Eurovisión de mierda

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

Desde hace ya unos cuantos años no veo la televisión. Prácticamente no sé nada de ese programa sobre el fracaso escolar llamado Operación Triunfo. Sólo que dos de sus concursantes representarán a España en el festival de Eurovisión.

Aunque uno quiera permanecer al margen de la parrilla televisiva, las redes sociales me lo impiden. Me he enterado de toda la polémica a través de ellas. La prensa le preguntó a Amaia, una de las representantes españolas, qué iba a meter en su maleta, y ella respondió que el libro España de mierda del cantautor Albert Pla que le había regalado Alfred, el otro triunfito que acudirá a Lisboa. No se hicieron esperar las reacciones contra estas dos personas. Desde recogidas de firmas en Change.org para impedir que representaran al Reino de España en Eurovisión, hasta llamamientos al boicot vía Whatsapp para no sintonizar el festival el 12 de mayo.

El festival de Eurovisión es un evento donde de forma mayoritaria las votaciones se otorgan en función de qué país cae mejor o cuál sienta como una piedra en el zapato. No se vota teniendo en cuenta la calidad del tema o la interpretación del mismo. Cualquier país serio que se preciara y que respetase a sus músicos y cantantes, no participaría en esa aberración televisiva. Desconozco si el resto de países participantes reúnen o no esos dos requisitos. España, ninguno de los dos. Ni la seriedad ni el respeto por la cultura musical. Aunque muchas veces llamar cultura a las canciones y artistas que se presentan por España es hacer un ejercicio de profunda fe ciega. En su defensa, diré que la única vez que en los últimos años España estuvo a la altura del festival, poniendo toda la carne en el asador, fue cuando en 2008 envió a Rodolfo Chikilicuatre como representante. El día que Chikiliquatre interpretó Baila el Chiki-chiki en Belgrado fue la única vez en mi vida que me he sentido orgulloso de ser español.

Cuando me enteré de la polémica acudí raudo y veloz a una biblioteca a hacerme con un ejemplar de España de mierda. No podía dejar de leer algo que ha provocado ardor de estómago, ataques de ira, sarpullidos e indigestiones varias entre las filas del patriotismo hispano. El libro de Pla narra el viaje de un músico uruguayo y su mánager español por toda la geografía ibérica. El de Sabadell, utilizando un humor tan canalla como surrealista nos lleva de excursión por un país cutre, zafio y ruin. A pesar de todo, la realidad de España supera con creces a la ficción del libro de Pla.

España es un país que no tiene dinero para pensiones, sanidad y educación pero sí para la Iglesia Católica, el Valle de los Caídos, rescatar autopistas y construir aeropuertos sin aviones. Donde la culpa de todo es de los negros, los moros, las feministas y los rojos separatistas, y no de quien se ha dedicado a esquilmar durante décadas los recursos públicos. Un país que considera terroristas a cantantes, actores, titiriteros, twitteros y toda aquella persona que quiera expresar libremente su opinión; y héroes y buenos chicos a quienes lucen banderas bicolores con la gallina Caponata y violan a niñas de 18 años en manada. Donde su población es capaz de liarla parda si a su equipo no le pitan un penalti, pero incapaz de mover un dedo para que no le sigan recortando sus derechos. Incluso de llorar a lágrima viva y golpe en el pecho si la lluvia impide a su paso salir en Semana Santa, pero que se muestra indiferente ante una tasa de pobreza infantil cercana al 40%.

En resumidas cuentas, un país de mierda. Porque lo habitamos personas de mierda encantadas de habernos conocido. Y que nos merecemos que nos metan un embudo por la boca y nos hagan tragar el macabro esperpento del festival de Eurovisión.

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