas sostenibles y adaptados a las necesidades actuales: Son viveros de cooperativas, se alimentan con energías renovables o muestran prácticas de producción ecológica y sostenible.

Además, hablando desde un lenguaje más técnico e ingenieril, el derribo de la vieja estación atenta claramente contra las Buenas Prácticas Ambientales (BPAs) en la construcción que vienen defendiéndose internacionalmente en los últimos años. No hacer caso a estas indicaciones supondría seguir encasillados en un modelo de construcción obsoleto y retrogrado que no se ajusta a las necesidades de la sociedad moderna [7]. Entre ellas cabe destacar:

  • Análisis de Ciclo de Vida y Economía Circular. Según lo establecido en la Comisión Europea del 02/12/2015 [8], debe hacerse efectiva la transición hacia una Economía Circular, es decir, debe minimizarse la generación de residuos o reutilizarlos como materia prima para le generación de nuevos bienes. El derribo de la estación no solo generaría residuos de construcción que terminarían en un vertedero, si no que imposibilita reutilizar la construcción existente, además de necesitar nuevos materiales para un nuevo levantamiento.

  Esto último fomenta la visión generalizada de contabilizar los residuos como basura y no como materia prima, la creencia de que hay que echar por tierra todo lo construido y la convicción de que no se puede reciclar. Todo ello, y al contrario de lo que se pretende, apoya a instaurar una Economía Lineal, favoreciendo el pensamiento de que los recursos son ilimitados.

 

  • Huella de Carbono. El derribo y posterior construcción de las viviendas previstas provocaría más emisiones que la renovación del edificio existente. Además, la urbanización de la zona supone una explotación inadecuada del solar y un aumento de la huella de carbono: El suelo es un agente regulador dentro del ciclo del carbono, con un papel fundamental en el equilibrio de los niveles de CO2 presentes en la atmósfera.

  La degradación sistemática que sufre, debido a la explotación inadecuada (urbanización, agricultura industrial, etc.) genera procesos contaminantes directamente responsables de en torno al 20% de la polución total por CO2, el 60% por metano y hasta el 80% de óxido nitroso (todos ellos gases de efecto invernadero) según datos del IPCC [9].

 

Un espacio verde y ecológico favorecería la conversión de Durango en una villa contra el cambio climático.

 

  • Responsabilidad Social Corporativa. Necesidad de compensación de todos los daños sociales, económicos o naturales provocados.

 

¿Es calculable el daño social y ecológico que se comete al no fomentar nuevos modelos de urbanismo sostenible? ¿Es moralmente admisible hacer caso omiso a los retos que se plantean en el siglo XXI?

 

· Conclusiones ·

Es obvio que el derribo de la antigua estación de tren, por su carácter local y su envergadura, no supone un gran impacto en la crisis global en la que se encuentra la humanidad. Sin embargo, sí pone de manifiesto la nula predisposición imperante en la política contemporánea para afrontar problemas vitales, actuales y desgraciadamente reales.

Por el contrario, rehabilitar la estación, utilizar el dinero del derribo para acondicionar la zona adyacente y convertirla en un espacio verde, sostenible y moderno supone un ejemplo de renovación y un punto de partida para la conversión de Durango en una villa completamente instaurada en el siglo XXI. Supone un ejemplo de comportamiento ético y moral para demostrar a la ciudadanía cual es el camino a seguir si se quiere afrontar de frente y con garantías el colapso ecológico y social en el que se encuentra inmersa. Ayudaría a cimentar una visión ecocéntrica y energéticamente endosomática poniendo de manifiesto el rechazo al antropocentrismo más salvaje.

Por último, puede resultar frívolo pensar que, a cambio del derribo se construirán nuevas viviendas en la zona cuando según la plataforma Zabalduko Ditugu [10] existen, como mínimo, 1576 viviendas vacías en la villa. Por otra parte, el vial a construir podría incluirse fácilmente en el hipotético nuevo entorno verde de la zona.

Por todo ello, aparentemente, parece que lo que se aprobó en el pleno corresponde a un modelo urbanístico, ecológico y social obsoleto, que no tiene en cuenta ni las necesidades globales ni locales y que no hace más que deteriorar la resiliencia de la villa frente a los retos de este siglo crucial.

Referencias

[1] Intergovernmental Panel on Climate Change http://www.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.shtml

[2] Fernández L.; Cardoso, A.; Marcellesi, F. (2017) Editorial. Revista Ecología Política (53): Antropoceno.  http://www.ecologiapolitica.info/?p=9696

[3] Crespo, B.; Luque, P. (2017) Cinco mitos y otras creencias que nos llevan directos al colapso. El País. https://elpais.com/elpais/2017/07/17/alterconsumismo/1500277232_148001.html

[4] del Viso, N. (2017) Cambio climático y desplazamiento forzado. Fuhem Ecosocial (183). http://www.fuhem.es/ecosocial/articulos.aspx?v=10243&n=0

[5] Bautista, J. (2017) Refugiados climáticos: Hablan las víctimas del calentamiento global. La Marea. http://www.lamarea.com/2017/06/24/refugiados-climaticos/

[6] Prats, F. (2014) Ciudades y ciudadanía ante la crisis ecológica y el cambio de época: Reflexiones sobre el caso de España. Revista Ecología Política (47): Ciudades. http://www.ecologiapolitica.info/novaweb2/?p=1556

[7] Rodríguez, F.; Fernández, G. (2010) Ingeniería sostenible: Nuevos objetivos en los proyectos de construcción. Revista Ingeniería de la Construcción (25). http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-50732010000200001

[8] European Comission (Press Release Data Base). http://europa.eu/rapid/press-release_IP-15-6203_es.htm

[9] Hernandez, C. (2017) El suelo: El gran desconocido del cambio climático. Revista CTXT. http://ctxt.es/es/20170705/Firmas/13768/clima-cambio-climatico-suelo-contaminacion.htm

[10] Zabalduko Ditugu. https://www.facebook.com/profile.php?id=100008445693153

 

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