Catalunya, algunas lecciones

Niko Moreno

Niko Moreno

· Niko Moreno es militante de EHBildu y exalcalde de Elorrio

Tenemos que ser conscientes y disfrutar con la enorme lección de dignidad política, determinación, y capacidad de unión y organización en torno a un objetivo común, explícito y explicitado; en definitiva, sensación de país, que nos están brindando los partidos, instituciones, organizaciones civiles y culturales y los miles de hombres y mujeres que hoy velan y esperan a ese 1-O en Catalunya.  Los factores que han permitido este momento son diversos y variados, pero se han ido sucediendo de un modo natural, lógico y visible. El pueblo catalán perdió su apuesta por un Estatut renovado. Siendo más precisos, un estado “trilero”, el español, le birló la bolita de su autogobierno mejorado con una jugada-trampa. También le amordazó su ley de educación y luego le condenó al banquillo autonómico junto al resto de territorios “españoles”.  A partir de ahí la indignación dió paso a un transformación imparable, y mientras el soberanismo se despertaba, se reivindicaba, se estructuraba y conseguía crear un entramado verdaderamente transversal en lo político, en lo social y en lo económico, el centralismo español, arrogante y torpe, ni ha olido todo ese proceso, o, peor aún, lo despreciaba pensando que con dinero se arreglaría llegando incluso a acuñar el término soufflé para referirse a él.

Esta ceguera orgullosa se encuentra ahora con un procés en fase resolutiva, alimentado desde la base y con un objetivo irrenunciable: Demostrar al mundo la soberanía del pueblo de Catalunya a la hora de decidir su futuro. Si ese futuro es independiente o no sólamente lo decidirán las mujeres y hombres de Catalunya y para ello han hecho todo este camino, no necesariamente para ser independientes, sino para decidir, esa es su soberanía. El soberanismo defiende su libertad, el estado español la niega y agrede. Unos avanzan firmes, a la luz del día y con el objetivo y el método hace tiempo declarados. Otros esperaban que el soufflé se deshinchara y ahora, nerviosos, se han dado cuenta de que el imperialismo español, casi 120 años después de Cuba, aún puede seguir perdiendo territorios.

La guerra total, el choque de legitimidades, está a punto de darse. Si Catalunya saca las urnas a la calle, si es capaz de defender y enseñar su soberanía un sólo día, habrá ganado, independientemente del resultado. Para ello se han organizado y han trazado toda una hoja de ruta. Han trabajado y estructurado, sin alardes, la fase constituyente, la diplomacia, la economía, incluso la desobediencia al más alto nivel. Toda una lección. Enfrente un adversario incapaz pero también inmodesto y engreído sin más plan que comprar árbitros y amenazar con cárceles, policía y ejércitos. Democracia y compromiso frente a fuerza y delegacionismo. A partir del 2-O nada será igual, pero en estos días previos, la equidistancia es el silencio cómplice que buscan quienes quieren aplastar al proceso democrático.

Deberíamos felicitarnos por vivir tan de cerca estos momentos de efervescencia ciudadana y democrática que se dan en Catalunya, a la par que tendríamos que ser capaces de extraer lecciones de los mismos y también de mirar al pasado reciente de nuestro país para darnos cuenta de que ese tren, parecido al que ahora dicen va a chocar con el de España, pudo haberse puesto en marcha aquí. Quienes  deseamos poder ejercer democráticamente nuestro derecho a la autodeterminación tenemos un espejo en Catalunya, pero no solo eso, quienes, desde España dicen querer instaurar un nuevo proceso constituyente, deberían darse cuenta de que la llave para ello está también en el procés. Una victoria del rancio constitucionalismo del 78, ese que en 38 años aún no ha cumplido el Estatuto de Gernika,  no hará sino afianzar y envalentonar a quienes sólo tienen un objetivo, el antes roja que rota.  Esto no va de legalidades, esto va de democracia.

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