Hombres haciendo el tonto. El musical

BIXEN

Vicente Carrasco ‘Bixen’

Días atrás, mientras comía con unos compañeros de trabajo, no uno sino dos de ellos nos relataron las arduas negociaciones a las que se ven obligados cada vez que quieren hacer cualquier cosa. Ninguno de ellos es sueco, al menos en la crianza, lo digo porque había gente de muchos sitios a la mesa y eso puede tener su importancia.

Contaban cómo tienen que presentar y pelear por su caso como si de la defensa de un condenado a muerte se tratara, sea un viaje, un gasto inesperado de cualquier tamaño o cosas tan inmensamente importantes como colgar de la pared, de alguna pared de alguna habitación, un póster relacionado con sus aficiones, instalar un cachivache electrónico y que se vean los cables  (¡los cables!) o alguna cosa de este porte.

Parte importante de todo esto que es la defensa debe ejercerse de forma firme porque el caso lo vale y el rival no es pequeño, pero sin pasarse con el énfasis porque siempre, y esto es lo que parece ser el elemento común en todos los casos, estos hombres hechos y derechos comparten sus vidas con lo que don Enrique Jardiel Poncela hubiera llamado “una fiera de la Manigua”. Monstruos con forma de mujer que siendo madres de sus hijos no por eso podrían dejar de desencadenar una furia que diese con sus huesos en varios vertederos en provincias diferentes no sin antes haber sido sometidos a tormentos que carecen de nombre a día de hoy, así que no están en internet. Horroroso todo.

Ambos casados. Uno con un niño, el otro con dos. Uno europeo occidental, el otro árabe, pero muy viajado y con muchos, muchos años en Primermundistán.

Pero es entre otros occidentales donde oigo de vez en cuando (aunque siempre sea demasiadas veces) a hombres referirse a sus parejas (novias, esposas, madres o no de sus criaturas) como “la parienta”, “la contraria”, “la jefa”, “el gobierno”, o incluso “mi dueña”.

– Oye, ¿nos vemos el jueves y cenamos o lo que sea? ¿Qué tal te viene?

– Tengo que llamar a mi dueña-  dicen.

Y es un chiste pero no lo es. Alguna vez, estando recién separado, recuerdo haberme cabreado bastante con una de estas conversaciones.

Porque digo yo que para estar así de mal… En fin, cada uno es cada uno, pero yo nunca me he separado después de haberme visto en las circunstancias de llamar “la contraria” a mi compañera.

Otra opción que he visto es que hay quien, para evitar ciertas decisiones a contrapaso, ha construido un personaje tras el que escudarse bien para no tener que decir que no, que no quiero ir a tu fiesta, bien para ganar tiempo. En un terreno abonado por tanta víctima que habla de su compañera como del guardia de una prisión no hay que explayarse mucho para hacerse entender y convencer a la gente de que hay quien tiene que pedir permiso para todo, vivir de puntillas y ser un “mandao” porque si no…

Que los hay. Alguno que otro fijo que lo es. Y a alguno hasta le gusta que le tengan atado en corto. Por qué no. Si a mi eso me da igual.

Pero alguna vez he hablado con la otra parte de estas parejas-personaje y lo que me he encontrado son muchas ganas de tener de vez en cuando la casa para ella sola durante una semana, un día o una puñetera hora un viernes por la tarde, un sábado por la mañana o un domingo por la noche.

No sé si detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Lo que sí estoy empezando a barruntar es lo que hay detrás de un hombre haciendo el tonto.

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