Nueva Zelanda, en las antípodas de la pandemia

RAFA HIDALGO

Rafael Hidalgo

Nueva Zelanda. 5 millones de habitantes. 21 fallecidos por covid -19. En España, a esta fecha 33.000.

Existían y siguen existiendo dos opciones ante el virus. La conservadora que no es otra que la de la mitigación del virus, que es la que ha adoptado Occidente y la arriesgada, teóricamente, que es la de implementar acciones para intentar su erradicación total.

Nueva Zelanda optó por esa ambiciosa opción llena de riesgos en teoría pero que sin embargo les ha ido muy bien, opción que en definitiva consistió en esencia en :

Priorización de la salud y el bienestar de la población por encima de intereses económicos.

– Realismo en la valoración del verdadero riesgo de la pandemia sin subestimar su peligrosidad.

– Unidad política en todo el espectro parlamentario.  

– Actuación y respuesta temprana y contundente

El programa de acciones fue diseñado por equipos científicos y los políticos solo – que no es poco – tuvieron que elegir entre ambas opciones que como decíamos eran la de mitigar o la de intentar acabar con el virus.

Aquí en España elegimos y seguimos en ella, la opción conservadora, obviando las actuaciones duras y rápidas temiendo perjudicar la economía a corto plazo por un lado y considerando las bajas producidas por el virus como “efectos colaterales” como si de una guerra se tratara y por otro que esas medidas a fuer de ser impopulares por lo que de disciplina e incomodidad suponían para la ciudadanía, representaban un peligro para los votos de las próximas elecciones, cuestión esta de vital importancia para la clase política que no olvidemos que su guía, su norte, no es otro que hacerse con el poder para una vez obtenido mantenerse en él contra viento y marea.

De modo que para gobiernos conservadores y en Europa salvo raras excepciones todos los son, la opción entre los planes A y B estaba más que cantada. Convivamos con el virus, salvemos la economía (a corto plazo, habrá que añadir), que mueran los que tienen que morir y que salga el Sol por Antequera.

Pero es que esa opción conservadora se ha visto todavía perjudicada por la bronca política que se ha instalado en el país, porque 17 gobiernos autonómicos al mando de opciones políticas de su padre y de su madre dan para llegar al desastre de la manera más eficaz, dispersión adobada por el hecho de que aquí las decisiones que se han adoptado sobre la marcha en un ejercicio de formación permanente han sido tomadas, curiosamente, por los que no saben de que va la cosa, es decir, de la clase política empeñada en meter la cuchara en el puchero de la ciencia y así nos va. Si a esa pléyade de centros de decisión se suma la actitud de la oposición al Gobierno de la nación pues estamos servidos de forma que vamos de culo, cuesta abajo y sin frenos.

Pero detallemos en detalle las claves del éxito que han hecho de Nueva Zelanda un modelo a imitar.

Comunicación exhaustiva, clara y continuada, respondiendo a todas las  cuestiones planteadas y llegando a la población a través de todos los canales y tecnologías posibles.

– Empatía con las necesidades y sufrimiento de la población y las empresas.

– Medidas y ayudas económica cuantiosas y eficaces por directas e inmediatas.

– Importante capacidad para realizar tests a la población.

– Amplia disponibilidad de material sanitario en todo momento (mascarillas, guantes, respiradores, etc).

– Buena infraestructura médica (equipamientos, camas de UCI, personal sanitario preparado y en número adecuado).

En resumen, Nueva Zelanda en nuestras antípodas y no solo geográficamente, con el agravante de que aquí no se atisba el más mínimo propósito de enmienda.

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