Agur a Julen Kaltzada, excura en Iurreta, expresidente de AEK e hijo de un edil de Busturia fusilado

Iban Gorriti

· El vizcaino dejó de ser sacerdote cuando salió de la cárcel de Zamora 

Una parte de Euskal Herria queda huérfana con la muerte ayer de Julen Kaltzada. El histórico vizcaino sumaba 82 delicados años. El pasado viernes 3 de noviembre presentó su nuevo libro en una sociedad gastronómica de Iurreta. ‘Umezurtzen Aberria’ ha sido publicado por la editorial Txalaparta tras hacerse un mecenazgo social -sus amigos adelantaron un dinero-, sobre todo, en la anteiglesia vizcaina citada -donde fue cura- y en su localidad de origen.

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Julen Kaltzada firmando libros de Umezurtzen Aberria el pasado día 3 en Iurreta. · PHOTO · Iñaki Izagirre

Julen Kaltzada Ugarte fue sacerdote, literato,  docente, e hijo de Doroteo, concejal del PNV en la Segunda República del Ayuntamiento de Busturia fusilado por los franquistas. El euskalzale nació en Busturia el 18 de julio de 1935. Ordenado en 1958, trabajó en Herri Gaztedi. Siendo coadjutor en Igorre en 1960 firmó el manifiesto de los sacerdotes antifranquistas y participó en la huelga de hambre de sacerdotes antifranquistas de mayo de 1969, razón por la que fue detenido y sometido a un consejo de guerra en el que fue condenado a doce años de cárcel.

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Doroteo Kaltzada Ispizua.

Más adelante, fue procesado nuevamente acusado de auxiliar a militantes de ETA. Fue condenado a otros doce años en el célebre Juicio de Burgos de 1970 pasando a la cárcel concordataria de Zamora donde participó en las protestas de otros religiosos. Recuperó la libertad en 1976.

Tras la muerte del dictador totalitarista español Franco se dedicó a la labor de alfabetización euskaldun de adultos y llegó a presidir AEK. “En un primer momento la de Bizkaia y más adelante la de Euskal Herria”, como él mismo explicaba. Colaboró primero en radio y más adelante en medios escritos como Anaitasuna, Argia y Egin.

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Julen Kaltzada en su caserío de Busturia. · PHOTO · Iban Gorriti

Julen Kaltzada fue hijo de Doroteo Kaltzada Ispizua, edil del PNV en la Segunda República del Ayuntamiento de Busturia. Tenía 39 años. Los golpistas sublevados le fusilaron en el cementerio de Derio junto a cinco vecinos más el 5 de agosto de 1937 a las cinco horas de aquel alba.

Dos hijos de Doroteo Kaltzada Ispizua testificaron hace tres años, por separado, ante una jueza de Gernika-Lumo y ante su colega María Servini de Cubría, magistrada argentina que visitó el Estado porque instruye la causa 4591/10 por crímenes del franquismo.

· Testimonio · El testimonio es el del finado Julen y su hermana Elisa. “Todo esto me está removiendo por dentro muchas cosas. Son muchos recuerdos”, se le empañaban los ojos entonces a Elisa que tenía de 84 años. Su hermano Julen aportó a Servini su testimonio de cuando era cura, uno de los cinco que por presunta “rebelión militar” fueron parte del Proceso de Burgos, como también Xabier Amuriza, Alberto Gabika, Jesús Naberan y Nicolás Telleria. “Al salir de la cárcel dejé de ser cura”, subrayaba el busturiarra.

Julen relató lo sufrido por su padre y sus vecinos de Busturia y su apoyo a movimientos antifranquistas, así como sus doce años de cárcel. Narró cómo fue juzgado en el Proceso de Burgos en 1970, así como su paso por la cárcel concordataria de Zamora, la que se estima que pudo ser la única habilitada para acoger a curas y frailes. Aconteció entre 1968 y 1976.

Tanto la familia de su padre y madre, como la del resto de condenados a pena de muerte trataron de evitar los fusilamientos pidiendo que amistades afines al bando fascista  intercedieran por ellos. “Ninguno lo hizo”, valoró Julen. El encuentro con María Servini de Cubría fue fugaz. “La jueza argentina no dijo ni mu al dar el testimonio. Yo le di un beso, pero no hubo relación”, relataba Elisa, del caserío Etxebarriatze.

· Servini, valiente · Tanto ella como su hermano Julen se quedaron “con las ganas de decirle dos palabras. Es una mujer valiente, pero de trato seco con nosotros”. Julen no llegó a saber quién era. “Yo –comentaba– llegué a preguntar quién era aquella mujer que estaba allí quieta y resulta que era ella”, agregaba.

Lo pasaron mal, pero “somos conscientes de que hace falta. A ver si conseguimos que fructifique aunque el Gobierno de España ponga inconvenientes. Se cometieron barbaridades. Servini lo sacará adelante. Logrará hacer el juicio si tiene la potestad”, declaraba Julen en su caserío natal de estructura banderiza de Busturia, del que un día su padre “salió a misa y no volvió jamás”.

Julen, dolido, era claro en su postura al respecto: “Mi padre murió por su partido, por las siglas del PNV, y sin embargo nadie del partido ni de nada hizo nada por él ni por nosotros en estos más de setenta años que han transcurrido. Ahora, queremos que se les juzgue como ya se hizo a los nazis y otros fascistas”.

Las familias de los fusilados y un muerto en Ezkaba conservan un recordatorio de la primera misa que se celebró por ellos. Se ofició el 5 de agosto de 1967, es decir, tuvieron que pasar treinta años. Fue en Andra Mari de Axpe, Busturia.

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