El diputado, el pescatero y la tienda de ropa de Natalia

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

No se dejen engañar por el título. No voy a contarles una fábula de Esopo en plan “El caballo, el ciervo y el cazador” con moraleja final. Lo de hoy va más de película gore.

Esta semana el Diputado General de Bizkaia, Unai Rementeria, acaparaba toda la atención en las redes sociales tras publicar un tuit. En dicho tuit alababa la actitud de Andoni, un pescatero de Barakaldo que se levanta todos los días a las 4:30 horas para ir a comprar género que después vende en su pescadería hasta bien entrado el mediodía. Tras comer, por la tarde, acude a trabajar a otra empresa hasta las diez de la noche. Todo ello sin quejarse y sin pedir ayudas.

No tardaron las redes sociales en incendiarse tras la defensa a ultranza que el señor Diputado hizo de la precariedad laboral. El mismo Andoni tuvo que abandonar su anonimato y salir a la palestra para aclarar que si tiene dos trabajos es por necesidad y no por diversión. Y que sí solicita ayudas para salir adelante, aunque las de la Diputación casi brillen por su ausencia.

En diciembre de 2018 el Diputado General de Bizkaia, señor Rementeria, visitaba la Villa de Ermua. En su visita se reunió, entre otras, con los y las comerciantes locales. Una de esas comerciantes es Natalia, que regenta una tienda de ropa en la céntrica calle Zubiaurre. En dicho encuentro Natalia le trasladó a Rementeria sus preocupaciones como comerciante local. Sobre todo los altos precios de los alquileres y las pocas o nulas ayudas públicas a este respecto, amén de la competencia y presión que ejercen las grandes superficies y la venta por internet.

Pero claro, estamos en campaña electoral y todo es aprovechable para hacer propaganda y salir en la foto, aunque sea un encuentro que se produjo hace medio año. La memoria prodigiosa de Rementeria dio lugar el  mismo día del tuit sobre Andoni a otro tuit donde los protagonistas fueron Natalia y su tienda de moda, pero sobre todo el ego del señor Diputado, el cual parece no conocer límites.

Como el arriba firmante conoce a Natalia, tras ver el tuit le pregunté a la interfecta por su encuentro con el señor Diputado General. La respuesta de Natalia en absoluto llegó a sorprenderme.

Natalia había acudido a un encuentro del Diputado General de Bizkaia con la ACHE, la asociación de comerciantes y hosteleros de Ermua. Ella se limitó a trasladarle al máximo responsable público de Bizkaia sus problemas y preocupaciones. Dicho responsable, el señor Rementeria, aprovechó el encuentro, que recuerdo se produjo hace seis meses, para hacer campaña electoral como así lo atestigua el dichoso tuit y, para más inri, un titular en el diario Deia. Natalia está molesta por el uso que ha hecho Rementeria de su encuentro. Nadie le consultó si estaba de acuerdo con que se hablase de ella, de su negocio, de sus problemas. Y que lo que da a entender tanto el tuit como la noticia en el Deia es una estrecha vinculación entre Natalia y el partido de Rementeria. Vinculación que no existe ni con el PNV ni con ningún otro partido. Natalia es una chica que se dedica a vender ropa, no a hacer política, y lo quiere dejar bien claro.

Para rematar la faena, me voy a permitir la osadía de decir al señor Rementeria y a todas las responsables públicas de la CAV que tienen en sus manos la capacidad de hacer más por el comercio local, que lo que este necesita es menos licencias que permitan la apertura de grandes superficies. Que no se puede legislar a favor de Dios y del diablo al mismo tiempo. Que no se ayuda al comercio local abriéndole a Amazon las puertas de par en par, y tampoco recalificando suelo industrial para hacer más hipermercados. Y que cuando se destinan más de 45 millones de euros a la Supersur y apenas unos pocos miles al comercio local, está más que claro que no se apuesta por este último. Porque las vizcaínas para ir a comprar a las tiendas de nuestros barrios no necesitamos desplazarnos por autovías ni variantes, sólo por aceras bien pavimentadas y donde no convivan los peatones con los vehículos. Eso, y sobre todo, que haya tiendas y comercios en los barrios y pueblos.

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