No simplifiquemos lo insimplificable

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Jon Muñoz

· Jon Muñoz (Abadiño, 1991) es entrenador de fútbol

La obsesiva necesidad de poner nombres y apellidos a los responsables o motivos de una derrota en el mundo del fútbol está provocando que se quiera llegar a un nivel de simplicidad absurdo. Tras la remontada que protagonizó la Roma la pasada noche ante un Barça que llevaba una ventaja de tres goles al Estadio Olímpico de la capital italiana, la edición digital de un diario deportivo autocalificado como líder en información, encuestaba a sus lectores acerca del culpable del fiasco blaugrana.

La simplicidad de la encuesta era tal, que solo se ofrecían tres opciones: el entrenador, la plantilla o la dirección del club. En ningún caso contemplan el mérito de rival, que hizo un partido casi perfecto anulando de forma brillante el peligro de Messi y compañía, u otros como el azar, arbitraje, etcétera.

Sin embargo, no solo no hay un único culpable, sino que ni la simple suma de todos ellos es el motivo de la derrota. La eliminación del club catalán responde a la teoría de los sistemas complejos, como lo es el fútbol en general, un partido o un equipo en particular, e incluso un jugador.

Citando a Wikipedia, “un sistema complejo está compuesto por varias partes interconectadas o entrelazadas cuyos vínculos crean información adicional no visible antes por el observador. Como resultado de las interacciones entre elementos, surgen propiedades nuevas que no pueden explicarse a partir de las propiedades de los elementos aislados. Dichas propiedades se denominan propiedades emergentes”. No debemos confundirlo con un sistema complicado, que también está formado por varias partes, aunque las relaciones entre éstas no añaden información adicional. Una de estas propiedades emergentes, desconocida e imposible de conocer, es el motivo de la remontada vivida el pasado martes.

Por tanto, además de no contemplar todos los factores que pueden intervenir en el resultado de un partido, la encuesta no nos puede desvelar el responsable de éste. Ni siquiera podemos atribuir un determinado porcentaje de responsabilidad a cada una de las partes. Así que no tratemos de simplificar lo insimplificable.

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