Las tribulaciones del entrenador abadiñarra Jon Muñoz en China

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Jon Muñoz

· Jon Muñoz (Abadiño, 1991) es entrenador de la Lama Football Academy en China

En palabras de Lao-Tse, “un viaje de mil millas empieza por el primer paso”. El mío fue una conversación de bar entre amigos en la que comentábamos que venir a China podría ser una experiencia bonita y una buena oportunidad laboral para un tipo como yo, graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y técnico en fútbol Nivel 2. Y aquí estoy, en el gigante asiático, a más de 8.000 kilómetros de casa, a punto de terminar una primera etapa de ocho meses que me ha servido para crecer tanto profesional como personalmente.

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El segundo paso fue otra conversación con un compañero de clase en la que hablamos de mi intención de venir, donde me enseñó una oferta de trabajo para entrenadores de mi actual academia, Lama Football Academy. Cumplía con los requisitos, así que no tardé en enviar el currículum.

Al cabo de unas semanas me comunicaron que estaba seleccionado para realizar una serie de entrevistas. La primera de ellas tenía el fin de informarme de las condiciones que se ofrecían y del funcionamiento de la academia para que, posteriormente, pensase si quería seguir adelante en el proceso de selección.

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No había nada que pensar. Las condiciones eran excelentes, y aún más comparándolas con las que se ofrecen en nuestro país, especialmente en el ámbito del fútbol, donde ni siquiera se suele ofrecer contrato de trabajo. Sin embargo, aquí, donde el fútbol es un deporte en auge, se está invirtiendo mucho dinero, no sólo en grandes fichajes para la Superliga, sino también importando formadores de otros países.

Además, los padres pagan cantidades muy altas de dinero para que sus hijos tengan entrenadores con una formación específica que los nuestros no tienen y para que tengan una práctica de fútbol segura y de calidad. Esto hace que sea posible ofrecer buenas condiciones a los entrenadores.

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A esta entrevista le siguieron otras tres y cada vez que cerraba la sesión en Skype tras cada una de ellas tenía la sensación de que iba a ser mi oportunidad. Hasta que finalmente me comunicaron que me contrataban. Cuando leí el email sentí una mezcla de emociones que hicieron que me subieran las pulsaciones hasta una frecuencia que nunca pensé que sería posible estando sentado en una silla.

Por un lado, sentí una inmensa alegría por la oportunidad que se me brindaba y la experiencia que me esperaba y un gran orgullo por haber sido seleccionado. Por otro lado, sentí tristeza por irme tan lejos de mi casa y me sentía en un mar de dudas sobre cómo me iría. Con todo, las emociones positivas superaban con creces a las negativas.

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La academia tiene diferentes sedes repartidas en varias ciudades del país. Mi destino iba a ser inicialmente Xi’an, pero finalmente me asignaron Kunming, la ciudad de la eterna primavera, para 15 días antes de lo acordado por un imprevisto en la academia. Me preguntaron si podía adaptarme a esa necesidad con cuatro o cinco días de antelación, por lo que no tuve demasiado tiempo para prepararme mentalmente.

Mentiría si dijera que el viaje camino al aeropuerto de Barajas estuvo lleno solamente de ilusión. Se me pasaban muchas cosas por la cabeza. Por supuesto que estaba ilusionado, pero también estaba lleno de incertidumbre. Era mi primera experiencia fuera de casa, muy lejos de mi familia, amigos y pareja. Iba a un país con una cultura completamente diferente a la nuestra, en el que poca gente habla inglés y en cuyo idioma sólo sabía decir “hola” y “gracias”.

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Legué a una academia recién abierta, en la que comenzamos haciendo sesiones de demostración con la intención de incorporar jugadores para el campus de verano y para el posterior inicio del curso. También sirvieron para que nuestro director deportivo nos formase en la metodología de la academia.

Lo que me encontré cuando llegué era totalmente diferente a lo que conocía. Aquí enfocan el fútbol de una manera completamente diferente a la nuestra. Apenas tienen competiciones en fútbol base y las que se organizan son torneos privados. Las federaciones no se encargan de organizar ligas como lo hacen las nuestras, así que los niños solo vienen a pasárselo bien y a aprender sin el partido del fin de semana en la cabeza. De hecho, la mayoría de ellos vienen durante los sábados y los domingos, que es cuando tienen tiempo libre.

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El nivel futbolístico es muy bajo en comparación con el de otros países europeos. Hay chavales que dominan muy bien la pelota, pero no comprenden el juego. No lo entienden porque no tienen la misma cultura de fútbol que nosotros, no lo suelen ver en la televisión y les cuesta comprenderlo y, por lo tanto, reproducirlo.

Más allá de la barrera del idioma que, aunque tenemos traductor, es una limitación importante, muchas veces no entienden los conceptos que les explicamos, tan básicos como no robar el balón a los compañeros o no seguir jugando cuando el balón sale de los límites del terreno de juego. Esto hace que a veces la enseñanza sea un poco frustrante.

Otra de las dificultades de trabajar en china es su forma de trabajar. No son muy comunicativos y suelen avisar de cambios o novedades con muy poco tiempo de antelación, aunque la decisión se haya tomado semanas atrás. Esto estresa un poco porque nunca se sabe el plan de la semana siguiente y hay que estar continuamente preguntado si han decidido hacer una cosa u otra.

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Además, cuando proponen algo, nunca piensan en un plan “B” y toman decisiones con beneficio a corto o muy corto plazo, pero nunca a medio o largo. Se podría pensar que es un caso aislado, pero la realidad es que con todos los extranjeros con los que he tratado el tema se han encontrado con lo mismo.

Sin embargo, es un placer cuando muchos de los padres muestran su agradecimiento tras cada sesión. Aprecian mucho a los entrenadores y profesores extranjeros. Digo también profesores porque los entrenadores estamos considerados como tales. Valoran que vengamos desde tan lejos a enseñarles a jugar a su deporte favorito, al que acuden con tanta ilusión cada fin de semana, siempre mediante el juego y con la presencia imprescindible del balón en cada ejercicio.

En Kunming, aun siendo la capital de la provincia de Yunnan y con más de seis millones y medio de habitantes, no hay muchos occidentales. Esto hace que les llame tanto la atención nuestra presencia que nos dicen “hello!” cuando pasamos por su lado o incluso nos piden sacarnos una foto con ellos.

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Podría escribir otro artículo sobre cosas que me sorprendieron cuando llegué, pero China es un país que hay que visitar para vivir este tipo de situaciones en persona. También hay que decir que es un país al que hay que venir con la mente abierta y pensar que, a lo mejor, nuestra cultura y estilo de vida no son los únicos ni los mejores.

Hay que intentar adaptarse para que sea posible apreciar su encanto. Por ejemplo, lo que nosotros consideramos como buenos o malos modales, no siempre tiene por qué coincidir con su punto de vista. No digo que haya que hacer lo mismo que ellos, sino que hay que entender que es una forma diferente de ver las cosas.

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Sin duda, de lo que más me ha gustado y superado mis expectativas ha sido la gastronomía. A diferencia de lo que muchas personas puedan pensar, la comida china tiene una grandísima variedad, tradición y calidad. Además de ser muy barata.

Prácticamente todos los días he comido y cenado en restaurantes, donde por poco más de un euro te sirven un plato generoso acompañado, por supuesto, de arroz blanco. Para la gente como yo, a la que nos gusta comer y probar cosas diferentes, es un paraíso. Aunque, eso sí, se echa de menos comer de vez en cuando una buena chuleta o un bacalao al pil-pil.

Han pasado casi ocho meses desde que llegué y me parece que fue ayer cuando me puse por primera vez la camiseta de la academia. A finales de febrero, coincidiendo con el Año Nuevo chino y tras un viaje que aguardo con mucha ilusión por el país vecino de Tailandia, volveré a casa dando por finalizada esta primera etapa en China con la esperanza de poder volver para disfrutar de una segunda. Me encantaría volver para poder seguir disfrutando de una forma tan profesional de mi pasión: el fútbol.

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