Nuestra Emakumeen Bira en el circuito WWT

Agustin ruiz

Agus Ruiz Larringan

A la tercera, la vencida. Así ha sido para nuestra prueba ciclista femenina internacional por etapas.

Han pasado 30 años desde que iniciamos esta aventura de la mano de Ismael Lejarreta y aquí seguimos, mejorando año tras año la carrera con pequeños detalles que para la mayoría de la gente pasan desapercibidos. No importa. Lo que cuenta es que quienes estamos dentro del circo lo sepamos.

Todo iba bastante bien hasta 2015 cuando se creó el “Women’s World Tour” en clara equiparación de calendario con el circuito de los hombres, aunque aún dista mucho de llegar a otros niveles que no sean pruebas y fechas: cómo se organizan, su repercusión mediática, su transmisión en directo por canales de televisión, los premios, etc. Esto sin hablar de las condiciones económicas bajo las que corren las ciclistas en sus respectivos equipos.

Durante tres temporadas nos hemos sentido desplazados e infravalorados por la Unión Ciclista Internacional, incapaz de reconocer nuestro trabajo y pendiente únicamente de las grandes organizaciones deportivas,  negados también a constatar que pequeñas entidades sin ánimo de lucro estamos capacitados para organizar un importante evento sólo por amor al ciclismo, como quien se decide escalar a la cima del Everest por su pasión hacia la montaña.

Y sin embargo, a pesar de haber logrado nuestro propósito, tampoco nos queda el cuerpo a gusto del todo. Un día menos de carrera, comenzando un sábado y terminando un martes del mes de mayo, el 22, pero Santa Rita, lo que se da no se quita. Ahí vamos lanzados.

Este reconocimiento tardío, servirá también como reto, sobre todo a las instituciones, empeñadas últimamente en hacerse notar por su apoyo a todo lo que apunte hacia lo femenino y la equiparación. Veremos hasta dónde llega su compromiso en apoyar a la “Emakumeen Bira” porque resulta evidente que entramos en una nueva etapa, con más exigencias a nivel organizativo, mayor cantidad de equipos punteros con sus mejores figuras y una cifra en premios que debe asemejarse poco a poco a una prueba masculina cada año que pase.

Nosotros no sentiremos vértigo. Hemos aprendido a navegar contra corriente durante muchos años.

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