‘La vida, la vida’, por Guillermo Ansorena

 

POR Guillermo Ansorena

GUillermo Ansorena

Conozco al soberano,

que está tan preparado,

pero tan preparado,

que parece mentira,

irreal

y antinatural.

¡Como un montaje!

¡Del que hubiera que hacer el desmontaje!

¡Igual que con los belenes y árboles de navidad!

¡Y es que los reyes son de quita y pon!

¡Y tendrían que ser de quita!

¡Y no de pon!

¡De quita!

¡Y no de pon!

Conozco al presidente

del gobierno

de la nación

que tiene tan poco poder,

que no es sino una marioneta en manos del mismo.

¡Del poder de verdad!

¡El del dinero y las armas!

¡Y habría que cortarles los hilos!

Pero todos los que conozco sin ellos,

sin hilos,

son unos pájaros,

pero pájaros de cuidado.

Conozco

al Consejo de ministros

con sus carteras ministeriales

a los que no les importa nada

que los bolsillos del pueblo estén vacíos

mientras sus carteras anden a rebosar.

Conozco a los diputados

que tienen soluciones para todos los problemas,

pero cada día estos últimos aumentan

y aquellas,

las soluciones,

como los diputados,

brillan por sus ausencias

en el hemiciclo.

Diputados más preocupados

por salir en la foto que gane el Pulitzer

y por colgarse la medalla

que por arreglar la vida del pueblo.

Conozco al Senador

que se conoce la casa de cabo a rabo,

pero no tiene ni repajolera idea de lo que se cuece en la calle.

Senador que se parece a esos cazadores

que cazan una pieza y dicen que han cazado siete

y es que están al pase de la paloma,

cuando están,

porque son de los que dicen que han hecho siete plenos

y con suerte han estado en uno.

Conozco al Presidente de la Comunidad

española

que entre lo mejor para su Comunidad

y lo mejor para España

elige esto último

y es que es más español

que andaluz, aragonés, etcétera.

Aunque luego presuma de ser

más andaluz, aragonés, etcétera

que el más español de los españoles.

Osease,

él mismo

o ella misma.

Conozco al Alcalde del pueblo

que se cree el mejor alcalde que ha tenido el pueblo en la vida

y alguno,

cosa que para muchos, por obvio, es imposible,

también se cree regir el mejor pueblo que ha tenido el país

por los siglos de los siglos.

Alcaldes que valen su peso en oro,

o en plata

y que la mayoría no son ni de bronce,

sino de hojalata

u hombres de paja.

Conozco al concejal

que dice que él es dos veces pueblo,

pero gana lo que el pueblo cuatro veces.

Concejal que sabe que dos más dos son cuatro,

pero que ignora que cuatro ojos ven más que dos.

Concejal que vive como un rey,

pero que aspira a vivir como Dios.

Conozco al vendepatrias

que por cuatro migajas

arrancadas a regañadientes a Madrid

es capaz de vender Euskal Herria

al Estado Español.

Y les conozco

y sé que si algo tienen todos en común

es que son unos vendehúmos.

Capaces de vender humo donde no hay fuego

o de vender fuego donde no hay humo.

Y conozco también

al político de verdad,

que en verdad hoy en día es el antipolítico.

¡El antipolítico!

¡Y el antipolítica!

Y es que para serlo de verdad

hay que ser revolucionario

y jugarse la vida.

¡La vida!

¡A lo Roque Dalton!

 

11 – 01 – 2020

 

 

 

 

 

 

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