Respira

Eukeni Bastida2

Eukeni Bastida

¿Te has despertado alguna noche sumergido en el fondo de una piscina, atado a un lastre, a oscuras y casi rozando la superficie con la punta de los dedos?

Consigues abrir los ojos y ves a alguien en el borde de la piscina. Camina de un lado para otro con tranquilidad. Detrás de él y a lo lejos, un foco encendido que solamente te permite ver su silueta. Te sacudes y te agitas. Con tus enérgicos y desesperados movimientos, mueves el agua y la silueta se convierte en una tintineante sombra. Visto desde fuera, el agua se revuelve un poco. Muy poco.

Tus sacudidas y tus aspavientos son cada uno tan inútil como el anterior. Y decides, aunque es más bien instinto, gritar. Gritar será tu último cartucho. Hacerlo encharcará tu interior y pagarás un precio muy alto para tener como único fruto unas cuantas burbujas en la superficie.

La sombra se detiene. Mira hacia atrás y como si quisiera enseñárselo a alguien, apunta a las burbujas con el dedo. Ni siquiera se gira a volver a mirarlas. Da la vuelta, camina hacia la luz y se aleja. Vibrante y pausadamente.

Al día siguiente. Al salir del trabajo, solamente durante unos segundos la escena se reproduce en tu mente. Ese tipo de noches denotan que tu alma arrastra algo. Y desde la plena consciencia te preguntas:

– ¿Será hora de afrontarlo?

Y te respondes.

– Tal vez más adelante. De momento, he conseguido arrinconarlo al mundo de los sueños.

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