Aquellas navidades de cuando éramos niñas

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Sor M. Olatz

Todas y todos guardamos mogollón de recuerdos de la Navidad que pasábamos siendo niños o niñas con la familia y amistades.

¡Qué felicidad era aquella de ver el movimiento que se montaba en torno a las fiestas navideñas durante los días que les precedían! Además estábamos de  vacaciones. Para nosotras tenía una magia especial: La Magia de la Navidad es una frase que me gusta mucho. Todo era  alegría, armonía y felicidad, por lo menos es lo que experimentábamos los más pequeños de casa.

Creo que teníamos o nos contagiábamos de una felicidad interior que nos salía a todos de lo hondo del corazón, pero no sé explicar el por qué. En esa época es en la  que se siente con más fuerza la familia, el estar todos juntos y se siente con mucha fuerza, además, teníamos una gran capacidad de asombro, todo nos llamaba la atención. La casa se adornaba como se podía, o como se estilaba entonces, los escaparates de las tiendas, aparecían las cajas de mazapanes, turrón Alicante y Jijona y también el pan de Cádiz. Creo que no había más clases, para nosotras todo era el síntoma  de la “Navidad”. Entonces no sabíamos ni lo que era la “sociedad de consumo”, sabíamos que nacía el Niño Jesús y poco más, que venían los Reyes Magos y que lo pasábamos muy bien.

 

Vivíamos con mucha ilusión el ir cantando villancicos por la plaza de la música, por los bares, allá donde más gente  hubiera  nos ilusionaba. Nosotras éramos cuatro amigas: Kontxi Miranda, Mari Carmen Eguiguren, Itziar Iceta y yo. Me cargaron con la bolsa y a voz en grito cantábamos: “Haur Eder baten bila…” o “Belengo portalean Jesus jaio dala…” y etc. Un buen repertorio. Ttodos los cantos los llevábamos bien ensayados por el P. Fermín Altube ofm. Antes de cantar el día 24 de diciembre íbamos al fotógrafo para guardar el obligado recuerdo  para la posteridad. Aquí un ejemplo:

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Lo primero era ir a la villa Monte Mar donde vivía el Señor Obispo Don Mateo Mugica. Nosotras le conocimos ciego. Vivió bastantes años en Zarautz hasta que murió. Tuvo problemas en tiempos de  guerra, que si no firmó una carta, etc.;  como consecuencia creo que le mandaron a Roma como destierro y luego vivió en nuestro pueblo. Nosotras le queríamos mucho aunque los sermones nos parecían largos. Un sermón en castellano y otro tanto en euskera, total larguísimo. Cuando nos enterábamos de que iba a estar en la parroquia Monseñor Mateo Mugica procurábamos ir a los frailes.

Los primeros villancicos eran para él “… eta zu nongoa zera…? Eta zu…? Eta zure izena…?”, le cantábamos, le dábamos un beso cada una y todos contentos.

Luego el jaleo de la plaza hasta la hora de ir a casa, un año hasta salimos en  el  periódico sería el “DV”, pero no lo sé. Nosotras ya éramos felices porque era un toque adicional para  animar la Navidad zarauztarra. Siempre teníamos algún pique con el P. Altube porque a los chicos les ponía el repertorio más bonito; cosas de niñas. Pero los chicos no salieron en el periódico.

Al fin a casa, venía el novio de Carmen, en familia… ¡Qué felicidad! Después de la cena nos brotaban algunos cantos, chistes y el buen humor que no faltaba.  Como los frailes estaban cerca, a mi hermana, la que me sigue a mí, se nos ocurría ir a la Misa del gallo, porque también iban las amigas. La iglesia solía estar llena. Casi toda la misa pasaba queriendo despertarla: “que ahora de pie,” “despiértate… que es la consagración…”, para eso mejor que no vengas…,  pequeñas odiseas.

Casualmente salían tres cacho frailes grandes y los tres de Errezil. Creo que eran los más altos del convento: Celestino Zabala, Eugenio  Aguirretxe y Joxe Ignacio  Ibarbia. No sé si les tocaba en rifa o qué,  para mí eran altos y hermosos.

Cantábamos en la misa del gallo “Paz en la tierra para todos y todas…”, pero no parece que esto se cumpla. ¡Cuántos durante estos días no tienen nada o casi nada para comer! Cómo vamos a decir  que Dios ama a todos por igual. Yo desde luego no meto a Dios en estos asuntos para nada, hay otros intereses más oscuros o de otro tinte…, los llamados pecados estructurales, organizados… Si ahora no tengo mucha idea antes ninguna sospecha.

Así pasábamos las fiestas llenas de admiración contemplando los belenes de las iglesias. Haciendo nuestra crítica y catalogando según el criterio de más a menos bonitos. Hasta que llegaban los Reyes Magos: “Ama, etorri al  dia??? “Ez!!!, lo egin…”. ¡Qué nervios!

En Zarautz salía la cabalgata. Yo ya sabía quiénes cantaban; pararon frente al bar Joxe Mari en la plaza de la música. Melchor era de allí y su hija estaba en brazos de su madre y cuando empezó a cantar…: “Errege naute … mendekoak neri…”, dice la niña “aitatxoooo…” niña espabilada, cómo le conoció a su aita con las barbas blancas y toda la melena rizada…

El   chiste es que cuando fui al convento las primeras Navidades –seguían con las costumbres antiguas- tuvimos la siguiente cena en Nochebuena. Fue en el noviciado de Bidaurreta, Oñati. Puerros con patatas y 5 higos de postre. Otra zarauztarra amiga mía Marilo Aizpiri y yo estábamos desoladas en todos los sentidos. Aparte de recordar a la familia reunida con aquel ambiente nos derrumbamos.

Por lo que nos contaron ese mismo año en Durango fue del mismo estilo, cuando volvimos después del año canónico de noviciado ya la cosa cambió. Los siguientes años  comenzamos a celebrar la Navidad  como lo hacen en cualquier otra casa.

Cada una tiene sus recuerdos o anécdotas,  mirándolo desde   el momento actual me hace gracia; pero pasamos lo nuestro.

Ondo igaro ba aurtengo Gabonak eta Zorionak! Urte Berria 2018a ere ona etorri dedila!

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