¿Comamos y bebamos que mañana moriremos?

Alberto Sergio

Alberto Sergio

· Alberto Sergio Fernández (Durango, 1977) es maestro de Primaria y licenciado en Teología, así como candidato a Diácono permanente en la Diócesis de Bilbao

Queridos amigos lectores:

En alguna ocasión podemos encontrar pasajes del Evangelio en que Jesús habla de catástrofes o bien predice un futuro de calamidad, y es un estilo literario que quizá en otros tiempos ha sido utilizado para atemorizar a la gente. Sin embargo conviene señalar dos aspectos. Por un lado, si uno lee en su totalidad el Evangelio observa que ese no es el estilo habitual de Jesús, que este tipo de pasajes brillan por su ausencia. Y por otro, ¿cuál es la verdadera intención de Jesús? Ciertamente que no es atemorizar a nadie. Jesús siempre nos habla con cariño, nunca pierde la alegría de haber entregado su vida para que nosotros seamos felices, para nuestra salvación.

Jesús está hablando de una manera de afrontar la vida; es necesario señalar que es un texto escrito donde los oyentes estaban perseguidos por su fe, tal y como lo están aún en muchas partes del mundo, de manera que habían de oír que se trataba de algo que ya estaba previsto por Jesús, que esas persecuciones que están padeciendo o bien esas incomprensiones, u otras injusticias, a veces terribles, también en nuestra propia sociedad occidental, no deben desanimarles de seguir viviendo la propuesta del Evangelio. Jesús nos propone una manera de afrontar la vida desde la comprensión de lo que está ocurriendo y la esperanza de que en Dios nada nos falta; que lo que nos rodea puede estar totalmente desorientado y carente de verdadero sentido, e incluso que tiene fuerza como para afectarnos, pero que poniendo la esperanza en el Dios del Amor y perseverando en ello llegará el momento en que nuestros anhelos y nuestras inquietudes humanas más profundas y verdaderas quedarán colmadas.  Es fácil en las dificultades caer en la tentación de  interesarse sólo por el bien personal, ignorando todo lo demás; pero eso le lleva al hombre a la despersonalización, a alienarse, a ser esclavo de sus pasiones… Jesús quiere hombres y mujeres libres y por ello advierte de la necesidad de vivir junto a Él, lo que nos llevará al reflejo natural de entregar la vida, de vivir al servicio, ocupado antes de los demás que de uno mismo.

Esta semana, estamos en la novena de Pentecostés, esperando la venida del Espíritu Santo. Jesús dice que el don del Espíritu Santo se da sólo a quien lo pide en la oración. Y es que ¡qué importante es orar para enterarse de estas cosas!  En el cenáculo, durante nueve días, desde la ascensión hasta Pentecostés, los apóstoles perseveraron en la oración junto con María la madre de Jesús. Fijaos qué bonito. A los discípulos se les da el Espíritu Santo estando en oración con María. Hace un par de años conocí a un cura que nos dio unos ejercicios a los seminaristas que dijo una frase que aún recuerdo, la gozosa experiencia de rezar con María; por ella recibirán en abundancia el don del Espíritu Santo. Y es que no se puede ser cristiano sin oración, y no hay mejor ejemplo de seguidora de Cristo que María. También Jesús oraba. Una oración en la que Jesús transforma su preocupación en plegaria: Padre, “¡Cuídalos en tu Nombre, el nombre que Tú me diste, para que sean uno como nosotros!” (Jn 17, 11) Para los judíos en el nombre está contenida la esencia del ser… Así, si recordáis, Moisés le pregunta a Dios “¿Quién les digo que me envía? A lo que escucha la respuesta: diles que Soy el que Es (eso es lo que significa Yahvé)… (cfr. Ex 3, 13ss).  La esencia de la existencia… Dios es, nosotros existimos… Así es como Dios crea, está creando, es la esencia de la creación; los hindúes expresan esta idea con una hermosa metáfora, Dios baila la creación. La relación entre el creador y lo creado es como la del bailarín y su danza… Hermoso, ¿verdad?

Y todo lo que hizo Jesús lo hizo en ese Nombre, a quien descubrió como Padre, con quien se hizo Uno (Jn 17, 11); con quien Jesús tenía una relación filial como estamos llamados nosotros a tenerla. Pues nos ha llamado para estar con Él y predicar el Evangelio. Y he ahí la clave: estar con Él. No es posible vivir una vida cristiana sin pasar tiempo suficiente con el Espíritu, en oración, a la escucha de su Palabra, meditándola; y de ahí nacerá la oración y el servicio a los otros, en particular a los más necesitados, a los que viven en situaciones de marginalidad y periferia, pues esto es amar, y es diferente que hacer política; y es diferente que “estar enamorado”. Pues el amor es un acto libre, consciente y voluntario que busca el bien del otro. Eso es el amor. Y eso se descubre cuando uno experiencia el profundo Amor puro y desinteresado que tiene Dios le tiene. Y una vez viviendo en esta clave, alrededor puede pasar cualquier cosa, que nada me faltará (cfr. Sal 22).

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