Matando la memoria, construyendo la nada

Aritz Bravo

Aritz Bravo

· Aritz Bravo (Durango, 1989) es concejal de Durango por EH Bildu

Este sábado nos sobresaltó una noticia: “Euskotren empezará las obras de derribo de la antigua estación la próxima semana”. Es decir, que esta semana veremos entrar excavadoras para tirarla abajo. Una noticia muy triste, la verdad. En estos momentos en que, por fin, se le empieza a dar la importancia que se merece a la memoria, a recordar lo que fueron para entender lo que somos, de repente nos topamos con esta noticia.

Durango, que en los últimos años ha ido tornándose en un pueblo de servicios, debería recordar también que en su día fue una villa muy vinculada a la industria del metal y uno de los puntos ferroviarios más importantes dentro de la ruta que unía Bilbo y Donostia (135 años desde la primera vez que nos visitó el tren).

Después del necesario soterramiento y del innecesario derribo de las cocheras (un mes antes de las elecciones, casualidad, para dejarlo tres años sin hacer nada), los dos últimos patrimonios ferroviarios que nos quedan en el pueblo, que nos ayuden a recordar lo que un día fue Durango, son el puente de Plateruena y la antigua estación.

Pero al parecer PNV y PSE, junto al PP, prefieren gastar más de 1.000.000 de euros en tirarlo abajo, que en acondicionarlo y reutilizarlo. Mientras diferentes grupos y asociaciones del pueblo piden espacios, locales para poder llevar a cabo sus actividades, PNV y PSE quieren derribarla. Mientras madres y padres denuncian que no tienen espacios cubiertos de ocio, PNV y PSE quiere derribarla. Mientras se proclama lo importante que es la memoria, PNV y PSE quieren derribarla.

Que quede claro: este derribo se quiere hacer sin plantear la posibilidad de un acondicionamiento de un edificio público para su uso público. Más de 1.000.000 de € sin pensar qué cosas mejores se podría hacer con ella. Derribos y gastos que nos recuerdan a épocas pasadas cuando el cemento y obras faraónicas eran sinónimo de buena gestión. Actitudes y formas de actuar anacrónicas que paga la ciudadanía.

Quizá lo quieren derribar porque no queda bien un edificio histórico al lado de las 5 torres de 17 pisos que quieren hacer en el espacio que dejaron las cocheras y las vías del tren. Porque, que nadie nos engañe, el “pulmón verde” que la alcaldesa prometió hacer en esa zona estará herida por cinco lanzas de lujo que nadie comprará, 5 intimidantes lanzas que, sin duda, hipotecarán el Durango del futuro que queremos y nos merecemos construir.

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