Medias

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

Dicen los medios de comunicación que cada ciudadana del Reino de España se gastará 600 euros estas navidades en regalos y otros estipendios. Teniendo en cuenta que el 50% de las personas que perciben un sueldo cobran menos de 1.200 euros al mes, se me antoja mucho gasto. Pero es lo que pasa con las medias. Si yo me como dos panes y usted ninguno, el consumo medio es un pan por persona. Da igual lo que rujan sus tripas. La media es la media.

Lo mismo pasa con los sueldos. Pongamos por caso a cuatro trabajadoras que cobran 600, 800, 1.000 y 6.000 euros al mes respectivamente. Las cuentas dirán que el sueldo medio de cada trabajadora es de 2.100 euros mensuales. Y no me digan que no hay sueldos de 6.000 euros al mes, porque la Consejera de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco, Beatriz Artolazabal, la que sostiene que 650 euros al mes son suficientes para que una persona lleve una vida digna, cobra más de 7.000 euros mensuales. Porque por mucha consejera que sea no deja de ser una asalariada, una persona que percibe un sueldo por su labor.

Uno acaba por llegar a la conclusión de que el valor medio se inventó en su día para tratar de ocultar la pobreza y la desigualdad. Porque estas navidades muchas personas no nos gastaremos 600 euros, ni 500, ni 400, ni siquiera 300 en regalos y demás fastos. La gran mayoría porque no podemos, y otras porque no nos da la gana de seguir el juego del consumismo. Lo que queda meridianamente claro es que habrá otras personas que se gastarán mis 600 euros y los suyos. Que habrá gente rica que derrochará mientras los demás intentamos sobrevivir. Los ricos disfrutarán estos días de consumo desenfrenado mientras el resto de las mortales nos conformaremos con pasar, sin más, las fiestas. Y perdonen por la demagogia. Porque hoy día llamar a las cosas por su nombre, decir que hay ricos y pobres, es tachado de demagogia. Hasta de eso se han apropiado. Y como esto siga así no nos va a quedar más remedio que utilizar otras medias. Unos pantis de licra bien ajustados en la cabeza antes de entrar en cualquier sucursal bancaria recortada en mano. Porque es la única alternativa que nos están dejando para que nuestras hijas no se mueran de hambre.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.