Marta, Manoel, Roberto

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

La mayoría de las veces las heroínas y los héroes son anónimos. Esta vez tienen nombre propio. Marta, Manoel, Roberto. Tres anestesistas del Hospital del Alto Deba que destaparon el fraude de la última OPE de Osakidetza al registrar ante notario quienes iban a aprobar los exámenes de médicos especialistas. Y acertaron el resultado de pleno dejando en evidencia a tribunales y jefes de servicio. En Osakidetza pasaron de negarlo todo a admitir irregularidades y, ahora, a represaliar a los denunciantes con reducciones de jornada involuntarias y finalizaciones de contrato.

Marta, Manoel y Roberto pudieron haber callado. Pudieron optar por hacer la vista gorda, por seguir trabajando y sumando puntos hasta que a ellos también les llegara “su” OPE donde obtener una plaza. Pero no lo hicieron. Quisieron sacar a la luz la corrupción de un sistema de reparto de empleo público donde obtiene plaza quien mejor se hace el sordo, el ciego y el mudo. Porque a las represalias que empiezan a sufrir estos héroes con nombre y voz propia por parte de las altas instancias de Osakidetza, hay que sumar el desprecio y el vacío a los que les han empezado a someter muchas de sus “compañeras” de profesión. Y vaya por delante todo mi reconocimiento a las magníficas profesionales médicas del servicio vasco de salud. Pero se puede ser un magnífico profesional y una peor persona.

Marta, Manoel y Roberto pertenecen al sindicato ESK (Convergencia de la Izquierda Sindical). Un pequeño islote al que arriban todos los naúfragos que se niegan a convertir el sindicalismo en empresas de colocación o casas de lenocinio. Marta, Manoel y Roberto tienen todas las de perder. Por no tragar con ruedas de molino, por desafectos y disidentes, por no contar con padrinos que les respalden ni pertenecer a organizaciones sindicales que se venden al mejor postor. Ya lo decía Alfonso Guerra, ese ultraderechista camuflado tras un traje de pana, el que se mueve no sale en la foto. Al sumiso y al servil se le sirve una ínfima porción del pastel como pago por los servicios prestados. Al librepensador y disidente, ni las migas que caen al suelo. Porque si todavía hay amos y esclavos es porque hay esclavos confesos y orgullosos de serlo, y que no aspiran a otra cosa que a que sus cadenas pesen algo menos que las del resto.

En la Comunidad Autónoma Vasca el índice de desempleo será menor que en el resto de las Españas, y la renta per cápita será algo mayor. Pero a nivel de corrupción, chalaneos, trapicheos, tejemanejes, sindicatos mojando en la salsa previamente cocinada en los fogones de la patronal, y de poner el cazo para ver que nos cae, no nos diferenciamos en nada de la España de charanga y pandereta. Aquí el olor a cerrado de sacristía es tan fuerte, o incluso más, que en otras partes del Reino. ¿Independizarnos? ¿De quién? Yo me quiero independizar de la España que huele a púlpito, Varón Dandy y rancho cuartelero. Y de esa España en Hego Euskal Herria hay para dar y tomar.

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