Como el rabo del perro

Rafael Hidalgo Segurola

Rafa Hidalgo

El tema de la calidad del aire en Durango es sistémico, es decir, volverá a pasar y estaremos en silencio hasta que vuelva a ocurrir algún hecho notorio, por esa razón no conviene bajar la guardia y nada mejor en este  momento de ausencia de noticias que hacer un recordatorio del tema para no perder memoria de lo acaecido.

Como el rabo del perro, o sea siempre por detrás, además de torpe y manipuladora. Esas cosas pueden ser las claves de la historia del tratamiento de la contaminación del aire y del río Ibaizabal en al Mancomunidad de la Merindad del Duranguesado. Intentaré explicar el porqué de esos adjetivos. Como el rabo del perro porque siempre han actuado por detrás y muy lejos de los acontecimientos y solo lo han hecho cuando se han visto presionados por la indignación ciudadana y eso no es dirigir, eso es arrastrase, dirigir es otra cosa, dirigir es anticiparse. Y me estoy refiriendo tanto al Departamento de Medio Ambiente (y tan medio) del Gobierno Vasco como a nuestro Ayuntamiento que ha dedicado lo mejor de sus fuerzas a echar balones fuera y mirar de reojo a Vitoria-Gasteiz. Torpe (el Gobierno vasco) porque ni al que asó la manteca en la mano se le ocurre prestarse a colaborar -haciéndose cómplice del desarrollo de la solución- con la empresa contaminadora perteneciendo esta a un grupo empresarial consistente en 350 plantas productivas en 35 países del mundo y que da empleo 45.000 trabajadores.

Que no soy de Letras es algo que tiene que haberse notado desde lejos y de ahí que haga preguntas como: Señor Consejero de Medio Ambiente del Gobierno, si estamos ante un delito ambiental, ¿su departamento no estaba en la obligación de haber presentado una denuncia en la Ertzaintza y dejar que la Ley siguiera su curso investigando los hechos en lugar de meterse en un jardín al que de ninguna manera debería haber entrado? ¿Voy bien o no sé por dónde me pega el aire?

Manipuladoras ambas instituciones porque han mantenido contra toda evidencia que Durango era una especie paraíso terrenal en lo referente a la calidad de su aire en tanto que silenciaban que junto a Sondika y Erandio se ha disputado el dudoso honor de tener la peor calidad de aire de Bizkaia y eso sin tener en cuenta más valores que los buscados en la estación de control de San Roke.

Medio Ambiente porque tras realizar un prolijo análisis de las causas de los dos últimos incidentes causados por la Papelera, no ha informado a la ciudadanía cuales eran los componentes del aire que hemos estado respirando durante la duración de esos escapes, ni por supuesto, de la peligrosidad que entrañaban para la salud.

Por otra parte, ahora se descuelga el Consejero de Medio Ambiente manifestando que van a destinar 3 millones de euros para mejorar la calidad del aire, toda vez que (sic) “en estos momentos no existen medios suficientes para proteger a la ciudadanía de la contaminación atmosférica”. ¿En qué quedamos? ¿Tenemos o no tenemos una calidad de aire buena? ¿Esa inversión que cita el Consejero no es acaso una declaración que confirma lo que la ciudadanía ha venido manifestando año tras año, que no era otra que la información sesgada que nos estaban facilitando?

Ítem más, hay un postulado en gestión de calidad que dice que “las cosas solo pueden mejorar si se miden, si se controlan” y me da la impresión que por fin han entendido que la estación de control de San Roke se diseñó en plan sota, caballo y rey o lo que es lo mismo, proyectada para controlar principalmente la polución generada por la circulación de vehículos a motor por nuestro entorno, dejando fuera de su campo de medición varios importantes aspectos de actividades tan presentes en esta Merindad como las 9 fundiciones de la zona y… la dichosa papelera, porque la importante industria manufacturera de la zona juega el papel, a estos efectos, de inocente criatura.

Pero no nos engañemos, esta es, será, a todas luces una inversión necesaria, pero no suficiente. Esa inversión per se no arreglará nada. Ahora es necesario determinar que valores queremos controlar, seguir su evolución, hacer que se ajusten a las leyes vigentes y si ni existen crearlas, que para eso tenemos un flamante Parlamento.

Pero una vez más insisto, dejen las autoridades de tratarnos como si fuéramos menores de edad a los que no hay que asustar por si acaso luego tenemos pesadillas. En pocas palabras dejen de gobernar para durar y dedíquense a trabajar para quien les paga. El pueblo, ese ente al que solo le dan cancha cuando se trata de pedirle el voto que les mantenga en sus poltronas.

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