Buena viene

RAFA HIDALGO

Rafael Hidalgo

Se dará por acabado el estado de alarma. Atrás quedarán los dramas consecuencia de los fallecimientos habidos y las secuelas de los supervivientes. Geguiremos expectantes tanto la presunta réplica como la esperada aparición de la vacuna que nos ponga a salvo de esta pesadilla y… arrancará la economía como lo hace ese kilométrico tren chino que hace el recorrido entre Yiwu y Madrid a lo largo de 13.000 kilómetros, es decir, con una desesperante lentitud.

Muchas pequeñas y medianas empresas se habrán quedado en el camino. Los turistas irán ganando confianza poco a poco. El sector de servicios turísticos – hoteles, restaurantes, aviación comercial, agencias de viaje y las empresas auxiliares que las sirven- pondrán en marcha el desarrollo de su actividad en función de cómo se mueva la citada confianza de los viajeros. Pero este proceso tendrá su intríngulis ya que los sectores indicados precisan de un masa crítica suficiente que les garantice su umbral de rentabilidad y así por ejemplo si un hotel no ha recibido reservas en un determinado porcentaje no abrirá sus puertas y otro tanto de lo mismo ocurre con las compañías aéreas, agencias de viaje…

El paro en este área, así como en el resto del sector servicios y la industria, aumentará de manera considerable.El consumo se reducirá por la doble condición de falta de confianza y escasez de medios y de esa espiral nos costará salir un largo periodo de tiempo, tiempo que se puede prolongar si se produjera la temida réplica y se demorara la aparición y aplicación de la vacuna, que esa será otra.

El trabajo se convertirá -más aún- en un bien escaso y a las personas empleadas no les quedarán muchas ganas de reivindicar una mejora en sus condiciones porque, en general, tendrán un trabajo precario y mal pagado, pero trabajo al fin y al cabo y en esas condiciones los sindicatos habrán perdido presuntos clientes por los que batallar.

Las cuentas de resultados de las compañías se resentirán fuertemente y una tentación que no superarán -demostrando su condición humana- será la de intentar bajar la participación del coste de su mano de obra, ejercicio que dada la precariedad existente en el mercado de trabajo constituirá para la clase patronal un ejercicio tan fácil como el de pescar sardinas en un barril.

De modo que los contratos por agencias, las subcontrataciones, los falsos autónomos, las contrataciones temporales, los contratos a tiempo parcial, los contratos horarios, los de formación, los de becarios, los contratos basura… proliferarán como nunca lo han hecho y por si todo eso fuera poco, los escasos derechos laborales existentes serán ignorados olímpicamente.

En plena pandemia se pensaba que las cosas no serían las mismas una vez superada la crisis sanitaria y entre ellas una idea extendida era que las relaciones capital -trabajo cambiarían de forma radical-, pero no nos engañemos y recordemos que el capitalismo se sostiene sobre la precariedad y la desigualdad y así ha sido, es y seguirá siéndolo en tanto perviva. De modo que, como consecuencia de la pandemia provocada por el covid-19, el desigual reparto de la riqueza se acelerará y el miedo aumentará entre la clase trabajadora, lo que hará que los empleadores verán aumentar su potencialidad y en consecuencia empalmaremos esa crisis que se avecina con la económica que explotó en 2007 y cuyos efectos todavía se hacen notar. De ese panorama deriva el título de BUENA VIENE.

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