Tras Dalí y Manaut, el Museo de Durango graba en sus paredes el nombre de Durero

Exposición única de 28 obras originales del artista más famoso del Renacimiento alemán. Son muestras que se hacen cada 10 o 15 años por garantizar su conservación y originales. Por ello, Durango se convierte durante dos meses en lugar único en exponer trabajos de Durero. Se inaugura el miércoles a las 19.00 horas.

Garazi Arrizabalaga

En los últimos años el Museo de Arte e Historia de Durango ha realizado exposiciones como “De Durango a Guernica” con grabados de artistas como Picasso, Renau o Miró; “Oihartzunak-Resonancias” de Chillida; Pinturas traducidas, en una iniciativa con motivo de la 7ª edición del certamen de grabado FIG Bilbao donde se expusieron grabado del Museo de Bellas Artes de Bilbao con obras de grabadores como Hogarth, Cézanne, Bacon, Hockney, Tàpies o Arroyo.

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Ahora, en otro proyecto aún más audaz, el Museo abre sus puertas al genio alemán Albrecht Dürer (1471-1528), más conocido entre nosotros por su nombre hispanizado: Alberto Durero. Podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que Durero fue el padre del grabado occidental y que marcó cimas de riqueza conceptual y de virtuosismo técnico que nadie ha logrado igualar. Por desgracia, apenas está representado en los museos vascos, lo que hace doblemente reseñable que ahora podamos admirar veintiocho estampas suyas, destacando entre ellas la única que posee el Museo de Bellas Artes de Bilbao. A este conjunto se suma una selección muy medida de grabados de otros autores, tanto del entorno inmediato de Durero (su maestro y sus discípulos) como copias de excelente calidad producidas en el mismo siglo XVI.

De acuerdo a nuestro doble propósito de divulgar no sólo el arte en general sino también la historia de Durango, aprovechamos esta ocasión para explicar la influencia que los diseños de letras de Durero ejercieron en un hijo ilustre de nuestra Villa: el calígrafo Juan de Icíar (Durango, h. 1523 – ¿Logroño?, d. 1572). Es un apartado que dota a la exposición de un interés especial para el público local y que desmiente la creencia de que Durero es un personaje remoto y ajeno a nuestra cultura.

Virgen de las tres liebres

¿Por qué Durero?

 Alberto Durero marcó, junto al holandés Rembrandt y el español Goya, la cumbre del grabado occidental. Si bien su labor como pintor y dibujante rayó al máximo nivel, y sus escritos teóricos fueron leídos durante siglos, es su producción grabada la que le encumbró como una eminencia ya en vida, y la que expandió su influencia a todas las escuelas artísticas de Europa.

Alberto Durero revolucionó el grabado como ningún otro artista de su tiempo, no sólo por su insuperable nivel artístico sino también porque le dio la categoría de creación autónoma, con valor por sí misma. Nacido en Núremberg, una de las ciudades europeas punteras en la actividad editorial, Durero dio un vuelco al formato del libro ilustrado tal como se conocía: hasta entonces las imágenes grabadas, modestas en tamaño y calidad, se subordinaban a los textos, y fue Durero el primer artista que rompió esta limitación con su libro El Apocalipsis (Apocalipsis cum figuris), publicado en 1498. Demostró que las xilografías a toda página podían conformar libros enteros concitando el aprecio erudito y el éxito comercial. En cierto modo, Durero anticipó formatos como el libro de artista y el cómic. Y también hizo aportaciones al ámbito de la tipografía, al proponer modelos de letra latina y gótica; tarea que fue tenida en cuenta por nuestro Juan de Icíar, como vemos en una sala del Museo.

Las exposiciones dedicadas en nuestro entorno a grabados de Durero han sido (que sepamos) sólo dos: la última fue la que ofreció el Museo Guggenheim Bilbao hace doce años, en el invierno de 2007-08, prestada por el Städel Museum de Frankfurt; y la anterior, en 1996 y también en Bilbao, fue una muestra itinerante traída igualmente del extranjero por la Fundación Bilbao Bizkaia Kutxa. Los catálogos de ambas se publicaron sólo en castellano. La presencia de ejemplos de Durero en las colecciones públicas vascas parece limitarse al grabado a buril La Virgen del muro, de 1514, adquirido en 2010 por el Museo de Bellas Artes de Bilbao y que tenemos el privilegio de incorporar a nuestra exposición. Ello ha sido posible gracias a la generosidad de la pinacoteca bilbaína y de su Director, Miguel Zugaza, cuyo apoyo a lo largo de los años agradecemos una vez más. Hacemos extensible nuestra inmensa gratitud a todo el equipo del Bellas Artes bilbaíno y en especial a su Jefe de Colecciones, D. Javier Novo, pues sabemos de las dificultades que entraña el préstamo de obras tan frágiles y valiosas.

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Criterio expositivo

Mientras que la sección relativa a Juan de Icíar se ha nutrido del fondo documental del propio Museo, todos los grabados (de Durero y de otros autores) son préstamos de diversas procedencias: uno, ya citado, lo aporta el Museo de Bilbao, y los restantes treinta y ocho pertenecen a coleccionistas particulares. Estos generosos amigos nos ofrecían un repertorio sorprendente de casi sesenta grabados germánicos del siglo XVI; pero preferíamos mostrar una selección concisa, que fuese manejable para el Museo y para el espectador. En todo momento nuestro objetivo ha sido dar el protagonismo a Durero y añadir de mano ajena únicamente aquellas obras que fuesen necesarias en el relato expositivo que queríamos mostrar.

La selección reunida no llega a ofrecer, obviamente, una panorámica exhaustiva, pero sí constituye una interesante aproximación. Son veintiocho grabados que abarcan bastante bien la evolución del artista a lo largo de tres décadas y casi todos los asuntos que tocó: temas bíblicos y devocionales, la mitología grecolatina, el retrato, la heráldica… Se han reunido hojas que siendo de una misma serie proceden de distintas ediciones, lo que permite compararlas.

Tomando como base esta selección dureriana, nuestro criterio ha sido ordenarla cronológica y temáticamente; y hemos intercalado en ella unas pocas aportaciones de otros artistas. Así, se exponen dos xilografías de Michael Wolgemut, maestro juvenil de Durero, junto a las más tempranas del genial alumno, lo que permite intuir el salto cualitativo y de ambición que experimentó el grabado en madera en menos de diez años. También se muestran dos estampas de los dos discípulos principales de Durero, Baldung Grien y Schaüfelein, hacia 1505-07, cuando eran aprendices de su taller; y hemos incorporado también tres copias muy representativas y elocuentes.

Dado que esta exposición es un proyecto pensado expresamente para el palacio Etxezarreta, sede de nuestro Museo, hemos tenido en cuenta las condiciones de sus espacios para sacarles el máximo partido.

La Planta baja alberga una sección expositiva de especial interés para el público durangués y para los interesados en la cultura vasca: la que ilustra la labor del calígrafo Juan de Icíar (Durango, h. 1523 – ¿Logroño?, d. 1572) en relación con las aportaciones de Durero en la tipografía de los alfabetos latino y gótico. Icíar no ocultó su deuda con el maestro alemán en su libro pionero sobre caligrafía Recopilación subtilissima, de 1548 (también conocido como Orthographia pratica). La conexión entre Durero e Icíar es reseñada por expertos de medio mundo (es fácil comprobarlo mediante Internet) pues la labor del calígrafo durangués ha suscitado interés internacional; pero es un tema poco conocido por el público general y que, al hilo de exponer a Durero aquí, merecía de nosotros la debida atención. Agradecemos al Sr. Zugaza sus indicaciones para ello.

Los grabados de Durero se exhiben en la Planta 2. El pasillo de acceso acoge una breve introducción, con dos estampas grabadas en los siglos XVI y XVII que muestran la efigie del artista; una a edad juvenil y otra ya de sus últimos años. La pared principal del pasillo se prolonga hasta la gran sala, y en ese segundo tramo esta pared acoge ya los primeros ejemplos de Durero, precedidos por los de su maestro Wolgemut.

La forma en L de la sala permite bifurcar su obra grabada en dos líneas, tal como la produjo: por un lado, las estampas de series que se publicaron en formato de libro; y por otro lado, las imágenes grabadas como obras individuales. Estas dos líneas creativas coexistieron a lo largo de unos quince años, entre 1496 y 1511, por lo cual es indistinto iniciar el recorrido por una pared o por la opuesta.

Hemos procurado dar un enfoque didáctico y accesible a la exposición y a este catálogo. Su texto principal es en cierto modo una guía de sala, al combinar en una narración continua los comentarios sobre cada obra (cuyo título se indica en negrita) con apuntes biográficos. El libro cuenta también con tres apartados que pueden ser de utilidad para aquellos lectores que quieran profundizar más: una Cronología de Durero, que enumera sus hitos más reseñables como grabador; un Glosario de términos relativos al grabado, que explica las precisiones técnicas citadas en los textos y en las cartelas de la sala; y una Bibliografía muy básica de los catálogos que hemos consultado.

Este conjunto de obras de distintas procedencias, reunido gracias a la generosidad de muchos amigos, nos permite ofrecer un recorrido de Durero, y a la vez sobre Durero, que encenderá la curiosidad del público y de quien lea estas líneas, y que ayuda a entender por qué el genio de Núremberg sigue de actualidad, admirado y coleccionado, cinco siglos después.

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