‘A la masa’, por Guillermo Ansorena

44 - Guiller en el Café Slavia

 

En estas malas horas para nuestra clase obrera

ésta ha de ser consciente

o ha de tomar conciencia

de una contradicción

que está a la luz del día

desde la noche de los tiempos.

Una contradicción

que a pesar de que hace daño a los ojos

y de que se encuentra a la vista de todos y de todas

la clase trabajadora,

a menudo,

la pierde de vista

o no acaba de verla.

Y ya sea porque la tienen cegada con mentiras

o porque está ciega de verdad,

el caso es que no ve

que la clase política,

bien de izquierdas o de derechas,

día sí y día también

se desvive por decir

que defiende a la clase de los trabajadores y trabajadoras

y esta clase,

la obrera,

día sí y día también

se muere

porque no dice que eso es una mentira más grande que un parlamento.

Y,

aunque haber hay excepciones,

esta es la contradicción:

que la clase política,

que no ha pegado un palo al agua en toda su vida,

le pega el “palo” a la clase obrera,

que toda su vida tiene que estar pegando un palo al agua,

al decir que la defiende.

¡Más claro, agua!

¡Y es el pan nuestro de cada día!

¡Agua!

¡Y el pan nuestro!

¡Y una cosa es que los trabajadores y trabajadoras seamos un trozo de pan

y otra que seamos unos mendrugos

y nos conformemos con las migajas!

¡Migajas!

¿O no son migajas lo que nos dan por unos trabajos más duros que un pan de cinco días!

¡O más!

¡Y está bien trabajar para ganarse la vida!

¡Pero está mal que sea trabajar para ganarse una mala vida!

¡O peor!

¡Y es que el trabajo a duras penas da para malvivir!

¡Y la vida da pena para tan duro y mal trabajo!

¡Más claro, agua!

¡Y es el pan nuestro de cada día!

¡Agua!

¡Y el pan nuestro!

¡Y no solo trabajamos para ganarnos una mala vida

que cuesta tanto trabajo,

sino que al hacerlo

no trabajamos

o dejamos de trabajar

para ganarnos la buena vida!

¡La buena vida que nos perdemos!

¡Y la buena vida que ganaríamos si trabajáramos por la revolución!

Porque no nos engañemos,

la clase obrera para ser y vivir libre,

libre de la opresión

y libre de la explotación,

no puede confiar en la clase política.

Porque ésta,

a la vista de los hechos,

no la va a liberar nunca

y la va a encadenar siempre.

Y una de dos:

o la clase trabajadora rompe las cadenas

y se libera por sí misma

o va a seguir presa de los poderes económicos, políticos y demás poderes

por los días de los días

y los años de los años

y los siglos de los siglos.

¡Más claro, agua!

¡Y es el pan nuestro de cada día!

¡Agua!

¡Y el pan nuestro!

¡Y o tomamos conciencia de ello

o la tenemos clara,

por no decir lo tenemos crudo!

¡O negro como el carbón!

¡O negro como el petróleo!

¡O negro como nuestro futuro!

¡Negro!

Y negro sobre blanco

o blanco sobre negro

le digo

que la clase obrera

no solo no puede confiar en la clase política

de cara a su liberación,

sino que tiene que tener claro

que los trabajadores,

tristemente,

a más de no tener patria,

no tienen partido.

¡No tienen partido que los defienda!

¡No lo tienen!

Y aunque los trabajadores

deberían ser un partido,

porque un partido es un conjunto de personas

que siguen y defienden una misma opinión o causa,

a menudo,

tristemente,

no lo son.

Bien porque están desunidos ante quien los oprime y explota,

bien porque se unen a los mismos opresores y explotadores.

¡Más claro, agua!

¡Y es el pan nuestro de cada día!

¡Agua!

¡Y el pan nuestro!

Y si triste es que no haya un partido de los trabajadores y trabajadoras de verdad,

más triste es todavía que no haya un activismo

o un movimiento

de los mismos y de las mismas.

¡Porque a más de defender las mismas ideas,

hay que atacar con las mismas acciones!

¡Luego,

partido sí

y activismo o movimiento también!

¡Teoría

y práctica!

Partido y activismo o movimiento,

más que políticos,

revolucionarios.

¡Que los políticos hacen política

y los revolucionarios, la revolución!

¡La revolución!

¡Que no es lo mismo!

Y de esto se trata:

¡No solo de que la clase obrera pase de la clase política

y de que la clase política no pase de la clase obrera,

sino de que los políticos pasen de la política

a la revolución

y de que los revolucionarios no pasen de la revolución

a la política!

¡Más claro, agua!

¡Y es el pan nuestro de cada día!

¡Agua!

¡Y el pan nuestro!

¡Y bienvenidas sean las políticas revolucionarias!

¡Pero bienaventuradas son las revoluciones políticas…!

¡Al pan, pan y al agua, agua!

¡O mejor,

al agua

patos!

¡Y al agua

patas!

¡Y manos a la masa!

¡A la masa!

 

28 – 06 – 2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

One Response to “‘A la masa’, por Guillermo Ansorena”

  1. Urizar dice:

    Cuánta razón,los políticos no sólo no nos representan,si no que nos ignoran,no les importamos,es triste decirlo,, pero sólo les importa nuestro votó,cada 4 años, Para seguir ahí en sus potronas,y vivir cómo Dios,y a la clase obrera que somos la mayoría, que nos den.y la clase obrera ni siquiera piensa en revelarse,no vaya ser que nos den la patada, pues no tenemos un respaldo a quien acudir, por qué no les importamos nada,nada, así que seguiremos,trabajando x dos duros, por lo menos así nos aseguramos que,nuestros hijos comen aunque sea pan duró.

Deja un comentario

- Obligatorio

- Obligatorio