Mi abstención y el voto

Iñaki Astoreka

Iñaki Astoreka

La abstención activa pone en tela de juicio el sistema parlamentario burgués. No es en modo alguno una postura de pasotismo o de falta de interés por lo que sucede en la sociedad. Evidentemente no es algo banal tener que soportar las críticas de los partidos y de los mass media, integrados en un sistema que tienen que defender a toda costa.

La abstención es una opción que el pensamiento anarquista contempla y que es tratada peyorativamente con el desorden. Atinadamente Carlyle concluyó con una interesante frase “La injusticia es otra forma de desorden”, lo que nos transporta al estado actual de las cosas.

La abstención activa pone en tela de juicio el sistema parlamentario burgués. Se trata de ofrecer otras alternativas, no es de modo alguno un ejercicio de pasotismo, como la propaganda de partidos y mass media nos pretende hacer creer. Al abstencionismo se la compara a una postura que todo le da igual y lo que ocurre a su alrededor.

El anarquismo lleva casi doscientos años denunciando el papel jugado por los sistemas de representación, desde la Revolución Francesa. Tanto Kropotkin como Rudolf Rocker denunciaron que el sistema parlamentario nunca podría representar los intereses de los trabajadores y trabajadoras o del pueblo llano en general.

Tampoco creemos en el planteamiento marxista de entrar en las estructuras estatales, para que, asumiendo su funcionamiento posteriormente destruirlas.

El tiempo y la historia me ha demostrado y lo que demuestra esta estrategia que han acabado asumiendo el rol de los que señalaban como enemigos. El sistema les ha absorbido y los ha convertido como parte del engranaje son. Mi recuerdo hacia los que soñaban con conquistar el Palacio de Invierno, han buscado acomodo allá donde han conseguido un futuro para su subsistencia.

Vivo una época de descrédito político y parlamentario que se traduce en una abstención y o en votos en blanco o nulos. La causa es que, tras la muerte del dictador, en el Estado español, se perdió la oportunidad de regenerar, lo que, tras 40 años de enchufismo, fraudes, estraperlos, recalificaciones monstruosas, estafas y demás lacras de la dictadura.

A la gran trama política de la transacción, que no Transición, se consolida el derecho de la inviolabilidad del emérito monarca español y sus sucesores, ahí se unen las prerrogativas de las que gozan los parlamentarios o senadores, según sea el caso.

Esta farsa ha conseguido, entre otras cosas, que la corrupción se asiente como algo inherente al sistema. Larga es lista de  las corrupciones, evasión de capitales a paraísos fiscales, el ladrillo, las viviendas en manos de los fondos buitres, dinero negro, contabilidades “B”, tenemos un ídolo con pies de barro.

No decae mi ánimo en la postura abstencionista, la refuerza, financiación de los partidos que son incapaces de sostener sus aparatos burocráticos con las cuotas de sus afiliados, viéndose obligados a recurrir a préstamos bancarios, que en ocasiones no pueden la cancelar la deuda.

¿Cómo puedo creer en un sistema que se arroja a los pies de la Banca y pretenden cambiar un sistema de justicia social? Para otros,  es válido para así perpetuar un sistema capitalista que ya les pasará factura cuando este decida prescindir de ellos.

 “El derecho a votar basta para imponerme el deber de instruirme” Rousseau

Son los políticos profesionales trepadores, que han conseguido escalar las cimas de los partidos y forman una casta. Para que su posición se consolide están obligados a fabricar líderes insustituibles mediante deslumbrantes campañas de imagen electorales.

Lo primero que hay que desmontar es que 500 señores decidan lo que tienen que hacer a un Estado. Recuerdo como aperitivo, la participación de España con Aznar en la guerra de Irak.

Recuerdo un poco la historia, tras la muerte Franco, en el Estado se perdió la oportunidad de regenerar lo que, tras cuarenta años de enchufismo, fraudes, de estraperlos, recalificaciones monstruosas y mas lacras de la dictadura se había convertido en algo natural.

La farsa de la Transición ha permitido que la corrupción se implante como algo inherente al sistema. Larga es la colección de corrupciones, evasión de capitales, el crac del ladrillo, dinero negro, contabilidades “B”. Insisto: tenemos un ídolo con pies de barro.

Como puedo creer en un sistema que se arroja a los pies de la Banca y que por lo tanto tienen las manos atadas para cambiar a un sistema de justicia social.

La peste materialista invade el mundo ha conducido a la insolidaridad como norma de conducta. Triunfa no el hombre o mujer que ofrece resistencia, sino el, que se deja arrastrar por las élites de turno. No se pide que el género humano sea sabio u honesto, se le pide que sea un robot, que obedezca y que no se plantee en su interior quien soy yo, y que no haga peguntas que cuestionen el sistema y a donde conduce

 Insisto:    “El derecho a votar basta para imponerme el deber de instruirme”Rousseau.

Hecho este paréntesis, para recordarme mi postura abstencionista, me parece interesante analizar sobre quienes descansan las decisiones sociopolíticas de nuestro entorno.

Son los políticos profesionales, que han conseguido escalar las cimas de los partidos los cuales forman una casta anulando la participación ciudadana que tiene una participación ínfima en procesos que ha todos nos conciernen.

Asimismo, los partidos están obligados a fabricar líderes insustituibles, una especie de salvadores, que, mediante la propaganda en sus campañas deslumbrantes campañas pretenden conseguir el voto salvador que les perpetúe. Se suele decir que las promesas se las lleva el viento.

Lo primero que hay que desmontar es que quinientos señores, decidan lo que tiene que hacer una nación. A la democracia burguesa de la delegación, hay que oponer la participación directa, pero esto no será posible sino a través de un largo proceso de autoeducación. Todos los periódicos históricos han tenido sus procesos de contestación, solo los políticos profesionales tienen la perspectiva de que son imprescindibles y que el pueblo va a perdonarles sus fallos.

  “La injusticia es otra forma de desorden” (Carlyle) y o (Proudhon) “La igualdad es la ley del género humano, fuera de esta ley no hay estabilidad, paz y felicidad para él”.

La atomización del individuo es una de las causas del capitalismo. Ha logrado integrar en él todas las corrientes de oposición contra él, desde movimientos estudiantiles en mayo del 68 y a sus herederos y ha fomentado un feroz individualismo y que esto solo se puede combatir a través de una transformación social, fuera de este sistema.

Por ello toda la resistencia contra el sistema no es una utopía ilusa, sino una posibilidad real.

La lucha de clases existe pese a los intentos de la burguesía y determinados mass media, es una lucha política porque esta en juego la totalidad social.

   Tengo claro que la transformación de la sociedad no vendrá por depositar mi voto en una urna.

Ser libre no es depositar el voto, ni escuchar pasivamente los discursos de los políticos fuera y dentro del Parlamento. Ser libre es tener la posibilidad de intervenir permanentemente en las decisiones en la comunidad donde uno vive.

Esto es ser libre, es la autogestión. Es una actitud que se legitima, asimismo, al margen de su triunfo o fracaso. Al proclamarse el golpe de Estado fascista de 1936, el movimiento libertario no poseía ninguna cartilla sobre el funcionamiento de las colectivizaciones, sin embargo, la mayoría de sus militantes estaban más que preparados para llevar a cabo tamaña empresa. El éxito consistió en tener claro de lo que era justo e injusto. Cuando cumple con su deber es no por miedo o afán de lucro. Posteriormente intervino la República y los comunistas ahogaron aquel sueño que se había hecho realidad.

Tiene el género humano derecho a autodefenderse de los que le humillan y explotan. La verdadera revolución es siempre anti poder, ausencia absoluta de dominio de los individuos de dominio de unos sobre otros, la creación basada en la libre voluntad de los miembros de la sociedad.  Hay una gran diferencia entre rebelarse por dignidad o para ocupar el puesto de los opresores,

Por todo lo expuesto y por una y mil razones más, yo me abstengo.

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