Nada es eterno

RAFA HIDALGO
Rafael Hidalgo

Que nuestro planeta Tierra tiene un fecha de caducidad marcada desde el origen del mismo es tan claro que entra en la calificación de axioma, palabra de origen griego y que era considerada entre ellos como una proposición evidente por sí misma y que por lo tanto la aceptaban sin requerir demostración alguna. Y tendrá su fin en dos etapas.

La primera, la que acabe con la vida humana en la misma porque nos habremos comido literalmente el planeta y la segunda la que ocurrirá cuando el Sol una vez consumido en forma de fusiones nucleares el hidrógeno que contiene (cada segundo pierde 4,3 millones de toneladas que se convierten en energía) que lo mantienen vivo, se convertirá en una estrella gigante roja, aumentando su tamaño de forma que se comerá literalmente a Mercurio y Venus que son los planetas del sistema más próximo a él quedando tan cerca de la Tierra que la abrasará. Los que saben de esto calculan que a nuestra estrella le quedan unos 4.500 millones de años antes que en la última etapa de su vida explote en una colosal hecatombe que dará origen a una supernova. Esta última fecha de caducidad no debe preocuparnos ni poco ni mucho dado que más que probablemente está fuera de nuestra esperanza de vida.

Debemos pues fijar nuestra atención en la primera de las muertes de nuestro planeta que llegará cuando hayamos agotado todos los recursos del mismo, como decíamos más arriba, ya que el que podamos obtenerlos del resto de los planetas del sistema solar es algo que está perfectamente oscuro. Conscientes de ese peligro, los sabios que nos dirigen han llegado a la conclusión de que debemos ser cicateros con nuestros hábitos de consumo y a tal fin han ideado una nueva forma económica de comportase que han venido en llamar “economía de ciclos cerrados o economía circular” que en esencia trata de un nuevo concepto acerca de como utilizar los finitos recursos que tiene el planeta, cada vez más escasos y a repartir con más gente, poniendo el acento en la reutilización de los elementos que ahora desechamos de manera definitiva, de ahí las definiciones de este nuevo paradigma.

Pero no nos engañemos, ya que el círculo no se pude cerrar en todos los procesos productivos, por lo que esta filosofía no hará sino retrasar el fin ineludible de la especie humana. ¿Pesimista visión?. Pues pienso que no, porque la evidencia se impone y nuestro rico refranero tiene uno lapidario a estos efectos y es “quita y no pon acaba con el montón” y el montón lo componen los recursos que disponemos.

No obstante lo cual, que diría un político estándar, me sumo a esa nueva filosofía porque con esa partícula personal aportada coadyuvo a prolongar la estancia de la humanidad sobre el planeta azul o sea que por mi no quede.

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