CONOCIENDO A BARTOLOMÉ DE ERZILLA (I) · ‘De 1898 a 2018 en neblina de olvido’, por Anisia Serendipia

Anisia

Anisia Serendipia

Nace en Durango el 24 de agosto de 1863, festividad de San Bartolomé, décimo hijo de uno de los mayores pudientes de la Villa, condición que solía ir acompañada de una presencia constante en la administración local, habiendo desempeñado diferentes figuras en el Ayuntamiento antes de que nuestro músico viese la luz y antes de llegar a ser alcalde de la localidad por primera vez a finales de 1868, poco después de la Revolución de Septiembre que  destronó a la reina Isabel II provocando su exilio, y que dio paso al Sexenio Revolucionario. También su hermano Bernardino, 12 años mayor que Bartolomé, ostentará ese cargo en los años 90.

BARTOLOME ERTZILLA

A su padre, Juan Timoteo de Ercilla y Cenarruzaveitia, atendiendo al espectro político del momento en Durango con un fuerte núcleo carlista-tradicionalista, le suponemos  conservador de espíritu liberal y abierto al progreso (nos trae el tren a Tabira a pesar de no poca oposición, nos limpia el río y las cloacas lo que le supondrá la mofa de los vecinos, adopta medidas sanitarias y establece recomendaciones para protegernos ante el cólera, se preocupa por la educación de las niñas, por establecer la Segunda Enseñanza en la villa…). Fuera de la corporación municipal durante los levantamientos carlistas, parece encajar bien en las administraciones capaces de entenderse con el gobierno de Madrid. Hombre bien relacionado, le suponemos excelente gestor formando parte de una candidatura formulada por el ayuntamiento del que era alcalde junto a otros varios sujetos honrados en los que concurrían recomendables circunstancias, con vistas a  las elecciones municipales a celebrarse en diciembre de 1871, candidatura que sufrirá la campaña hostil del clero de la villa tomando algunos curas partido a favor de los carlistas. Su esposa, Josefa Teresa Rementeria Garate, había fallecido en noviembre de 1865, días después de dar a luz una niña, undécimo hijo del matrimonio, quedando Bartolomé huérfano de madre contando tan solo dos años de edad.

No advertimos en Bartolomé ningún interés en sumergirse en esa atmósfera de poder que envuelve la figura de su padre, aunque sí que se beneficiará indirectamente de él, codeándose con lo mejor de lo mejor de la Bizkaia, del Bilbao de la época.

Zortzikos · Alumno de Castor de Gorrichategui en Durango, contemplamos la posibilidad de su instrucción musical en Bilbao al amparo de su primo, el profesor y compositor navarro Manuel Villar Jiménez, quien había contraído matrimonio en 1874 con Dolores Narvaiza Ercilla, sobrina de Juan Timoteo. Autor de numerosos zortzikos, Villar participa en 1875 en la apertura de una escuela y biblioteca musical y es profesor de música de las escuelas municipales de Bilbao, alumnos con los que organizará un orfeón infantil. Esta figura pudo tener ascendencia sobre un impresionable Bartolomé, despertando en el joven músico de Durango el interés por ese ritmo y por los coros, que le llevaría años después a crear su propio orfeón al que puso el nombre Iparraguirre, en homenaje al bardo que imbuyó el zortziko de romanticismo, adaptándolo al gusto de la época.

Se traslada a estudiar a Madrid en 1880, como la mayoría de los músicos vascos a partir de la segunda mitad del XIX,  para ampliar su formación musical en el Conservatorio Nacional y será en el Círculo Vasco-Navarro, que se inaugura en el otoño de 1882 en esa ciudad, donde conozca a Miguel de Unamuno y donde es posible que entre en contacto por primera vez con el tenor Julián Gayarre, a quien acompañará al piano en el Teatro Principal de la capital Bizkaina en 1886. Es en Madrid donde publica partituras por primera vez.

De regreso al País, se sumerge de lleno  en el ambiente melómano de Bilbao. Casa Dotesio comenzará su andadura editorial con las obras de Ercilla y en 1885 ven la luz casi todas las composiciones del músico, muchas de ellas con elocuentes dedicatorias a destacadas personalidades y entidades del momento. Como el elegante wals capricho de salón “Junto al arroyo”, que dedica a la sociedad El Sitio de Bilbao, y cuya venta se anuncia en la prensa al precio fijo de 3 pesetas 50 céntimos: “Hemos tenido ocasión de oír dicha pieza, y desde luego podemos asegurar que es bellísima é inspirada, que honra sobremanera á su distinguido y jóven autor”.

De carácter alegre · El artículo El orfeón Iparraguirre, una carta a Bartolomé de Ercilla que Miguel de Unamuno publica en la prensa el 8 de junio de 1885 nos da cuenta, además de su gran erudición musical y del amor que por su tierra sentía este durangarra, del profundo afecto que un joven Unamuno profesa a este músico de carácter alegre y con un cosquilleo de originalidad ardiéndole en el alma. Pronto veremos al profesor Ercilla dirigiendo parte de su orfeón durante un concierto que se celebra en el Teatro Gayarre de Bilbao a beneficio del maestro Breton: “cantó muy bien, agradando mucho, particularmente en el “ume Eder-bat”, que tuvo que repetir en medio de grandes aplausos. En este orfeón descuellan algunas voces de bajo muy llenas y sonoras”. Miguel de Unamuno le emplaza a encontrarse durante la celebración de las fiestas euskaras previstas para el mes de septiembre de 1885, evento que se venía gestando en Durango a instancia de su iniciador en Bizkaia, Vicente Arana, desde 1884, cuando ya se barruntaba en la Villa cierto temor al cólera y que un brote de esta enfermedad infecciosa en 1885 obligará a posponerlas hasta julio de 1886. De esta época puede ser la serie de villancicos que en euskera escribe Miguel de Unamuno para Bartolo de Ercilla: Iru errege aundiak eldu dira urrutik, Aur baten ikustera mundodko edertarik…  Arek kantatzen dute ta poz aundiagoz, jaungoikoaren jaiotza geure gozo euskerak. Geure euskera baino berba ederrago ezta gauza ain aundi zelebratutako (continuará mañana)

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