Eder: “Aquí, en Inglaterra ser autónomo es gratuito y además nos dan ayudas”

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Eder

 

“Me llamo Eder. Nacido en Alonsotegi, me he criado en Berriz y, aunque los últimos años vivía en Durango, ahora ya a hace dos años que vivo en Sheffield, al norte de Inglaterra. Y aquí es donde me encontraba viviendo y trabajando cuando llegó la pandemia.

EDER

Soy escalador y entrenador de escalada autónomo. Cuando España y demás países empezaron con la cuarentena, yo ya me lo esperaba. Pero desde el principio sabía que en Inglaterra no nos iban a encerrar como a hámsters. Es más, hasta que no volé  a visitar a mi familia en julio a Euskadi no he vivido cara a cara la cruda realidad del ya famoso covid19.

Sí, es verdad aquí cerraron los rocódromos y la gente no podía entrenar, por lo que mi trabajo se fue al traste y me he pasado  cinco meses de “vacaciones”.

En Inglaterra ser autónomo es gratuito y tenemos varias ayudas para autónomos como por ejemplo el Universal credit, lo que facilita mucho la vida a los que no podemos trabajar desde casa. Yo he vivido este tiempo con esa ayuda.

El 24 de marzo (yo cumplía 26 años), el día que Inglaterra empezó el confinamiento, me lo pasé conduciendo a Herefordshire (sur de Inglaterra) a una granja en el “countryside” -campo-, lugar que ha sido mi casa durante el tiempo que pasamos “confinados”. Cuando llegamos allí, nos pasamos 15 días sin juntarnos con nadie por precaución.

Decidí salir de Sheffield, ciudad en la que vivo, por razones más que evidentes: ¿campo o ciudad?

Más tarde ha resultado que la vida en la ciudad no estuvo tan mal… En Inglaterra muchos cafés seguían abiertos durante el confinamiento sirviendo para llevar y algunos pubs también optaron por ofrecer ese servicio, y como la gente no estaba obligada a estar encerrada, salían a pasear a correr , tomar un café o una cerveza…

Pero yo solo necesitaba un sitio donde poder construir mi espacio para entrenar y poder escalar. Así que construí un plafón de 5 metros de largo y 3 metros de alto para poder seguir entrenando hasta que salir a la roca no supusiera un riesgo innecesario de saturar los servicios sanitarios. Creo que en total fueron 40 días, que no pudimos escalar en la roca.

Me acuerdo que fui a comprar unas planchas de contrachapado y tornillos a B&Q para el plafón y mandé una foto mía con los tornillos a mis amigos. La respuesta a esa foto me extrañó muchísimo porque fue: “¿Qué haces en la calle?”.

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En Inglaterra hemos tenido mucha suerte, la verdad. Yo, creo que  en Euskadi no habría llegado al segundo día de confinamiento sin saltarme la ley. A mí, personalmente, me costaba creer que, en mi tierra, mis amigos tenían que ir a comprar el pan para poder salir de casa.

Otra gran diferencia que he visto en la nueva normalidad ha sido en la respuesta de los bares y restaurantes.  Estos días que estuve visitando a mi familia comprobé que los bares habían subido el precio de las consumiciones. Aquí, en Inglarerra, por el contrario, el gobierno les ha dado ayudas para bajar los precios a la mitad algunos días a la semana; lo cual anima mucho a la gente a salir.

Tampoco es obligatorio el uso de mascarillas aunque nosotros y nosotras estamos surtidos y surtidas de las que mandó mi ama de Alfil.be, su tienda de papelería, fotocopias y regalos en Artekalea, 9, de Durango.

Ahora ya he empezado a trabajar de nuevo. El rocódromo ha reabierto sus puertas después de haber sido reformado aprovechando que se tuvo que cerrar.

Por cierto, cuando volví después de visitar a mi familia en Euskadi y pasar unos días en Francia, no tuve que estar confinado aunque yo, voluntariamente,  me hice las pruebas del covid para estar cubierto por si alguien me decía algo.

Esta pandemia lo único malo que me ha traído a mi en mis carnes ha sido que ha interrumpido mi proyecto de volver a casa. Pero bueno, volveré cuando llegue el momento.

Aupa, laster arte!

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