¿Hay niñas con pene y niños con vulva?

Maite Blanco

Maite Blanco

· Maite Blanco Gómez  (Elorrio, 1981) es psicóloga y técnica para la Igualdad

Hoy 17 de mayo es el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia

Claro que sí. ¿Por qué no? Gracias a la campaña de la Asociación de familias de menores Chrysallis y la contra-campaña realizada por el grupo católico “Hazte oír”, en los últimos meses ha habido mucha polémica a este respecto.

La cuestión de la identidad de género es interesante y controvertida desde muchas esferas. Desde que en 1949 Simon de Beauvoir escribiera El segundo sexo, nadie cuestiona que una no nace mujer, sino que llega a serlo. En dicho manuscrito Simone de Beauvoir  separa la naturaleza de la cultura y realiza aseveraciones tales como que “La feminidad no es una esencia ni una naturaleza: es una situación creada por las civilizaciones a partir de ciertos datos fisiológicos”.  Esta obra clave para el feminismo muestra lo difícil que es para las mujeres ser individuos en una sociedad patriarcal, y establece los pilares para lo que en años posteriores se llamaría género.

A partir de dicho texto, y, sobre todo, desde los años 80 hasta hoy, existe una constante redefinición y reelaboración de lo que es el género, la sexualidad y la identidad de género. La Teoría Queer, por ejemplo, critica el hecho de que las categorías hombre, mujer, heterosexual y homosexual sean polares, jerárquicas y excluyentes. De esta forma, propone reconocer formas de vida e identidades diferentes, que se salen de la norma establecida por la ideología y los estereotipos dominantes. Propone hablar de sexualidades sin fijar para ello ejes, límites o binomios que marginen a sectores importantes de la población.

En este sentido, las personas transexuales son personas que se viven como mujeres o como hombres en un cuerpo distinto al que “supuestamente” corresponde a su identidad genérica. Esto es, son niñas con pene y niños con vagina. Lo curioso es que las personas transexuales rompen aparentemente con esta idea de que la identidad se construye, dado que han nacido en un cuerpo, y han sido socializadas en sus primeros años con un género, que no se corresponde con su identidad vivida. Por tanto, la identidad es algo más que un constructo.

Desde mi punto de vista, es inútil tratar de establecer si lo que tiene más peso en la construcción de la identidad son los cromosomas, las hormonas, la herencia familiar, el karma, la relación con mi madre, las películas Disney, o los traumas infantiles. Posiblemente para cada persona tendrá más peso una cosa que otra. Lo que es ficticio es la distinción entre naturaleza y aprendizaje, igual que la distinción entre cuerpo y mente. Por supuesto, que es necesario realizar la división para entender y explicar muchas cosas, como la subordinación de la feminidad y de las mujeres, pero siempre sin olvidar que somos todo, esto es, somos más que naturaleza y más que aprendizaje, somos todo en una unidad.

Tal y como yo lo entiendo una persona cuando nace, y posiblemente incluso en el vientre materno, va recibiendo una serie de estímulos con los que se identifica y otros que no van con su persona. De esta forma va cogiendo aspectos que hace suyos, y otros que va dejando de lado. Así y en la medida que va creciendo va tomando conciencia de quién es; con qué aspectos se identifica, se siente fluir, y qué aspectos no tienen que ver con él o ella. En la medida en la que la persona va madurando, evoluciona, abre horizontes, se cuestiona, etc. los aspectos con los que se va identificando pueden moldearse y transformarse. Es por esto que la identidad va cambiando a lo largo del tiempo.

Sin embargo, generalmente nacemos y morimos en un cuerpo que es el que nos ancla y nos sirve de base a nuestra identidad. Dicho cuerpo nos permite sentirnos la misma persona a lo largo del tiempo, nos ayuda a integrar nuestras experiencias y constituye la imagen con la que nos presentamos en el mundo. Si constantemente recibimos el mensaje de que nuestro cuerpo no casa con nuestro sentir, lo primero que vamos a querer es cambiar nuestra imagen para que ésta case con lo que yo siento. Si cambiar mi imagen no es suficiente puede que empiece a rechazar mi cuerpo, no lo reconozca como propio y quiera someterme a operaciones quirúrgicas para modificarlo. Es por esto, que a nivel psicológico es importante que las niñas y niños transexuales sientan que es posible ser niña con pene y niño con vagina, para que puedan amar y aceptar su cuerpo.

Asimismo, para que quienes no somos transexuales podamos amar y aceptar el cuerpo de quienes lo son, estaría bien que pusiéramos en cuestión nuestra propia identidad de género. Hoy, el día en el que la reivindicación sobre la aceptación de la homosexualidad, transexualidad y bisexualidad, está en la calle, es un buen día para ello. Te invito a que pongas en cuestión tu propio género y te dejes transformar por tu entorno.

¡Ojalá que este videoclip te emocione!

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