Odio y violencia en tierras baldías

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

No soy de bestsellers. Pero me acabo de despachar el último libro de Toti Martínez de Lezea, Llanto en la tierra baldía. No está Toti entre mis autoras de cabecera, y es el primer libro suyo que leo. Pasaba por mis manos, le eché un vistazo a la sinopsis y me lo merendé en tres tardes.

Muchas son las cosas que me han aportado la lectura de este libro. Pero sobre todo cómo trata el tema del odio. Dámaso, el protagonista principal de la trama, empieza a odiar de bien joven. Odia a quien no le permite vivir como ha elegido, libre sin someterse a amos ni a normas. Odia a quien le prohíbe amar a la mujer que le ama. A quien le apalea y le deja lisiado de por vida. A quien le roba el cacho de tierra del que se alimenta. A quien hace pasar penurias a su familia. A quien le roba a su hijo y viola a su hija. A quien, por pura envidia cochina, no soporta que no agache la cabeza ante el amo, ni acuda a misa los domingos, ni se deje manipular y aborregar como el resto del rebaño. En definitiva, a quien no le permite ser libre y violenta su existencia y la de los suyos.

Ante toda la violencia y el odio del que es víctima, Dámaso sólo puede hacer una cosa. Odiar. Y luego defenderse. Con la violencia si es necesario. Con toda la violencia. Incluso con la que acaba con vidas ajenas. Porque lo que nunca se cuenta del odio de clase es que no surge por arte de birlibirloque. Porque cuando a una le condenan a llevar una vida aciaga, cuando tratan de someterte y arrinconarte por no balar al son que marca el rebaño, el odio surge.

La violencia de los que provocan la miseria genera la violencia de quienes se resisten a vivir en la miseria. El terrorismo de quienes no nos permiten vivir con dignidad genera la resistencia de quienes no acatan la sumisión, el servilismo, la esclavitud. La clase dominante que trata de reducir a su semejante a simple mercancía y obtener beneficios propios en base al sudor de frentes ajenas es la que genera el odio de clase, y no a la inversa. Y la que suda y sangra, acaba por odiar a quien le hace sudar y sangrar y a toda su cohorte de plumíferos, paniaguados, pesebreros, alguacilillos, enchufados, liberados sindicales y feladores varios.

Pero la historia oficial, de mano de los grandes medios de comunicación y sus gacetilleros a sueldo, que son legión, dirá que terrorista y violento es quien resiste en su propia tierra a vivir la vida de mierda a la que nos han condenado, y que además es culpable de delitos de odio por no venerar y adorar hasta la náusea a quienes tienen como única aspiración llenar sus bolsillos con el trabajo ajeno de quienes no tienen más alternativa que laborar tierras baldías.

Desconozco si fue primero el huevo o la gallina. Pero el odio de clase surge de la existencia de las clases sociales que, aunque traten de vendernos la moto de que son cosa de siglos pretéritos, siguen existiendo como sigue existiendo la lucha de clases. Lucha que, como bien dice Warren Buffett, van ganando ellos.

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