Carta abierta de un objetor fiscal

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Josu Arteaga

Desde mis años más mozos tenía claro que no aceptaría la conscripción militar. Eran los tiempos de la mili obligatoria y del comienzo de la insumisión. Años duros. Amigos que iban a parar a las cárceles. Pancartas, reuniones, asambleas, coordinadora Kakitzat, txosnas para financiar las campañas, manifas, palos y detenciones, visitas a los insumisos presos, autoinculpaciones de sindicalistas, feministas, padres, madres, herman@s, sacerdotes… que nos decían que no estábamos solos en aquella pelea brutal, de unos pocos chalados, contra un estado soberbio y monopolizador de la violencia. Fue duro.

Alguno incluso, como Kike Mur, dejó su vida en prisión. En aquella pelea que ya parece historia: reímos y lloramos, teníamos miedo y éramos valientes a la vez. Siempre buscando la manera de llevar la pelea a nuestro terreno: Objeción a la mili e insumisión posterior a la PSS, Insumisión total no presentándose a juicio y pasando a la clandestinidad, insumisión cuartelera para ser juzgados por la justicia militar, acciones como la de la pintura frente al gobierno militar de Bilbo, alegrías, tristezas, victorias, fracasos…

Y la mili desapareció porque 20.000 chavales respaldados por mucha gente (el famoso colchón social) dijo que NO a la conscripción militar obligatoria. Mi error personal y también colectivo fue pararnos ahí. No continuar profundizando la brecha.

Hoy, retomo aquella pelea y digo que pagaré impuestos pero no para financiar ejércitos o rescates de bancos y que ese dinero lo dedicaré a proyectos sociales, autogestionados, culturales, cajas de resistencia de huelguistas o lo que considere oportuno por edificante y ético.

Hacer objeción fiscal es muy fácil. Lo que más cuesta es decidirse, quitar el miedo y tener claro que somos capaces de cualquier cosa, porque seguimos llevando un mundo nuevo en nuestros corazones, un mundo que no cabe en este mundo triste de guerras, refugiados, rescates bancarios, paraísos fiscales para los ricos y desahucios y multas para los pobres.

Por todo ello este año me he hecho objetor fiscal. Creo que no será el último. Un abrazo fraternal.

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