¿Con qué dinero?

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

¿Con qué dinero? Es la pregunta que se nos plantea ante cualquier reivindicación de tipo económico. ¿Con qué dinero se sufraga un aumento de las pensiones? ¿Con qué dinero se paga la atención a las personas dependientes? ¿Con qué dinero se pone en marcha un sistema de cuidados? ¿Con qué dinero aumentamos el SMI?

Pues a mí se me ocurren varias respuestas. Con el dinero con el que se rescatan autopistas de pago. Con el dinero que se utilizó para el rescate bancario, mucho del cual salió del fondo de las pensiones. Con los más de 1.200 millones de euros que se van a destinar durante los próximos tres años a aumentar el sueldo de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Con los más de 11.000 millones de euros anuales de subvención a la Iglesia católica. Con el dinero con el que hace unas semanas se ha incrementado en un 24% las dietas de las diputadas del Congreso. Con los más de 10.000 millones de euros que España debe destinar a adquirir nuevo armamento según la OTAN. Con el dinero destinado a pagar las pensiones de los ministros que anteriormente hayan sido eurodiputados, y que desde hace unos días pueden compatibilizar con su sueldo. Y si aun así no llega, habría que sacarlo de otras partidas presupuestarias.

Se nos quiere engañar diciendo que no hay dinero. Y no es cierto. Dinero hay el mismo que antes. O incluso más. No se ha evaporado o volatilizado. Lo que sucede es que, como siempre, está mal repartido. Ya lo estaba antes de esto que han dado en llamar crisis, y que no me cansaré de reiterar que no es otra cosa que el sistema capitalista que funciona así.

Pues eso. Que dinero sigue habiendo. Lo que sucede es que se lo han dado a los bancos y a las empresas que gestionan las autopistas que se construyeron con nuestro dinero. Lo sigue recibiendo la Iglesia en forma de subvención. Se destina a comprar armamento y a incrementar el sueldo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. A sufragar menús del día y cubatas en el bar del Congreso de los Diputados. Y, permítanme una última demagogia, a mantener una Casa Real que es como mantener un jaguar en el garaje mientras sólo se tiene en la nevera un limón pocho y un yogur caducado.

Durante las últimas décadas han intentado que creamos que una cosa es la economía y otra la política. Que van separadas. Que los políticos no pueden decidir en temas económicos. Y es falso. Decidir a que se destina el dinero público, en qué partida se invierte y en cuál no, qué es prioritario y qué accesorio… es sólo cuestión de voluntad política. Pero claro, hoy en día un gobierno, cualquier gobierno, no es más que un grupo de marionetas al servicio del verdadero poder.

Y aunque no fuera así, habría que tenerlos cuadrados (perdón por esta expresión tan soez a la par de que machista, pero creo que sirve muy bien para ilustrar lo que a continuación explico) en esta España de charanga y pandereta, de cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, para llegar a una rueda de prensa tras un Consejo de Ministros a explicar que no se va a aumentar el sueldo de la Guardia Civil y la Policía Nacional y que se retiran las subvenciones a la Iglesia católica porque ese dinero es necesario para pagar unas pensiones dignas a quienes verdaderamente levantaron el país durante toda su vida, o para poner en marcha un sistema de cuidados para que dicha tarea no recaiga sobre las espaldas de las mujeres. Antes de terminar la susodicha rueda de prensa los tanques ya habrían tomado las calles, y se habrían convocado manifestaciones mucho más numerosas que las que recorrieron las calles de Vigo y Sevilla en agosto de 1995 cuando quisieron descender al Celta y al Sevilla a 2ªB. Que ya es decir.

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