‘Vivo’, por Guillermo Ansorena

44 - Guiller en el Café Slavia

Guillermo Ansorena

 

Qué alegría estar vivo

y poder respirar,

beber un vaso de agua

y a la boca llevar

un plato de comida

de la tierra o el mar…

Qué alegría estar vivo

y poder caminar

disfrutando del paso,

paso a paso

y andar

por andar

y cansado

hasta la ducha entrar

y salir como nuevo

de cuerpo como de alma.

Qué alegría estar vivo

y poder expresar

sentimientos e ideas

y también escuchar

de viva voz

palabras,

sonidos

y demás.

Qué alegría estar vivo

y poder contemplar

la Luna y las estrellas

a las noches brillar

y al Sol cuando es de día

y a las nubes pasar

y ver en ellas formas

y sombras en las hierbas

y a la flor preguntar

me quiere,

no me quiere

y a un buen árbol trepar

y gozar del paisaje

natural

sin igual.

Qué alegría estar vivo

y poder degustar

de aromas infinitos

y sabores a mares

de aquí

y de acá

y de aquende

y de más acá

y de allí

y de allá

y de allende

y de más allá.

Qué alegría estar vivo

y poder agarrar

y soltar con las manos

las cosas

de este mundo

y tocar, retocar

la vida

con los dedos

y yemas de los dedos.

Qué alegría estar vivo

y poder conciliar

el sueño

al acostarse

y abrir de par en par

los ojos

tras dormir

y al final

despertar

descansado

del mismo

y despierto soñar

los sueños,

esos sueños que tanto

nos cuestan alcanzar.

Qué alegría estar vivo

y poder pelear

por lo que se ha soñado

y a la vez se ha esperado

y quiere ser logrado

a ser posible a buenas

y también a mejores

contra quien nos lo impide,

nos lo impide a las malas

e incluso hasta a peores.

Qué alegría estar vivo

y poder encontrar

a unas buenas personas

y saberlas ganar

como amigos y amigas

y trabar la amistad

para toda la vida

que da felicidad.

Qué alegría estar vivo

y poder conquistar

al amor de tu vida

y de abajo

hasta arriba

llegarse a enamorar

y con él realizar

el amor más bonito

que uno va a realizar

poniendo el corazón

en el acto de amar.

Qué alegría estar vivo

y poder educar

como padre a unos hijos

propios

o más que propios,

adoptados

y amados

con toda

y toda el alma

y todo

y todo el ser.

Qué alegría estar vivo

y poder disfrutar

de un segundo

o un minuto

o de una hora

o un día

o siete

o unas semanas

o de un mes

o de un año

o de unos cuantos años

de vida

de verdad.

Qué alegría estar vivo

y poder superar

la enfermedad

y el mal

y hasta la hora suprema

y después de haber visto

de cerca, ay, a la muerte

ver y vivir la vida

con la mirada viva

de quien

contempló con sus ojos

lo que es el sueño eterno

y el fin

como el final

de la propia existencia.

Qué alegría estar vivo,

estar

vivo

y qué viva alegría,

viva

alegría.

¡Vivo!

¡Y viva!

¡Viva!

¡Y vivo!

 

12 – 09 – 2019

 

 

 

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