ETA herriarekin

 

Niko Moreno

 Niko Moreno

· Niko Moreno es militante de EHBildu y exalcalde de Elorrio

Cuando ETA declaró el alto el fuego definitivo en octubre de 2011, abrió paso a un escenario donde la resolución definitiva del conflicto armado quedaba en manos de la propia organización y de los estados español y francés. Fundamentalmente: Desarme, presos y víctimas. Pero el enquistamiento en las posiciones de los estados ha hecho que durante estos más de cinco años, los avances que en dicha resolución se han dado, se hayan circunscrito a aquellos que han venido por impulso de la propia ETA o de otras iniciativas de mediación, verificación o contacto. Francia y España, mientras tanto, se han dedicado a boicotear todas ellas, manteniendo una dinámica de represión con el objeto de impedir cualquier paso en el sentido positivo de una resolución e intentando prolongar la situación en  términos lo más parecidos a los que se daban antes del alto el fuego.

Hemos asistido, durante este tiempo, a una permanente negación de la existencia de un conflicto a la par que los términos policiales del mismo han sido  alimentados constantemente por ambos estados, incapaces de digerir la nueva realidad que pretende resituarlo en parámetros meramente políticos y democráticos. Ni militares ni violentos.

De estar llamados a cumplir un papel fundamental; proactivo y decisivo, los estados han pasado a ser una absoluta rémora, un completo obstáculo que durante estos años no ha conseguido convencer absolutamente a nadie y sí, en cambio, ha generado un profundo sentimiento de frustración. Quizá lo que perseguían.

Sin embargo, la sociedad civil, lo que coloquialmente llamamos el pueblo, decidida a pasar la página en términos verdaderamente constructivos, ante el abandono de ésta por parte de quienes estaban llamados a activarla, ha recuperado la iniciativa. Y sin dar la espalda, para nada, a las víctimas, ha sido capaz de generar una importante dinámica en favor de los derechos de los y las presas, para intentar acabar con la denigrante situación a la que son sometidos, ellos y sus familiares, por los responsables políticos de España y Francia.

La llave de las cárceles, empero, continúa en manos de los estados y esa parece que está llamada a ser una larga lucha. Las armas de ETA, en cambio, estaban en manos de ETA, y ante los constantes oídos sordos a sus llamamientos para entablar un proceso de desarme, finalmente esta sociedad, el pueblo, ha decidido colaborar en cerrar definitivamente ese proceso, lo que finalmente parece que tendrá lugar el próximo día 8 de abril.

Primero era sin violencia. Luego era sin armas. Luego será la disolución y posteriormente la delación. Los estados continúan negando el conflicto e inventándose listones. Pero ETA y la sociedad trabajan constantemente por y para solucionarlo.

Mal que les pese, en términos constructivos, la miopía política del PP es capaz de proyectar, como si fuera un holograma, aquello de “ETA, herria zurekin”.

 

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