CONOCIENDO A BARTOLOMÉ DE ERZILLA (yIV) · ‘El durangués de los zortzikos’, por Anisia Serendipia

Anisia

Anisia Serendipia

La Revista Euskal-Erria dará cuenta de los zortzikos ejecutados en Madrid durante el verano de 1882, época en la que Erzilla se encuentra matriculado en el Conservatorio Nacional, por la excelente Banda de ingenieros: Arbola bat, de Letamendia; ¡Oh Euskal-erri maitea!, de R. Sarriegui;  Viva Hernani, de Peña y Goñi; Laurak bat, de Zabala; Unos y libres, de Diego, y dos Zortzicos más de Letamendia y Zabala.

Bartolome-Ertzilla

En la misma revista encontramos una “pintoresca” descripción del popular baile bascongado que acompasa los sones del zortziko: Ese hermoso pueblo que pretende ser aborigen de los pueblos conserva en su tradicional zorzico la traza más elocuente de su antiquísimo abolengo. En el zorzico no baila la mujer, que es bailada. Allí de pie la hermosa, en actitud de estatua viva… Si el pueblo vascongado no conservara en su lengua la antigüedad prehistórica que pretende, podría con su modesto baile persuadir de aborigen á los arqueólogos y numismáticos más rebeldes.

Creadas hasta entonces para un gusto conservador, situamos a Bartolomé interpretando sus composiciones en el salón de Velar en Durango pero también en las escenas de recreo del ocio proletario, mostrando que para aquellos grupos sociales sin grandes recursos la música ocupa y centra sus escasos momentos de ocio. De esta forma la tarde de los domingos se entrega a una de las aficiones más comunes y socializantes de la música: el baile. El nexo entre los distintos sujetos será la música, la gran  facilitadora del encuentro social. La mayoría de los bailes estaban ubicados en sociedades, como por ejemplo el Círculo de ámbito proletario La Amistad cuyas veladas organizaba y dirigía Bartolomé; o la Sociedad de ámbito burgués y esencia del liberalismo El Sitio, lugares donde previa invitación o pequeño pago de boleto o entrada, se citaban lo mejor de todas las clases sociales, se bailaban zortzikos, fandangos, polkas, schottish, y se comían pequeñas golosinas o dulces, chocolate con churros y bollos de mantequilla.

Del baile de anoche no es fácil ofrecer detalles porque no se describe el caos. El Sitio, con sus 1.500 socios, no puede dar bailes en espacios cerrados por grandes que sean. Tantas y tan hermosas mujeres acudieron que aquello, además de hacerse imposible todo movimiento, era un deslumbramiento continuo. La alegre modista y la gran señora se codeaban y se prensaban allí formando un conjunto brillantísimo. El hombre público, el capitalista, el dependiente de comercio, el industrial, desde el más modesto al más elevado todos giraban confundidos y enlazados por la más hermosa fraternidad. Aunque el Sitio no hubiera logrado otra cosa que arraigar los sentimientos de Libertad en Bilbao y dar esa patente muestra que dió anoche de la gran preponderancia alcanzada por la democracia en nuestros días ya hubiera hecho bastante para merecer la gratitud de nuestro pueblo. Mil plácemes a la Junta directiva por la brillantez de su fiesta pero ¡por Dios! si otra vez se le ocurre organizar otro baile, que sea donde no haya puertas, ni paredes, ni techos porque no hay ni puede haber edificio capaz de contener a la multitud de golosos de ambos sexos que acuden a tan brillantes y cultos exparcimientos.

Bartolomé, alumno de Armonía del compositor lírico Rafael Hernando Palomar,  sostendrá este, y a pesar de no asistir a penas a sus clases en los cuatro años que permaneció matriculado en el Conservatorio Nacional de Madrid, que  su “aptitud” es muy buena. La armonía, esa poderosa herramienta en manos del compositor para darle mejor cuerpo o sustancia a la música, para la que Bartolomé fue sobresaliente.

Sus composiciones también sonarán en las calles, donde polkas, habaneras, mazurcas, schotis, tandas de valses, paso dobles, etcétera, son programadas para ser interpretadas por las múltiples  bandas de música que amenizan paseos y parques del País. Como la mazurka Haga V. el favor, que se ejecuta a las 12 del mediodía del 9 de agosto de 1885 en Bilbao por la banda de música Unión artística; o la Rapsodia Euskara, por  la banda de música Santa Cecilia, el domingo 15 de junio de 1888, de 8 a 10, en el paseo del Arenal.

Al hilo del fenómeno de recuperación y divulgación del folk-lore musical vasco iniciado en la segunda mitad del siglo XIX, Dotesio culmina en 1898, año del fallecimiento de Bartolomé, la edición de los seis volúmenes de la controvertida Colección de Cantos Vizcaínos incluso los de los plateros y del Duranguesado arreglados para canto y piano por Bartolomé de Ercilla.

 

La interesante velada ‘Un músico en la niebla’ sobre Bartolomé Ertzilla se pondrá en escena este sábado, 22 de diciembre

Un intento de disipar la niebla

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