‘Durango en verso’, por Guillermo Ansorena

Guillermo Ansorena 4

Guillermo Ansorena

 

Ver el amanecer,

nacer al nuevo día

desde la campa verde

del triste camposanto,

escuchar al Mañaria

al saltar la presilla

de Pinondo

o si no,

en Arripausueta

escuchar como brinca la presa

el Ibaizabal,

ver un pico naranja

o amarillo de un mirlo

o ver las plumas blancas

y negras de una urraca

o ver a una cigüeña

de camino a su nido

con un palo en el pico

volando en nuestros cielos,

contemplar que ni el paso

del tiempo ha podido

borrar las cicatrices

causadas por infaustos

bombardeos en casas

y en edificios públicos

ni de cerrar la herida

que los mismos causaron

al alma duranguesa,

escuchar como cantan

a varios buenos gallos de nuestro gran Durango

cerca del cementerio

o de las antiguas

vías del tren

que separaban

Durango de Abadiano

o por el bidegorri

de la Muruetatorre

la llegada del día

y del sol

con su luz mañanera,

pisar el laberinto de piedra desgastada

al pasar bajo el pórtico de la Santa María

y contemplar sus bancos,

columnas

y traviesas

de madera

y su torre

y reloj ya con años

que toca las campanas

con planta religiosa,

pasear por la plaza de Santa Ana

y parar ante su arco inmortal

y ver la bella plaza

con casas con relojes de sol

y el parque de Pinondo,

la fuente

y a Astarloa en lo alto

del euskera de mármol,

subir de bar en bar,

bajar de bar en bar

y volver a subir y volver a bajar

poteando por “Goien”

hasta que el cuerpo aguante

o diga por hoy basta,

llegar hasta la casa del ahorcado

y mirar por allí a nuestra villa

entre chalets de ricos

y penas de los pobres,

pararse por Tabira

y beber de su fuente

de piedra

y ver en pleno parque de hierba

y junto al río

y a la par de su iglesia antiquísima

un barrio

con solera e historia,

ver el barco alemán varado

por San Roque

como queriendo echarse a la mar

desde tierra

y navegar

sin fin

por todos los océanos,

contemplar los escudos de la villa

en iglesias,

casas torre

y palacios,

verle jugar al “Tabi”

o un partido a la “Cultu”

o al buen “Rugby Taldea”

o a cualquier otro club

que hacen grande a este pueblo

y un trabajo impagable

con la chavalería,

picar una de rabas

o de gambas

con algo de beber

en la plaza central

que es Ezkurdi

y notar su frescura

tanto como su sombra

por estar orientada

al norte

y no hacia el sur

que se muestra divino

con sus grandes montañas

una detrás de otra

desde el buen mirador

de Goiuria

o en erdera

de la ciudad de arriba,

saltar a lomos del Mikeldi

de mentira

y gritar de verdad

Mikeldi Mikeldira,

recorrer la avenida

de Kurutzeaga

y ver la iglesia jesuita

y el museo y la cruz

de Kurutzeaga

que es

un tesoro

de piedra

que nos narra una pasado

de herejes

y de hogueras

y una historia

entre bellas escenas religiosas,

entrar en el museo

de Etxezarreta

a alguna exposición

sin dejar de admirar la belleza del mismo

palacete

o pasar para ver algún show

en nuestro gran teatro

sito en San Agustín

o ir a la biblioteca moderna a leer un rato,

tomar prestado un libro

o a estudiar un poquito,

pasear por el pueblo

de Durango tan llano

y con tan pocas cuestas

y perderse en sus calles

y volverse a encontrar

y charlar con sus gentes

amables de verdad

y hablar con inmigrantes

llegados desde lejos

a esta villa

en erdera

o hasta incluso en euskera

y sentirse contento,

feliz

y agradecido

por ello

y porque aquí

se están haciendo bien

estas cosas tan justas,

ayudar a llenar,

como buen solidario,

de comida… camiones

llevados desde Herria

allá lejos,

al Sáhara,

comprar un cuponcito de la Jaed

que ayuda

y no por interés

a enfermos durangueses,

hacer un pintxo pote

un jueves

y llegar el viernes al trabajo

tarde y arrepentido

como Judas

con Cristo,

asistir a la Feria del Libro y Disco Vasco

y hacer alguna compra

y ver también de paso

en la de artesanía

a buenos artesanos

hacer obras de arte

de madera, de cuero,

de cristal o papel,

disfrutar de las fiestas

de San Fausto,

el patrón de Durango,

de día

de noche

o mediodía

o mañana

o de tarde

pues cualquier hora es buena

para ir de fiesta

en fiesta

con traje de aldeano

o la camisa blanca

y el pañuelito azul

anudado en el cuello,

presentarse en alguna

o en algunas manifas

por un convenio justo

o contra los machismos

y también sus violencias

o por un aire sano

o por el no al peaje

o por erabaki

y demás

y demás,

pasear por el barrio obrero de San Fausto

entre obreros y obreras

y sentirse uno parte

de la gran clase obrera

y del proletariado

y demás

y demás

cosas de cuyo nombre

no me acuerdo

a estas horas.

 

12 – 02 – 2020

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