ALL IRON · Fútbol: Una religión en busca de un Dios

Anisia

Anisia Serendipia

Lo cierto es que a fútbol y literatura los reúne lo lúdico, pero también la videncia, esa facultad que alguien definió como reflexión vertiginosa… Quizá, lo que en verdad reúna al jugador y al escritor, sea el hecho de que ambos sueñen con resolver la jugada con la mano de Dios 

_No hay un lugar de mayor felicidad humana que un estadio lleno de fútbol_ El Césped: desde la tribuna es un tapete verde. Liso, regular, aterciopelado, estimulante. Desde la tribuna quizá crean que, con semejante alfombra, es imposible errar un gol y mucho menos errar un pase. Los jugadores corren como sobre patines o como figuras de ballet. Quien es derrumbado, cae seguramente en un colchón de plumas, y si se toma, doliéndose, un tobillo, es porque el gesto forma parte de una pantomima mayor. Además, cobran mucho dinero simplemente por divertirse, por abrazarse y treparse unos sobre otros, cuando el que se queda bajo ese sudoroso conglomerado hizo el gol decisivo. O no decisivo, es lo mismo. Lo bueno en treparse unos sobre otros mientras los rivales regresan a sus puestos, taciturnos, amargos, cabizbajos, cada uno con su barata soledad a cuestas. Desde la tribuna es tan disfrutable el racimo humano de vencedores como el drama particular de cada vencido…” Son palabras del poeta Mario  Benedetti.

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_Lo que le debo al fútbol_ Lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol. Son palabras del Premio Nobel de Literatura Albert Camus para la revista “France Football” en 1.957: Sí, lo jugué varios años en la Universidad de Argel. Me parece que fue ayer… Fue, entonces, hace bastante tiempo, de 1.928 para adelante, supongo. Hice mi debut con el club deportivo Montpensier. Solo Dios sabe por qué, dado que yo vivía en Belcourt y el equipo de Belcourt-Mustapha era el Gallia. Pero tenía un amigo, un tipo velludo, que nadaba en el puerto conmigo y jugaba water-polo para Montpensier. Así es como a veces la vida de una persona queda determinada. Montpensier jugaba a menudo en los jardines de Manoeuvre, aparentemente por ninguna razón especial. El césped tenía en su haber más porrazos que la canilla de un centroforward visitante del estadio de Alenda, Orán. Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha… Porque, después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol, lo aprendí en el R.U.A.  

 

También Gabriel García Márquez era un apasionado del fútbol y así lo dejó por escrito en el cuento El juramento, donde establece una analogía entre los futbolistas como posibles escritores: por otra parte, si los jugadores del Junior no hubieran sido ciertamente jugadores sino escritores, me parece que el maestro Heleno habría sido un extraordinario autor de novelas policíacas.

 

_Veo una vacas en una cancha de fútbol, dos pasan rozando un palo la tercera es gol_  Mis conocimientos de las reglas del juego digamos que están en Orsay, en reiterada desubicación, al punto de realizar comentarios del tipo “parada de un gol” pero, recuerdo aquello de que el hombre que juega puede hacer brillar con más luz el recuerdo de mis antepasados y veo ahora, resplandecientes aunque no se si fidedignamente, a mi bisabuelo Gabriel, platino holandés patrón de pesca que los domingos de partido en San Mamés navegaba con su barco desde Santander a Bilbao para ver jugar al Athletic; a su hijo, aquel malvado abuelo comunista Enrique, ex jugador del Racing y del Atlético de Madrid, que se exilió y fue entrenador del Burdeos y de otros equipos pequeños hasta retirarse en el Chambery; a aquel jovencísimo tío Enrique de los juveniles del Bilbao Athletic, hijo de aquel abuelo gudari, anarquista de la calle Berastegi de Bilbao que cada domingo de partido en casa iba de Elorrio a San Mamés, viejo socio del Athletic al que su hija, mi madre, cuando, enfermo desde la guerra, le llevaba al hospital del que ya no regresó, preguntó al llegar a Basurto “si quería que se dieran la vuelta y volver a casa” y que este contestó aquello de que “ya le daba todo igual porque ¡total!, ya había vendido el carnet del Athletic”. Veo también brillar plomizo aquel eclipse de sol del 11 de agosto de 1999, yendo desde Mansfield a Manchester en mi Kangoo BI-8289-CG (incapaz de aprenderme en 13 años mi siguiente matrícula esta no se me olvida) para ver jugar al United en Old Trafford. Magistral interpretación la de David Beckham en el Teatro de los Sueños de Bobby Charlton. También puedo ver a sir Alex Ferguson, lo vi una vez resplandecer muy rojo en el aeropuerto de Stansted.

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_BIZKAIA MAITE_ Leo en la página de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública que a comienzos del siglo XIX, en los montes de Triano, había mineros que explotaban de forma autónoma el mineral y personas que trabajaban como asalariados para los “tratantes de vena”. Que el proceso para poder explotarlas era la “denuncia”, el registro y obtener la concesión, el título, que les permitía explotarlas, lo que les convertía prácticamente en propietarios de las minas. Que a partir de la liberalización de la exportación de mineral, las grandes compañías mineras extranjeras se instalaron en la zona minera, con el fin de explotar este mineral de hierro. Que  a partir de 1865, comenzó en Bizkaia la explotación masiva del mineral de hierro y que a partir de este momento se intensificaron tanto las relaciones comerciales con Gran Bretaña, que a finales de 1875 se habían instalado en la cuenca del Nervión 22 compañías británicas. Que los mineros que denunciaban una mina, acudían a estas compañías extranjeras para que les analizaran el mineral extraído y les confirmaran si era rico en ley metálica. La expresión deseada por todos, escrita en el documento de análisis era la expresión inglesa: “All iron” (todo hierro), garantía de prosperidad para quien había denunciado esa mina. Pero, el recuerdo que yo tengo es el de haber leído en el Museo del Hierro de Gallarta, que los ingleses, tal vez fueran británicos, al ser llamados por los mineros cuando daban con un emplazamiento  de mayor pureza férrea, escribían con tiza la expresión “All iron” sobre el mineral. Y que los mineros lo celebraban al alirón por la correspondiente paga extra. Y que al poco comenzaron a corearlo en San Mamés, “¡Alirón!”, en la misma época en la que Dolores Ibarruri, hija de minero y natural de Gallarta, comenzaba su lucha a favor de la liberación de la clase obrera.

 

_All iron!_ Y no es por el fútbol, es por el Athletic, es por los mineros de Gallarta, es por Quintín de Torre, cuya escultura en el Museo de la Minería da visibilidad a todos los niños “pinche de mina” de finales del siglo XIX. Es por la Pasionaria, que en 1918 publicó su primer artículo en El Minero Vizcaíno bajo ese seudónimo porque lo publicó en Semana Santa, oradora sin parangón alentando a las mujeres a abandonar las lágrimas y pasar a la acción… es porque hoy, Sábado Santo de 2021, por primera vez en 118 años una mujer arbitrará en una final de la Copa del Rey, que fue Copa del presidente de la República desde 1931 a 1936,  All IRON, Guadalupe!

 

Independientemente de lo objetivamente desagradable que es que para que gane uno tenga que perder otro, el mismo Platón lo reconoció así cuando escribió: “El alma está en orsay, che bandoneón, Athletic, beti zurekin!”.

 

Y lo mismo en Indochina

que en Italia y el Japón

todos cantan las proezas

del Athletic campeón.

¡Alirón! ¡Alirón!

el Athletic es campeón”.  (Bilbao, ca 1913)

 

Y a otro le parecerá otra cosa

 

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