Autoestima (y III): algunos conceptos centrales

Jon Fernández

Jon Fernández

Vamos a terminar la trilogía de la autoestima (hay que ver cómo me he venido arriba con este concepto, ¿eh?) con una serie de frases de calado profundo. Cada una de estas frases resume un gran concepto de la autoestima. Son ideas muy simples, pero están formuladas para motivar la reflexión.

Tómate tu tiempo, paladéalas, siéntelas resonar dentro. Algunas de estas ideas fluirán por tu interior como un arroyo, sin encontrar grandes obstáculos. Otras pueden resultar liberadoras, llenarte de optimismo y reconciliarte contigo mismo. Otras pueden enfadarte, y encontrar resistencias. Sea como sea, está bien, no vamos a juzgarnos. Ahí van:

· La prepotencia es igual a baja autoestima.

Las personas con una sana autoestima se sienten felices por ser lo que son, disfrutan de la experiencia de ser ellos mismos. Las actitudes de fanfarronería o chulería, lejos de ser síntoma de que una persona “se quiere mucho” (como he oído decir en más de una ocasión) son una compensación fruto de una muy baja autoestima. Con el añadido dramático que esas personas se han alejado tanto de su verdadero sentir, tienen tanto miedo a ser descubiertas, que están interpretando el papel contrario.

· Tener éxito no significa tener una alta autoestima ·

No es difícil encontrar a personas que han alcanzado grandes logros en terrenos profesionales y públicos pero que viven con una sensación de insatisfacción constante, incapaces de disfrutar de lo que tienen. Siempre hambrientos, nunca satisfechos. Aunque es cierto que las personas con buena autoestima confían más en sus posibilidades, perseveran, y eso les hace tener más posibilidades para lograr sus metas, lo que verdaderamente define una buena autoestima es el hecho diferencial de haber elegido tus propios objetivos, y ser capaz de gestionarte en dirección a ellos siendo consciente de que existen limitaciones internas y externas.

Poco importa que se llegue a presidente del gobierno de los Estados Unidos (por poner un ejemplo, eh…), si lo que ha motivado esa aspiración es una constante, y probablemente inconsciente, sensación de falta de valor propio, ningún éxito llenará ese vacío.

· Soy lo que soy, siento lo que siento, he hecho lo que he hecho ·

Y bien, puede que contestes: “Pero lo que soy no me gusta, lo que siento me duele y me arrepiento de lo que hice”. Vale, pero eso no cambia nada. Ahora mismo eres lo que eres y sientes lo que sientes, no tiene porque gustarte, no tiene porque encajar con tu ideal de ti misma. Así están las cosas. El comienzo es acercarse a la realidad tal y cómo es, sin distorsionarla ni negarla.

La autoestima se eleva cuando somos capaces de integrar en nuestro autoconcepto todo lo que somos, también lo que desearíamos cambiar. Si siento miedo o dolor, lo estoy sintiendo, (lo que es verdad es verdad). No lo racionalizo, ni lo niego, ni me convenzo a mí mismo mediante mil explicaciones que lo que siento es en realidad otra cosa. Siento lo que siento y lo acepto, no retuerzo la realidad. Lo que es, es.

Si necesito perdonarme algo, ¿cómo voy a hacerlo si no reconozco haber errado? Si alguna parte de mí necesita cambiar ¿cómo va a cambiar si ni siquiera la siento mía? La aceptación es la llave que abre la puerta al cambio. Sin consciencia y aceptación solo hay bucles de dolor.

 · Soy el responsable de mi vida y mis actos ·

Qué rabia sentía yo cuando iba a terapia quejándome de mis padres, la vida, la universidad y demás y mi psicóloga (y querida mentora) me daba la vuelta a todo el pastel para que yo me centrara en mi responsabilidad en todas las situaciones que le ponía encima de la mesa. “¡Me extrañaba a mí que no tuviera yo también la culpa de esto!”, le decía yo y ella se reía.

Y es que no se trata de culpa, sino de responsabilidad. No podemos ir por la vida pensando que somos víctimas de todo lo que nos ocurre. Eso nos deja en una posición muy vulnerable y nos arrebata nuestro poder real. Aceptar que somos en parte creadores de nuestras propias circunstancias es terrorífico, porque significa que nadie va a venir a salvarme, que tengo que “hacer cosas” para vivir la vida que quiero vivir. No es que estemos solos en la vida, nuestra red de amigos y familiares es de un valor incalculable, pero hay cosas que solo nosotros podemos hacer por nosotros mismos.

La parte buena es que ser responsable de nuestra vida también significa ser protagonistas de ésta. Es decir, creadores.  

· Tengo derecho a existir ·

Tengo derecho a estar vivo, a ocupar mi espacio en la tierra, a tener voz, a sentir, a respirar, a ser. Tengo derecho a elegir mis propios valores, a cometer mis propios errores, a no cumplir tus expectativas. Tengo derecho a decir no. Tengo derecho al amor y a la felicidad.

Tengo derecho a existir.

¿Lo tienes claro? ¿Seguro? Dilo delante de un espejo, mirándote a los ojos. ¿Te crees?

Quiero terminar esta serie de artículos agradeciendo las muestras de interés que me han llegado. Es evidente que este es un tema que a todos y todas nos importa, porque a todos nos afecta. El viaje de la autoestima no tiene meta, es un compromiso vital. Lo importante es caminar. Gracias por haberme acompañado en este tramo.

 · Jon Fernández, autor de este artículo, estará impartiendo un curso de 2 horas semanales sobre autoestima en Iurreta desde septiembre a noviembre. Si estás interesada en saber más  manda un mail a anderebide@gmail.com y apúntate, las plazas son limitadas.

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