CRÓNICA · The Unfinished Sympathy retoma el vuelo como Ave Fénix en Bilbao

I. Gorriti

Fieles, muy fieles al sonido de The Unfinished Sympathy, no quisimos faltar, por si pasaban lista, al concierto que el cuarteto dio el pasado viernes en Bilbao. El repóker de ases catalanes arribaba al Kafe Antzokia con el recomendable disco ‘It’s a crush’ (BCore, noviembre 2017) bajo el brazo, óptima baza para unos tiempos en los que el sobresaturado panorama concede pocas oportunidades a las bandas. Algunas galletas láser pasan, por desgracia, totalmente desapercibidas.

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The Unfinished Sympathy en el Kafe Antzokia de Bilbao. · PHOTO · Eider Iturriaga (IZARBE PHOTO)

El set comenzó con un sonido poco apetecible para el público pero de muy buen nivel para los cuatro que comenzaban a calentar sobre el escenario. Es raro que un grupo se oiga mal a sí mismo en este bonito teatro sonoro.

The Unfinished Sympathy salió a escena con los históricos Eric Fuentes y Oriol Casanovas, frontman y guitarra, y seis cuerdas, respectivamente. A su lado, el tándem compuesto por Joan Colomo -un clásico ya en la formación y comodín multinstrumentista que el viernes se colgó el bajo, y bordó coros y chistes malos- y un desconocido para nosotros e impresionante Pau Albà que sustituyó a Víctor García, de quien se desconoce si continuará en la formación.

La prensa pelota suele aupar a los catalanes al olimpo de los dioses, pero el viernes no fue suficiente su simpatía. De hecho, quienes les hemos visto en 2003 en el gaztetxe Hiltegixe de Berriz (año en el que ganaron el Villa Bilbao), en un concierto de skaters en Basauri, en la Fever de Bolueta y en Plateruena Kafe Antzokia de Durango coincidimos en que no fue su mejor bolo, ni de lejos.

Somos cual groupies del cuarteto, pero con los sentidos alerta. Eso sí, lo pasamos bomba -como siempre-, días después aún repetimos sus estribillos dorados en nuestros tímpanos. Días llevamos cantando sus dianas y estuvimos a punto de abordar el escenario al lado de la fotógrafa Eider Iturriaga. Y esta visión marida muy bien con varios comentarios de Eric que nos llevaron a abrir los ojos más de lo habitual. Fueron odas a la derrota… pero, como el sonido del bolo, fueron recomponiendo cenizas y se metieron al público en el bolsillo.

El repertorio escogido revisó muy bien los hits de la banda cuando eran mimados internacionalmente por las Pil Sessions -John Peel murió en 2004- y siete de los temas de su nuevo trabajo. Dio la impresión, con lo contado por Fuentes de que ven lejos sus tiempos de grupo alternativo referente de todos los medios musicales, de nombre con tipografía gigante en los carteles de conciertos multitudinarios, de ser en enero starrings del mejor disco del año.

Sudaron como siempre con la voz más chula del Estado para quien esto escribe, con los coros de Joan, con la electricidad no estática de Oriol -un lujo en toda regla con su expresiva puesta en escena-, y con la precisión de Pau -con reivindicativo lazo amarillo- que se aprendió todos los temas en solo dos meses. Y volvemos al pero: pero no son la bandaza que llegó a Durango con teclados incluidos años atrás. Los parones no han beneficiado a la salud de The Unfinished Sympathy.

Aún así, sus canciones, todas, se quedaron a vivir de nuevo con nosotros. Cada canción era un jirón de piel de tiempos pasados y también nuevas melodías que reivindican al grupazo que fueron, que son y que deben volver a ser, con la misma apuesta ambiciosa de conciertos atrás. El Ave Fénix que no se queme con su fuego y renazca de sus cenizas.

Una buena forma de conseguirlo es que estuvieran en el cartel del BBK Live de Bilbao. Lo merece un grupo que si aún no conoces combina el rock más alternativo e ingenioso en melodías con miles de influencias aunque con un sello común. Suenan a ellos: tanto cuando atronan con sus temas más punks, como las perlas de pop que lo mismo brotan de Jimmy Eat World creciendo con Buzzcoks -caso de la nueva Loveshake-, como esa inercia, querencia, de Eric hacia los clásicos con teclados de los 80 y 90 que se cuelan con melodías y en algunos coros y que están más presentes en sus discos en solitario.

Tiempo que no bailábamos tanto -desde un concierto de sus amigos Bullit- y disfrutábamos con cada uno de los latidos de bombo, aunque también echamos en falta los bajos de acero que hicieron sobresalientes a The Unfinished Sympathy, a pesar de que el majo de Joan lo dio todo y disfrutó como él sabe hacerlo.

Este fin de semana, a pesar del corto concierto que dieron -sin posibilidad de beste bat-, volveríamos a verles, iríamos corriendo si hiciera falta a empujar al Ave Fénix porque su legado discográfico es de diez, como su cercanía y amistad; como su autenticidad.

 

 

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