En la máquina de café

Eukeni Bastida2

Eukeni Bastida

Como el trabajo no perdona y ya que la vida debe seguir, hoy también, tres amigos han tenido como punto de encuentro la máquina de café. Esta mañana las mentes son lentas, las caras son largas y los ojos brillantes y mojados.

Hasta hace poco y desde hacía muchos años, eran cuatro los trabajadores que entre manchas de aceite y olor a polvo metalúrgico se daban cita cada mañana para cargarse de cafeína, azúcar y humor para lubricar el laborioso día.

Falta el tipo largo de manos extrasuaves, que le gustaba el paseo en kayak y la pesca mientras escuchaba The Hellacopters, y que tenía un humor que, hasta el último momento, ni el de la guadaña pudo doblegar. Será difícil explicarle algún día al chaval, cómo era su padre. El humor de ellos, se había resentido últimamente viendo a su amigo deteriorarse. Poco a poco.

Es en este tipo de situaciones cuando uno es consciente de que muchas veces vamos por ahí desperdiciando el tiempo como si fuésemos inmortales.

El primero de ellos, de forma muy rápida y mecánica, inserta un par de monedas y presiona los botones que hacen aparecen en una oquedad de la máquina un pequeño vaso de plástico al que caen un palito también de plástico, azúcar y un hilo de café humeante. Antes de un pitido final, sobre el líquido queda una ligera capa de espuma.

Mientras los otros dos compañeros repiten la misma acción, él saca el tema que ya habían tratado antes. Ya que habían acordado a petición de la familia del difunto, que se encontrarían todos dentro de quince días para hacer un paseo mañanero hasta llegar a uno de los lugares favoritos de su amigo. Para allí, quien se animase, contar alguna anécdota que hubiesen vivido junto a él. Recitar algún poema, cantar alguna canción… la condición era de alguna manera, vincularse todos en ese momento con algo que describa lo que sienten.

– ¿Habéis pensado algo sobre lo de la canción que nos gustaría aportar ese día? – dice.

-Yo sí. Aunque me ha costado decidirme, he elegido una. – Responde el último en sacar su café.

– He barajado tres opciones, pero al final me he quedado con Nothing else matters de Metallica. Creo que a él le gustaría. Además de evocarnos nuestra época de juventud, esa frase de que nada más importa creo que la entendemos todos. Aunque no entendamos mucho más, la verdad. También había pensado en Scorpions, artistas en baladas y que seguramente…

-Pues yo he pensado en cantar una de “Los del Río”. – Interrumpe el que ha sacado su café en segunda posición, para dejar paralizados a sus dos amigos.

Varios segundos de silencio antes de que uno de ellos suelte una carcajada. Y en vez de increparle directamente, como sabe que no lo ha dicho por decir, se dispone a desgranar los motivos por los que ha debido decir esa tontería. Haciendo varias bromas mientras tira del hilo.

-No me lo digas… nos vamos a poner todos a bailar la jodida Macarena después de que la viuda lea un poema a su marido. La risoterapia nos vendrá bien a todos – bromea rozando la impertinencia.

Hablando, aún no han dado ni un sorbo. Uno de ellos ase el palito con el pulgar y el índice y hace girar la bebida. De alguna manera las pocas pompas de la espuma que van quedando sobre el café, se arremolinan y se adhieren al palito. Seguro que este fenómeno, aunque parece azaroso, está bien explicado por algún principio físico.

Después de unos segundos rascando la memoria, el mismo vuelve a envestir contra su amigo.

– La verdad es que si lo que pretendes es que nos pongamos a dar palmas y cantar eso de “Sevilla tiene un color especial”, no sé yo qué va a parecer aquello, ni qué le va a parecer a los asistentes. Yo por si acaso llevaré mi camisa de flores- ríe cuando el que propone empieza a perder la paciencia.

Mientras, cae una lágrima en el café del que ha entendido. Es curioso cómo al caer una gota a un líquido, es precisamente ahí donde ha caído y después de una honda, más se eleva la superficie y salpica en vertical. También esto lo explica un principio físico. Este fenómeno se aprecia perfectamente en el centro de los cráteres de la luna.

Miran al de los ojos mojados, y este susurra conteniendo un sollozo:

-Yo también cantaré “Cuando un amigo se va algo se muere en el alma”. – Esto es así y no hay nada que lo pueda explicar.

A Iván, Rocío y Fernando. Estéis donde estéis

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