Abusos sexuales en la infancia

Iñigo Zabala

Iñigo Zabala

· Iñigo Zabala (Durango, 1976) es trabajador social, mediador familiar, con Máster en Intervención Social

Los abusos sexuales en la infancia es uno de los grandes tabús de nuestra sociedad. Al parecer no existe en nuestro mundo, y menos aún en nuestro municipio, barrio, escalera… Ya que se ignora su existencia, ayer domingo 19 de noviembre se conmemoró el Día mundial por la Prevención del Abuso y Maltrato Infantil. A las 12:00 horas se celebró una concentración junto al teatro Arriaga de Bilbao.

En un país como Estados Unidos una investigación sobre el tema “descubrió” que el 24% de las mujeres y un 16 % de los hombres adultos reconocían haber sufrido abusos sexuales durante la infancia (Echeburúa y Subijana, 2008). Estos estudios se fueron desarrollando posteriormente en otros países denominados como desarrollados, es decir, nuestro mundo occidental, y los valores porcentuales de los adultos que reconocían haber padecido esos abusos, resultan ser similares, entre el 20 – 25 % en mujeres y 10 -15 % en hombres (López, Hernández y Carpintero, 2014).

Esto nos indica que 1 de cada 4 o 5 mujeres y 1 de cada 7 u 8 hombres, han sufrido abusos sexuales en la infancia. Pensemos a cuántas personas conocemos en nuestro día a día, desde compañeros de trabajo a compañeros de la universidad, desde la carnicera del supermercado al mecánico del coche… Una de cada 4-5 mujeres y 1 de cada 7-8 hombres han sufrido abusos sexuales en la infancia. Y sin embargo, nada sabemos de ellos y ellas. Viven su día a día escondiendo su trauma, su dolor… Su secreto, a fin de cuentas.

Y de su secreto surge una duda, cómo tantísimas personas parece que no existen, que la sociedad no las conoce ni posiblemente sabría relacionarse con estas víctimas. Pero, ¿qué tienen de diferente estas víctimas? En Euskadi, por desgracia, tenemos muchos tipos de víctimas, y a la mayoría de ellas se las trata de reconocer y apoyar, como medio para superar, en la medida de lo posible, las circunstancias que conllevan a convertirte e víctima.

La diferencia parece estar en la invisibilidad de las víctimas, en la insuficiente empatía social y desde luego, la consecuente necesidad de señalar el origen del abuso. Debido a que estos abusos sexuales en la infancia se producen mayoritariamente, por personas cercanas al menor y su entorno, comenzarían de inmediato las sospechas en familias, educadores, etc. Y además surge una duda adyacente, ¿tienen los profesionales que podría tener posibilidades de detección, herramientas profesionales suficientes? Me refiero especialmente a médicos, psicólogos y trabajadores sociales, en cuyas formaciones no incluyen materia específica sobre los abusos sexuales en la infancia, y menos aún sobre las graves secuelas que arrastrará ese joven a lo largo de su vida.

Es necesario tener en cuenta, que la imposibilidad del menor abusado de gestionar la situación, de mantener activa una relación con su abusador, y todos los problemas físicos, psíquicos y sociales que invaden al menor, el silencio y la invisibilidad es uno de los mejores sistemas de supervivencia que pueda desarrollar.

Cada vez que lo pienso que una de cada 4-5 mujeres y 1 de cada 7-8 hombres, se me ponen los pelos de punta… Me da miedo, mucho miedo, pero el miedo se vence hablando, sintiendo, superando. Pero las cifras de los datos cuantitativos se pueden extrapolar, dividiendo el número de personas por género entre la media estimada. El día 1 de enero del 2017, había residiendo en Durango 15.038 mujeres y 14.051 hombre (Eustat, 2017). Yo no soy un experto en matemáticas, pero si me planteo los datos anteriores 15.038 (mujeres en Durango)  / 4,5 (media estimada), nos da un resultado por el que aproximadamente 3.342 mujeres han sufrido abusos sexuales en la infancia en nuestra villa; y 14.051 hombre / 7,5 (media estimada) nos da un resultado por el que aproximadamente 1.873 hombres han sufrido abusos sexuales en la infancia en nuestra villa. Todas las personas tiene algo en común, y una de ellas, es que no están solos ni solas. Que son muchísimas víctimas invisibilizadas e invisibles. Pero ahí están, y no están solas.

Un apoyo solidario para todas las víctimas de abuso sexual que se están produciendo a día de hoy, y a todas aquellas que los sufrieron siendo niños o niñas. La culpa es siempre del agresor. Y las secuelas que dejan a inocentes niños y niñas, durarán toda la vida, aunque hay salida…

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