Jabi y Mikel Artaraz, padre e hijo ganan el décimo campeonato de pala de Amorebieta-Etxano

Mugalari

Padre e hijo Artaraz son unos txapeldunes del mundo de la pala. Jabi, delantero, y Mikel, zaguero, acaban de proclamarse campeones de la décima edición del Pala Txapelketa de Amorebieta-Etxano en segunda categoría contra dos pelotaris de Zierbena. Uno de ellos, Diego, con Mikel Artaraz Basaguren fueron campeones del GRAVNI sub-22 hace tres años. Por tanto, ahora han sido contrarios y muy amigos.

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Jabi y Mikel Artaraz en 2014 en Galdakao.

Quienes bien les conocen auguran que en estos próximos años van a ser el futuro de la paleta a goma a nivel de provincia y de GRAVNI si siguen progresando como evolucionan. Mientras tanto, Jabi asegura que se retira de los campeonatos con una txapela ganada con su hijo, en casa, en Amorebieta-Etxano, y con el frontón repleto de gente.

Lo narra Jabi: “Después de muchos años de jugar y después de que rompiera la muñeca el 1 de noviembre de 2016 y haber estado cinco semanas con escayola y 7 meses sin jugar a pala, fu mi hijo quien me animó a que jugara con él este campeonato”, explica a Mugalari y va más allá: “He estado entrenando durante 40 días levantándome temprano y yendo al frontón que tenemos delante de casa a entrenar y poner en marcha este brazo izquierdo que se ha puesto más o menos para jugar el campeonato”.

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El primer partido que jugaron en el torneo perdieron por 25 a 22 contra dos jóvenes de Larrabetzu (Erlantz y Antxon). “Allí me di cuenta de que si quería triunfar en este campeonato debía de entrenar a conciencia. Y así ha sido. Fue un día feliz el lunes con el triunfo”, enfatiza Jabi, quien se ha emocionado aún más con la frase que su hijo, el otro txapeldun, le ha escrito en Facebook:  “Zorionak txapeldun. En el fronton como pareja el mejor, pero como padre aún mejor”, le dedicaba. “Lo que me ha escrito me ha tocado muy dentro porque es lo más bello que un padre puede recibir. Jugar campeonatos con mi hijo es una de las experiencias más bonitas que he vivido en mi vida. Es dar casi el doble de tus fuerzas para que no le ataquen a él y que no le saquen defectos los contrarios y estar centrado encima en tu propia labor en la cancha.”, concluye el padre.

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