Diario de un gato en el confinamiento de su humano

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POR Tiramisu

1ª Semana

 ¿Qué narices sucede que mi humano no sale de casa? Lleva una semana encerrado en mi hábitat, invadiendo mi terreno, sin dejarme solo como acostumbraba. Cómo añoro esas jornadas en las que le veía partir por la puerta y tardaba horas en regresar. Ahora solo le veo salir con una bolsa que altera sensiblemente mi sentido del olfato y tarda escasos minutos en volver. En esos momentos de soledad podía danzar por la casa a mis anchas sin que nadie me molestara y me dijera “¡ahí no!”. ¿Qué pretendes? Soy un gato, me subo donde me da la gana.

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¿Acaso se cree este humano con el que convivo que cuando no está él sigo sus normas? ¡Ja! Me subo a la mesa del comedor, bebo agua del lavabo y me limpio los colmillos con su cepillo de dientes. Cojo el mando y me pongo los documentales de La 2 para observar a mis primos lejanos viéndoles pasar calamidades, mientras yo duermo calentito bajo una manta; o los veo ¡cazando! para poder alimentarse de carne cruda y vísceras, al contrario que yo, que tengo a mi humano adiestrado para que me llene el cuenco de pienso y latitas gourmet.

A lo que iba, que me enrollo. Estos días me asomo por la ventana y no se ve movimiento por ningún lado, a penas veo esos armatostes de metal a toda velocidad que osan importunar mis numerosas cabezadas. Lo que en estos días enturbia mi panorámica más a menudo de lo habitual, es ese ser inferior de cuatro patas que los humanos llaman “perro”. En esta última semana he visto canes pasear a todas horas, algunos más veces de los que sus rechonchos y poco ágiles cuerpos están acostumbrados. He llegado a ver al perro sentado en un banco al mismo tiempo que su humano corretea por el parque con la lengua fuera persiguiendo moscas.

Sin lugar a dudas es una situación muy extraña la de convivir a todas horas con mi bípedo, a mí me tiene estresado. Cuando estoy tranquilamente echando la decimocuarta siesta del día en la butaca, me coge y me levanta para sentarse él, despertándome en mitad de un maravilloso sueño en el que estoy hincando el diente a un espléndido besugo. Lógicamente voy a saciar mi insatisfacción a mi comedero.

Con mi humano delante no puedo hacer mis cosas, siempre está pendiente de lo que hago y lo que dejo de hacer. Pero es que  mi vecino del primero me ha informado de que esta anomalía tan dramática también la está viviendo él, así que intuyo que no somos los únicos. Solo deseo que este infortunio termine cuanto antes.

¡Miau!

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