El plan de gestión del Ayuntamiento de Durango

Rafael Hidalgo Segurola

Rafael Hidalgo Segurola

El Plan de Gestión que presentó el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Durango está basado “en un modelo participativo y orientado en fomentar entre las distintas áreas municipales, el proceso de elaboración de este Plan de Gestión ha sido liderado por Alcadía contando con el apoyo de los miembros del equipo de Gobierno y la colaboración e implicación de los y las empleadas municipales, haciendo que el Plan descanse en propuestas ancladas en una concreta situación y realidad del municipio” (sic).

Llama la atención de que un ayuntamiento que ha sido galardonado por una entidad vasca por “conseguir integrar progresivamnete a la ciudadanía y a los agentes sociales y económicos a través de los canales estables de participación ciudadana que cuentan con implicación técnica y política” (sic), haya realizado un Plan de Gestión a dos años sin contar para nada con la ciudadanía.

Hemos vestido el muñeco de la participación ciudadana por que eso es lo políticamente correcto, pero en el fondo en lo que creemos es en la vieja fórmula – como corresponde al ideario de los partidos políticos que sustentan el equipo de Gobierno en la vieja fórmula, decía, de Juan Palomo “yo me lo guiso y yo me lo como”.

Manifiesta el tantas veces citado equipo que el “objetivo principal de este Ayuntamiento es el bienestar de las vecinas y vecinos del municipio, el que las personas se sientan parte de una comunidad viva”. Curiosa manera de buscar ese bienestar que consiste en adivinar sin preguntar los parámetros que conducen a la felicidad de los y las (eso sí, que no falten lo artículos de género) ciudadanos de Durango.

Pero además de llamar la atención esa forma de hacer, sorprende la desmesurada dimensión del compromiso, a realizar en dos años, porque ahí es nada poner en marcha “más de 200 acciones y proyectos” en ese período. Para ello es necesario: auditar el procedimiento existente, definir el nuevo, dotarlo de los medios necesarios para su realización (tanto de personas como de medios), ponerlo en acción y comprobar finalmente si no chirría. Para 440 días de trabajo que es los que contienen 2 años, supone que cada 2 días, un procedimiento o un proyecto deben ser alumbrados para cumplir el compromiso del plazo.

Déjenme que les diga, señoras y señores del equipo de Gobierno que eso es sencillamente una misión imposible. Acabó la presentación del Plan la Alcaldesa manifestando que “el plan es revisable, evaluable y que se establecerán mecanismos para su seguimiento, evaluación y cumplimiento a lo largo del mandato”.

Bellas palabras, de manual, pero seguimiento ¿por parte de quién? ¿Por parte de la ciudadanía? ¡Pero si no existen para ello canales establecidos ni voluntad para ponerlos!

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