Anarquistas

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

No soy anarquista. Pero siempre me ha interesado esta ideología. No sé si se puede considerar una ideología o, más bien, una forma de estar en el mundo. En realidad, más que el anarquismo en sí, lo que me fascina son las anarquistas.

Hay anarquistas que dicen serlo y lo son. Otras que dicen serlo pero lo único que tienen de anarquistas es que llevan el mismo corte de pelo que gastaban cuando tenían 17 años y la mochila o la chupa llena de parches de grupos punk. Y luego hay anarquistas que lo son y que ni siquiera lo saben. Las segundas no me interesan en absoluto. Se pueden quedar con su postureo y su verborrea pseudolibertaria. Me centraré en las primeras y las terceras.

Me encanta la gente que siempre nada contracorriente. Cuya mera existencia es un acto de total y absoluta libertad. Que viven al margen de convencionalismos y normatividades, de dimes y diretes. Que no aspiran a tener una casa grande, un coche grande, un trabajo bien remunerado. No contratan hipotecas, suelen vivir de alquiler o de okupas, o moviéndose de un lado para otro. Intentan trabajar lo mínimo, porque no necesitan tener, anhelan ser. Y en ese anhelo está el mayor de sus problemas. Quieren ser libres y no les dejamos. Viven sin propiedades a su nombre, sin estabilidad laboral ni financiera, sin escolarizar a sus hijas hasta la edad obligatoria, sin cuenta corriente en banco alguno, sin seguir modas, consumiendo lo mínimo, intentando vivir lo máximo.

Desconozco si son poco o muy felices. Pero les puedo asegurar que son muchísimo más felices que ustedes y que yo, que seguimos la senda marcada. Y es por ello que las señalamos y las estigmatizamos. ¿Cómo alguien sin hipoteca y sin un trabajo medio estable puede ser más feliz que yo? ¿Cómo alguien que se pasa por el arco del triunfo convencionalismos sociales y el qué dirán puede andar por la calle con la cabeza bien erguida y una sonrisa de oreja a oreja? ¿Cómo puede estar satisfecha una persona que lleva el mismo pantalón o sudadera que hace cinco años y no aspira a consumir más? Ni de coña. Hay que putearlos hasta que balen al son del rebaño.

No toleramos al diferente. Y mucho menos si es diferente por no someterse como nos sometemos nosotras, por no seguir la melodía que marca el flautista, por vivir sin miedo mientras nosotras nos cagamos por la pata abajo. No sólo no lo toleramos sino que, además y sobre todo, le tenemos una envidia más que cochina. Que nos corroe por dentro.

Conozco a varias de estas personas. Aurora, Bea, Zoraida, Silvia, Mónica, Yolanda… Seguro que me dejo más de un nombre en el tintero. Sabed disculparme. Algunas de ellas se definen como anarquistas y otras no. Algunas de las primeras juran y perjuran que yo también soy anarquista. Ni en mis mejores sueños. Qué más quisiera.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.