‘Seguro que le suena’, por Guillermo Ansorena

44 - Guiller en el Café Slavia

Guillermo Ansorena

Toda mujer, y también todo hombre, es sin duda un mundo.

Un mundo irrepetible,

original

e inigualable.

Un mundo propio,

individual,

no duplicable.

Un mundo único.

Un mundo singular.

Y un mundo distinto a cualquier otro mundo.

Y sin embargo,

cuántos y cuántos mundos,

si no físicamente,

son tal almas gemelas

y tienen como un aire,

un espíritu,

un algo

que nos lleva a pensar que son el mismo mundo.

O casi.

Mundos de apariencia distinta

y esencia semejante.

De formas diferentes

y fondos casi casi calcados.

Mundos que son como otros mundos

sin ser los mismos mundos.

O mundos que son los mismos mundos

sin ser como otros mundos.

Y así hay mundos, hay mundos,

mundos para los que una de las cosas más importantes del mundo

es la apariencia en persona,

el aspecto exterior,

la imagen,

el continente,

el cuerpo…

La cara externa

o la fachada

del mundo.

La que se ve por fuera.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo contrario a dicho mundo.

El mundo para el cual lo es todo

la esencia,

el ser interno,

la palabra, si me explico,

el contenido,

el alma…

Lo que se ve por dentro.

Y lo curioso es que si aquel mundo

a veces

aparenta y no es,

este mundo

a veces

es y no aparenta.

Mas sea como sea

mundos los hay a mares.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que cree que le va la vida en la salud.

Y la cuida

y se cuida.

Y hace bien,

siempre y cuando

tener buena salud no se convierta en una enfermedad.

Y no descuide la vida

ni vivirla.

Pues primero es vivir

se tenga mejor o peor salud

y luego Dios dirá

o lo dirá la vida, si lo prefiere,

o la muerte,

que la muerte también tiene mucho que decir.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo para el cual el amor es vital.

Un mundo que es el amor de carne y hueso

y todo corazón.

Un mundo amante

y amable,

sea o no un mundo amado.

Y un mundo enamoradizo,

enamorado

y enamorador.

Un mundo que ama su mundo

y que ama a todo mundo

y que quiere hacerse de amar.

Porque sabe que el amor

vive

y que la vida

ama.

Vive porque ama la vida.

Ama porque vive el amor.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo para el cual el dinero es lo que cuenta.

Un mundo que se muere por tener más y más dinero

y se desvive por tenerlo,

aunque para ello los otros mundos tengan que vivir sin tenerlo

y mueran porque no lo tienen.

Un mundo que quiere ganar plata,

aunque se pierda el “mundo”

y se pierdan los mundos.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que hace

de la familia un pequeño mundo

y del mundo una gran familia.

O al revés,

de la familia un gran mundo

y del mundo una pequeña familia.

Y es que hasta la familia más pequeña es un gran mundo

y hasta el mundo más grande, una pequeña familia.

O al revés.

Hasta la familia más grande es un pequeño mundo

y hasta el mundo más pequeño, una familia grande.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que sabe que la amistad es mundial.

Un mundo amigo de los mundos,

amigable

y amistoso.

Un mundo que no se quiere enemistar con los mundos amigos

y que se quiere amigar con los mundos enemigos.

Porque sabe que un mundo de amigos

es el mejor de los mundos

y un mundo de enemigos

el peor.

Y que conoce que la amistad hay que ganársela

y nos gana

y que la enemistad hay que perderla

y nos pierde.

Aunque hay veces que por amistades

nos ganamos enemigos

y por enemistades

nos perdemos amigos.

Y también al revés.

Por amistades

perdernos amigos

y por enemistades

ganarnos amigos.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que ha convertido el trabajo en una necesidad.

Y que aunque sabe que la vida es el mejor trabajo

ha hecho del trabajo la peor vida.

¿O no es una contradicción decir que el trabajo mata

y que hay que ganarse la vida con el trabajo?

¿Y qué es si no contradicción que tengamos que vivir de nuestro trabajo

y que nuestro trabajo casi no dé para vivir

o dé para malvivir?

¿Y cómo podemos decir que somos libres para trabajar

o no trabajar

y que el trabajo nos hace libres,

cuando estamos presos del trabajo?

¿O no es el trabajo una esclavitud en el fondo

y en la forma?

¡Y el colmo es que así y todo nos morimos por trabajar

y por un trabajo!

¡Y por trabajar y por un trabajo no vivimos!

¡Y es que tener que trabajar para vivir,

o mejor,

para malvivir

o sobrevivir

es vivir para trabajar.

¡Vivir para trabajar!

¡Y eso no es vida!

¡Sino una mala vida!

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que sueña con ser libre

y que la libertad le quita el sueño

y que al despertar no se ve libre

y cuando estaba dormido no se veía preso.

Y es que para ver la libertad hay que abrir los ojos,

abrir los ojos

y para no que no veamos las cadenas nos los cierran,

nos los cierran.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que quiere un mundo de iguales y no puede

porque quien puede quiere un mundo de diferentes.

Y es una pena.

Porque un mundo de iguales marcaría la diferencia

al anular la desigualdad

y un mundo de diferentes marca la desigualdad

al establecer la diferencia.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que anhela vivir en paz

y le hacen morir en la guerra.

Y que entiende que la lucha por la paz es una gran guerra

y una guerra, una gran lucha.

Y que por la paz merece la pena dar la vida

y por la guerra no merece la pena dar muerte.

¡Y qué triste es querer hacer el amor y no la guerra

y tener que hacer la guerra y no el amor!

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que busca hacer justicia

y encuentra la injusticia

en el mundo.

En el mundo que injustamente no es justo

y que justamente es injusto.

Un mundo injustamente injusto

que justamente hay que hacer justo.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que ve

que el mundo de los ricos

está lleno de millones de pobres

y que el mundo de los pobres

está vacío por los millones de los ricos.

Y no se trata de hacer un mundo

ricamente pobre,

ni pobremente rico.

Sino ricamente rico.

Y es que si el mundo de los ricos necesita un mundo de pobres,

el mundo de los pobres necesita un mundo rico.

No de ricos

y de pobres.

Sino sin ellos.

¡Un mundo rico!

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que vive en el ayer más que en el hoy o el mañana

o el que vive en el presente más que en el pasado o el futuro

o el que vive en el porvenir más que en el pretérito o el momento actual.

Y es que como hay pasados que pasan,

presentes que se presentan

y futuros futuros,

hay pasados presentes,

presentes que pasan

y futuros que no se presentan

y que no pasan.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que es real y no ideal,

sino que es una pesadilla,

o el que es ideal y no irreal,

sino que es un sueño.

Y el sueño es hacer los sueños realidad

y la realidad es hacer las realidades como los sueños.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que dice que la vida es sueño

y la muerte realidad

o el que dice lo contrario,

que la muerte es sueño

y la vida, realidad.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que cree en Dios

y en la otra vida

y en el más allá

o el que no cree ni en Dios

ni en la otra vida

ni en el más allá.

Y no sé si aquel es un mundo de mucha fe

y este uno de poca,

pero todo mundo tiene fes como tiene dudas.

Y creo que hay que creer menos

y no dudo de que hay que dudar más.

Dudar del ser humano, sin dejar de creer en la humanidad

y dudar del mundo, sin dejar de creer en otros mundos.

Dudar de todo,

sin llegar a no creer en nada.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que confía en el conocimiento humano

y que sustituye a Dios con la verdad,

la religión con la ciencia

y la fe con la razón.

Un mundo que no cree en la palabra divina

y sí en las letras, las artes y las ciencias humanas.

Un mundo que niega que el Padre haya dado a luz a los hijos

o les haya dado la vida

y que ve como las luces de los “hijos” le van a quitar la vida al “Padre”

o le van a dar muerte.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que persigue cambiar el mundo a mejor

y tomar el poder y tenerlo en sus manos para ello

porque ve que el mundo cambia a peor

y que el poder le toma y le tiene en las suyas.

Por esto quiere hacer política,

es decir,

intervenir con su voz

y con su voto

o bien por otros medios

en las cosas públicas

para lograr sus fines

y al hacerla,

al hacer política

descubre que su voz no se escucha,

cuando no la acallan,

que su voto se cuenta,

pero no cuenta,

que los otros medios

se reprimen por todos los medios

y que sus fines se ilegalizan,

si no son ilegales ya.

¡Seguro que le suena!

Como le sonará ese mundo que dejó de creer en la política

y que sabe que solo hay una política de verdad,

que no es el hacer política al uso,

sino hacer la revolución.

La revolución a ser posible

pacíficamente

y si no,

como bien se pueda.

Primero yendo con buenas palabras

y hasta mejores

contra quien de primeras viene con malas palabras

y hasta peores

y de segundas,

con una mezcla explosiva de amenazas y sanciones económicas

y fugas de empresas

y otros tantos “terrorismos del Gran Capital”

y la manipulación de los medios de comunicación

y la condena a los infiernos a los sujetos de la rebelión por parte del reino de los cielos

como del reino de la tierra

y las leyes y las políticas que intervienen los poderes y parlamentos tildados de rebeldes

y de terceras

con mucha policía

y poca diversión

y mucho juez que es parte

y juicios con las sentencias escritas de antemano

y mucha pena de prisión

y por último,

si no hay más remedio,

con el de Tierra, Mar y Aire

y todas las malas artes de las cloacas del Estado.

Y si ni por estas,

con la mano que mueve los hilos del tío Sam

y otros tantos de su misma sangre.

¡Con todo para dejar en nada la revolución!

¡Este es el gran drama!

¡Que la revolución es la buena acción del pueblo contra el poder establecido

y la contrarrevolución es la mala reacción del poder establecido contra el pueblo!

¡Seguro que le suena!

¡Seguro que le suena!

 

13 – 05 – 2019

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