Lleno de sentimientos

Guillermo Ansorena 4

Guillermo Ansorena

 

Me siento como un pájaro

libre

preso en la jaula

o como una paloma

de la paz

entre rejas.

Me siento como un pez

arrancado del mar

que da en la arena

saltos

y saltos

y más saltos

al vacío arenado

entre charcos de agua.

Me siento como un burro

cargado con mil penas

llevado a latigazos

ya de aquí para allí,

ya de allí para aquí.

Me siento como un perro

con el alma mordida

por la vida

de pérdidas,

torturas,

sinsabores

y angustias.

Me siento como un gato

con los pelos de punta

y las uñas cortadas

y el corazón molido

a palos

y más palos

vitales

y vitales.

Me siento como un loro

con la lengua cortada

y las ganas de hablar

perdidas

por el tiempo y el tiempo

muerto

y requetemuerto.

Me siento como un grillo

con el cricrí gastado

por el paso

y repaso

de las horas nocturnas.

Me siento como un gallo

sin ganas de cantar

la llegada del día

ni de la luz de la mañana.

Me siento como un toro

toreado en la plaza

sin querer cornear

y picado

y picado

y vuelto a repicar

y hasta entrado a matar

y arrastrado en la plaza

con su estela de sangre.

Me siento como un lobo

sin luna a la que aullar

y que noche tras noche

subiendo hasta la roca

más alta de la peña

espera aullar al astro

con vestido lunar.

Me siento como un ciervo

cazado en la montaña

de un disparo certero

y llevado de adorno

y trofeo de caza

a una triste pared

junto a una espada antigua.

Me siento como un lince

con la vista cansada

y ganas de llorar

y llorar

y llorar.

Y llorar

y llorar.

Me siento como un búho

con los ojos abiertos

de par en par,

despierto

y mirando a la vida

con tristeza

sin cura.

Me siento como un pollo

sin cabeza,

ni pies,

y las tripas abiertas

y la piel arrancada

a tiras

y tiritas.

Me siento

como una rana verde,

verde sin esperanza

de encontrar una charca

en la que ser feliz.

Me siento como un viejo.

elefante y su trompa

recosida de heridas

y patas con cadenas

roñadas

por las horas y horas

y más horas

de esclavo

trabajador sin sueldo.

Me siento como una gigantesca ballena

que da mil resoplidos

que nadie escucha en tierra

y que van a perderse entre los vientos de altamar.

Me siento

como un delfín varado

en la orilla,

sin fuerzas,

ni norte,

ni esperanza,

ni una mano de ayuda.

Me siento como un león

sin tierra,

ni manada,

ni pieza

que llevar a la boca.

Me siento como una

serpiente sin veneno,

que ni pica

ni muerde

y ni muda de piel

ya curada de espanto.

Me siento como una

caracola sin música

marina en su interior

y un silencio sonante.

Me siento como un buitre

mañanero

comido

por la misma carroña.

Me siento como una

pequeñita mosquita

muerta

y no cojonera

que sabe que la vida

son tres días no más,

uno el de la alegría,

otro el de la tristeza

y otro el de la esperanza.

Me siento como una

abejilla sin reina,

ni colmena,

ni obra,

pero como una obrera,

con la miel en los labios.

Me siento como una

hormiguita en la tela

de araña

sin poder escapar

de la misma

en la vida.

Me siento como una

mariposa sin alas

ni flor en cual posar.

Me siento,

así me siento,

lleno de sentimientos.

 

16 – 01 – 2020

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