En cualquier país un poco serio

 

Juan-Carlos-Poderoso-Mugalari

Juan Carlos Poderoso

En cualquier país un poco serio (ya sabemos que en el nuestro no es el caso), ante el resultado del desprendimiento ocasionado en una vía de la importancia de la AP-8, que une toda la Cornisa Cantábrica, y que a costado la vida de dos personas y gravísimas repercusiones en la cotidianidad de miles de ciudadanos, el máximo responsable de esta infraestructura se debiera sentir interpelado, cual moción de censura, en su gestión, y en vez de poner a trabajar, a marchas forzadas, a su equipo de comunicación para salir airoso del trance, asumir su responsabilidad que se supone adherida al cargo, con la contundencia que ello requiere. Esto es: dimitir.

Dimitir porque no es baladí el haber estado ciego para no ver el claro peligro potencial que suponía el permitir un vertedero de semejantes características encima de la AP-8, pero sí muy lucido para cobar peaje a quienes  asumían el riesgo de pasar bajo el, con la falsa promesa de seguridad y comodidad, en una infraestructura por la que sigue cobrando 17 años después de terminada la concesión.

Dimitir porque su meta al frente del Departamento de Infraestructuras a sido llenar nuestra antaño idílica Bizkaia de ormigon y asfalto con una planificación cuyo fin, mas que favorecer la racional movilidad de los ciudadanos a los que representa, parece estar planificada para satisfacer los ávidos beneficios de cementeras y constructoras como lo demuestra la prolongación de la inutilizada Súper Sur (autentico cementerio de dinero público), que conlleva la destrucción de la reserva natural del Bolintxu, las variantes construidas en paralelo a la AP-8 innecesarias en costo económico y ambiental de haber liberado el peaje al finalizar su concesión en 2003, y un considerable etc.

Pero el Sr. Pradales  viene disfrutando del beneplácito de su su partido, el PNV, para esto y mucho más, desde que accedió al cargo y sus primeras medidas fueron adquirir para el 7.200 acciones de la constructora Sacyr, a la que se le adjudico las obras de la variante de Igorre y los túneles de Autzagane, y desde entonces sigue, no precisamente por su perfil competencia, en el cargo, cosa que no sucedería en cualquier país un poco serio.

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