Los cuentos como refugio

Estela Rey copia

Estela Rey

· La duranguesa impartirá el domingo 2 de diciembre un cuentacuentos en inglés en Muruetatorre a las 12.00 horas

Los cuentos son el refugio donde apaciguar los miedos, el espejo donde vernos retratados, o aquel que cuestiona y quiebra nuestro propio cosmos. Leerlos nos reconcilia con nuestro lado más niño, y ofrece respuestas a los pequeños sobre temas que sus mayores a veces no alcanzamos a explicar con acierto, como la muerte, la intolerancia, el miedo, o el mecanismo de la vida. Los relatos dan voz a quien no la tiene o a quien se silencia, nos acercan a personas que ya se apagaron atrás en el tiempo, y nos regalan la musicalidad particular de cada lengua.

El texto va a su vez acompañado de imágenes que evocan mundos imaginarios, fantasías y sueños, o la realidad más cruda del día a día. Y es que los cuentos son eso: una ventana por la que asomarse con curiosidad a otras vidas, al folclore de un pueblo, a otras costumbres y, a veces incluso, al profundo interior de nosotros mismos.

Nunca me he considerado una fiel lectora, de hecho siempre he envidiado esa voracidad con la que muchos se entregan a sus libros. Sin embargo, desde que nació mi primera hija, encontré un rincón de una pequeña librería local que despertó mi ilusión por los primeros libros, esos de texturas y colores vivos, de melodías y sonidos cotidianos.

Con el paso del tiempo, los cuentos se fueron sofisticando y atrapándome más, y las ilustraciones eran verdaderas expresiones artísticas como en los libros musicales de Kokinos que te llevan de viaje por las nanas del mundo, por la obra de María Callas, La Flauta Mágica, o las canciones tradicionales africanas y de Euskal Herria.

Descubrí las asombrosas ilustraciones en pop-up de Robert Sabuda para títulos tan conocidos como El Mago de Oz, Crónicas de Narnia, Alicia en el País de Las Maravillas, y otros. Llegaban las historias de Julia Donaldson donde juega siempre con delicioso gusto con la fonética del inglés en numerosos relatos sobre brujas, animales y otros personajes del bosque como el conocido Gruffalo. Y, casualmente, encontré al que muchos consideran el sucesor de Roahl Dahl por su sentido del humor e ingenio, y la gran capacidad descriptiva de sus personajes tan dispares: David Walliams.

Por primera vez, me animé a leer una extensa novela suya a mi hija de manera religiosa cada noche. Midnight Gang, o «Amigos de La Medianoche», nos llevaba por un hospital de Londres donde muchos niños pasaban una larga temporada por razones diversas, e ideaban escapar de sus camas por la noche para adentrarse en sus aventuras desafiando al personal tan variopinto de aquel lugar.

Una de las niñas no podía acompañarlos cada noche porque su cuerpo estaba muy frágil, pero esperaba ilusionada hasta que volvieran junto a su cama para compartir lo que habían vivido esa noche. La historia estaba llena de momentos divertidos, de viajes imaginarios, de humor y de una sensibilidad que nos cautivó. Dentro de la comedia, quedaba plasmada la difícil realidad de algunos niños como la soledad, la incomprensión de los padres que nunca estaban presentes, la lucha contra el cáncer…

Los viajes que imaginaban por los pasillos del hospital eran un modo de sobrellevar el peso de la vida entre aquellas paredes. Aquella niña tan enferma vivía con una amplia sonrisa esas experiencias a través de los relatos de sus amigos, como una más. El cuento dentro del cuento. Y ese es el encanto de la narración tanto oral como escrita: poder tener otras vivencias, soñar diferente, llegar a entender lo que sienten otros, sobre todo, otros que no son como yo.

Recuerdo, además, de manera especial la historia de Otto, del escritor e ilustrador Tomi Ungerer, donde un viejo oso de peluche remendado y teñido relata su vida desde que fue regalado a un niño judío, entregado a un amigo vecino tras ser reclamado por los nazis, perdido entre escombros y soldados caídos en la guerra, recuperado y trasladado a una familia, robado, y finalmente expuesto en una tienda de antigüedades donde aquel niño superviviente del Holocausto lo reconoce años más tarde.

O las historias de la joven siria Nadine Kaadan, donde retrata la perspectiva de los niños que viven con miedo sin salir a la escuela durante días o a jugar porque el mundo tras la puerta es tan peligroso. También cuenta la historia de un gato travieso de Damasco alérgico al aroma del jazmín, la flor del país.

Ha sido un descubrimiento leer libros en la oscuridad, los Shine-A-Light Books y otros, o encontrar breves biografías de mujeres influyentes en la historia, cuya aportación quedó en la sombra o en el olvido colectivo. Y cómo no, recuperar a autoras como Astrid Ingren y su famosa Pipi Calzaslargas, o Ronja La Hija del Bandolero; ambas protagonistas como niñas creativas, soñadoras, fuertes, independientes, e inconformistas. Tan necesario es hoy día poder recordar la igualdad de valía y capacidades… Muchos cuentos sirven de vehículo para transmitir  esto, saliendo de los clichés y los canones tradicionales.

El momento de lectura, sea extensa o breve, hace que pare el tiempo y uno se olvide de lo banal, lo que pesa adentro, lo que preocupa, y se deje pellizcar por la magia de los cuentos. Es un instante, por limitado que sea a veces, que despierta el interés, la curiosidad por lo que nos rodea, que plantea preguntas; o simplemente propicia el diálogo o la excusa perfecta para darse abrazos.

Hoy día, cada vez parece estar más presente la figura del Cuentacuentos, tanto para niñas y niños como para adultos, como vemos en la bonita labor que está haciendo la biblioteca municipal Bizenta Mogel de Durango con la colaboración habitual en los clubs de lectura para niños y niñas, o acercándonos a historias desde Marruecos, o al país del sol naciente con Yoshi Hioki y sus «Cuentos del Japón», toda una experiencia reveladora.

Salvando las distancias, y empujada por esta ilusión lectora que ya mi entorno más cercano conoce, me han dado la oportunidad de compartir un momento de lectura en inglés con los niños que quieran acercarse el domingo 2 de diciembre a esta actividad promovida por la Asociación de Vecinos y Vecinas de Murueta Torre. Dará comienzo a las doce del mediodía. Será un momento que disfrutaré mucho, seguro, y espero que también os resulte divertido. La lectura siempre suma, y en ese afán de pellizcar a los pequeños, me encantará compartir ese rato con ellos y ellas. Con vosotras y vosotros. Hasta pronto.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.
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2 Responses to “Los cuentos como refugio”

  1. María dice:

    Gracias por compartir tu pasión, Estela. Soy devoradora de libros desde pequeña y me encanta compartir los momentos de cuento con mi hijo. Ahí construimos la capacidad de crear, soñar, imaginar, vivir otros mundos…

    • Estela dice:

      Gracias a ti:)
      Sigamos estirando esos momentos todo lo posible. Algo se construye aunque sea en cinco minutos. Lo importante es la constancia y que sea un momento agradable para todos. Saludos, gracias x tu respuesta.

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