Ganarse la vida

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

Días atrás, mientras esperaba en la consulta del médico, una señora mayor tras explicarme durante los diez minutos más largos de mi vida todas sus dolencias y afecciones, me preguntó cómo me ganaba la vida. A la pobre mujer casi le da un infarto mientras la abrazaba con toda mi efusividad. Nunca había imaginado que pudiera ir ganando. Hubiera jurado que iba perdiendo. Y por goleada.

Hay expresiones que demuestran el grado de alienación al que nos someten. Ganarse la vida es una de ellas. La vida no se gana. La vida nos es dada. Y sobrevivir no debiera ser nuestra finalidad. Si algo nos debiera diferenciar de la fauna salvaje es que no debiéramos ganarnos la vida. No tendríamos que salir cada día a acecharnos las unas a las otras, a perseguirnos, a devorarnos, a competir, a sobrevivir. La vida nos es dada, y deberíamos poder vivirla, disfrutarla, saborearla. Porque no tendremos otra.

En esta casa de lenocinio en la que hemos convertido al planeta Tierra hay recursos más que suficientes para que todas vivamos con dignidad. Pero el funcionamiento social en el que unos pocos son dueños del planeta y el resto tenemos que trabajar para poder comer (cuando nos dejan) nos convierte en seres semejantes a animales salvajes. No hay nada de civilizado en todo ello. El trabajo debiera cumplir una función social, debiera ser útil a la comunidad y no sólo a quien ingresa los beneficios o puede adquirir los bienes y servicios producidos. No debiera ser el eje de la vida de nadie. No deberíamos vivir para trabajar, producir y consumir. El tener un puesto de trabajo no debiera ser el condicionante para acceder a derechos básicos y universales. Y menos aun teniendo en cuenta que el sistema no garantiza la obtención y la conservación de un puesto de trabajo a casi nadie. Tener derecho a pan, techo y trabajo sólo debiera requerir el hecho de haber venido al mundo, a un mundo donde hay todo lo básico para todas. Un mundo que hay que cuidar y cambiar.

Y para empezar a cambiar el mundo deberíamos empezar por cambiar nosotras. Entendiendo que vivir mejor no es consumir más, y que lo que yo consumo de más en el Norte es lo que se consume de menos en el Sur. Que el cambio que necesitamos no vendrá de un cambio de gobierno, sino de un cambio de sistema. Y que debemos desterrar de nuestro lenguaje expresiones como ganarse la vida. Porque la vida es nuestra. Y si nos la tenemos que ganar será en todo caso porque nos la han arrebatado.

Mis padres cuando era jóvenes eran muy pobres. Después de toda una vida de trabajo y sacrificio… dejaron de ser jóvenes.

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